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Shabat Shalom


No. 247-Zav-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



CUIDADO: QUE NO SE

CUIDADO: QUE NO SE

APAGUE LA LUZ

 

“esta es la ley de la ofrenda ola…” (Vaikra 6,2)

 

Dijo rabi Shimon ben Iojai: la ofrenda llamada “ola” se acerca como consecuencia de un pensamiento proveniente del corazón. Dijo rabi Levi para explicar esto necesitamos un gran desarrollo, no es una cosa sencilla, como dice en el libro de Iejezkel (cap.20): lo que pasa por nuestras mentes no es lo mismo que sale por nuestras bocas… (Midrash Raba).

 

Escribe el autor del libro “Netivot Jaim”: la gran enseñanza que proporcionaban y transmitían las ofrendas cuando el Beit Hamikdash estaba construido la podemos descubrir también en nuestros días. ¿Cómo? Empezaremos diciendo que entre todas las ofrendas, que, en general, se traen cuando una persona comete un pecado en forma de un acto, aparece la ofrenda “ola”, que se trae como consecuencia de los pensamientos del corazón.

Y es necesario comprender, ¿por qué cuando una persona comete un pecado solamente con el pensamiento tiene que acercar una ofrenda que se quemará completamente, y en cambio, cuando el pecado es un hecho o una acción, una parte de la ofrenda se entrega a los sacerdotes para que la coman? ¿No debería ser al revés? Lo razonable sería que la ofrenda que se acerca como consecuencia de un pecado grave (esos pecados que se castigan con la muerte decretada por el Cielo o por orden del Beit Din) sea quemada y la ofrenda, digamos, más suave, que se trajo a causa de un pensamiento, pueda comerse en parte, y sea entregada a los cohanim.

La respuesta a este interrogante nos hace ver de qué forma los sacrificios vienen a enseñarnos qué es lo que la Tora quiere de nuestras vidas, y cómo debemos, cada uno de nosotros, comportarnos en los asuntos cotidianos…

Lo que la Tora nos exige cambia radicalmente cuando nos ocupamos de acciones o cuando nos ocupamos de pensamientos. No es posible pedirle a una persona que todas sus acciones sean perfectas, sin ninguna influencia del medio ambiente, de sus necesidades o de sus pasiones o de los engaños del ietzer hara. Toda persona tiene la necesidad de comer y beber, además de preocuparse por sus necesidades básicas, como el sustento de la familia, etc.

En cambio, cuando hablamos de los pensamientos, éstos tienen la obligación de ser cien por ciento puros, santos, aunque estemos ocupándonos de las necesidades materiales, el pensamiento debe ser puro…, en todo momento es digno, y no sólo digno sino apropiado y hasta obligado, que nuestro pensamiento esté orientado a cumplir con la Voluntad de Hakadosh Baruj Hu. Por eso, también cuando nos ocupamos de cosas materiales, estamos dando vida a un cuerpo para que podamos cumplir (utilizando también el cuerpo) con la Voluntad de Hashem en forma completa!!!

Para poder pedir perdón cuando tuvimos un pensamiento no bueno que proviene de nuestro corazón, acercaremos una ofrenda que se elevará “quemada” hacia Hashem. Esto demuestra que hasta lo más oscuro de nuestros pensamientos tiene que ser absolutamente santo.

Mencionamos, que cuando una persona “hace” un pecado, parte de la ofrenda sirve como alimento para los cohanim, lo que nos hace ver que es muy difícil lograr que una acción se realice con el grado más alto de pureza. Puede ser, que esto sea la causa por la cual parte de la ofrenda se entrega para que la coman los sacerdotes, al no poder lograr la absoluta pureza con las acciones, “disminuimos la calidad de la ofrenda”, haciéndola material, comestible, cuando en realidad, deberíamos comenzar por que nuestras acciones sean sagradas, en lugar de transformar el sacrificio en una cosa más cercana a la naturaleza, al materialismo, a nuestro cuerpo.

 Y podemos agregar una idea que escuché sobre el versículo: “y ustedes serán para Mí un reino de sacerdotes…” Esto separa al pueblo de Israel de todos los demás pueblos. Aunque en apariencia, somos todos iguales, todos tenemos el mismo cuerpo, tenemos nombres diferentes, los integrantes de nuestro pueblo se llaman “iehudim”, y los demás se denominan “pueblo”, otro pueblo. Y la palabra pueblo, en hebreo, se aproxima mucho a la palabra “cuerpo”, por cuanto que la vida que ellos viven es exclusivamente material, solamente se preocupan por las necesidades del cuerpo.

En cambio, al pueblo de Israel se le exige ser “pueblo santo”: envolver con santidad al materialismo de la vida.

Como dijeron Jazal: que todas tus acciones sean Leshem Shamaim (con el pensamiento puesto en Hakadosh Baruj Hu, sin intereses personales, pensando solamente en cumplir con la Voluntad de Hashem).

La transformación, el convertir algo puramente material, aplicando espiritualidad, se encuentra únicamente en el seno del pueblo de Israel. Solamente entre nosotros existe la posibilidad de comer y beber Leshem Shamaim, de la misma forma que encontramos la alegría, el alegrarnos porque cumplimos un precepto… Así, obtenemos espiritualidad de las cosas materiales!

Y esto existe solamente en el pueblo de Israel. El pueblo del Bore Olam toma de lo material, le inyecta espiritualidad, y convierte sus acciones, aunque lleven consigo necesidades materiales, el algo totalmente espiritual.

Los otros pueblos, cuando quieren (a su manera) elevarse espiritualmente, convierten, profanan la espiritualidad aplicándole materialismo, haciendo intervenir en ese acto (que tiene una primera intención de ser espiritual), sus ambiciones y sus deseos, hasta llegar muchas veces al salvajismo y otras cosas no dignas de mencionar…

Nuestra Tora, es “Torat Jaim” (ley de vida, forma de vida), nos dirige y nos enseña cómo hacer para invertir lo que se presenta en forma material, transformándolo en algo espiritual.

Así es la costumbre del mundo: si una persona cualquiera ofrece un sacrificio en forma de obsequio, solamente puede acercar una ofrenda “ola”, la cual se quema íntegramente. No entra en sus parámetros la opción de poder hacer una comida Leshem Shamaim.

Por eso, para ellos, un sacrificio con la posibilidad de que se pueda comer no tiene lugar, ya que no le pueden dar santidad, transforman una cosa santa en profana, convierten una comida que requiere santidad en una comida de potrero, cargada de brutalidad, algo que no concuerda con la dignidad que merece una ofrenda al Creador. En sus cálculos existe tan sólo la ofrenda “ola”, que se debe quemar…

El iehudi puede elegir qué clase de comida quiere comer. Puede comer como el resto del mundo, o puede comer Leshem Shamaim. Puede comer devorando lo que encuentra en su camino o puede recitar bendiciones antes y después de comer, puede hablar palabras de Tora en medio de la comida, su mesa puede convertirse en un pequeño Beit Hamikdash…

La Tora, nos enseña a controlar también nuestros pensamientos. El escritor del libro “Netivot Jaim” nos explica así las palabras del Midrash: Comenzó el tema rabi Hoshaia y se refirió a las palabras del Mishle (cap.8) y será mucho para él…, y aunque sea mucho, se podrá ocultar, esconder, etc. (Midrash Raba, Bereshit 1,1).

La cultura de la humanidad, funciona, en general, o se interrelaciona con las acciones visibles de las personas. Sobre las cosas que la persona hace en forma oculta o escondiéndose, la costumbre del mundo enseña a no intervenir, y no gobierna ni sobre el corazón ni sobre el intelecto de las personas.

Y la razón es por demás simple: ojos que no ven… En el lugar donde no puede llegar el ojo de la persona, no existe gobierno, a nadie se le pasa por la cabeza que un acto invisible a los demás pueda estar prohibido, sea por razones éticas, morales o lógicas. Tanto así como una acción oculta no tiene razón para estar prohibida, de la misma forma, no podremos prohibir pensamientos ni cálculos…

Es conocido el relato que nos da la pauta de cuán equivocada está lo que para el mundo significa cultura. Diez personas distinguidas y honorables, amigos de toda la vida, se sentaron a comer juntos. Eran conocidos entre la sociedad como la “elite”, hombres estudiosos, cada uno de ellos podría ser condecorado como un caballero inglés. Era una comida de amigos, y todos se podían describir como personas extremadamente educadas, expertos en relaciones públicas.

Sobre el final de la comida, quedaba en el centro de la mesa un plato con una porción de torta. Seguían conversando amigablemente, pasó una hora, pasó otra, y nadie se acercaba a tomar la porción que quedaba en el plato. Al parecer todos estaban satisfechos, o podía ser una vergüenza, servirse el único, además de ser el último, trozo de torta.

De pronto se cortó la luz, y, cuando la luz se volvió a encender, la escena parecía extraída de un relato de terror: una mano que sostenía un tenedor intentó apoderarse del único trozo de torta y otros nueve tenedores se veían clavados sobre esa pobre mano…

La Tora enseña otro tipo de educación. La educación visible e invisible es la misma. La Tora gobierna sobre lo revelado y también sobre lo oculto. Desde luego, la Tora trabaja sobre el pensamiento de nuestro cerebro y de nuestro corazón.

Todo se basa en lo que la Tora y nuestros sabios nos enseñan permanentemente. El estudio de la Tora, el cumplimiento de los preceptos, nos aportan la cuota de Irat Shamaim, temor celestial, necesarios para saber que en todo momento existe Un Ojo que nos mira. No existe la remota posibilidad de escondernos del alcance del Bore Olam, que cubre todo el mundo con su Honor...

Sabemos, pero es importante recordarlo, que para Hakadosh Baruj Hu todo es sabido y visible. Nuestro problema empieza cuando “olvidamos” esta realidad a causa de pequeños cortes de luz…

 

 

Lekaj Tov.

 

 

Leiluy Nishmat  Harav Hagaon Moshe Shlomo Halevi ben David  זצ"ל

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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