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Shabat Shalom


No. 253-Ajarei mot-Kedoshim-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



PREPARANDO

Preparando las valijas

No, no nos vamos de vacaciones. Imaginemos por un momento que estamos viviendo en los tiempos que existía la esclavitud. Y nosotros, somos uno de los esclavos que está en un campo realizando duras tareas. El sol pegaba muy fuerte sobre el cuello y calentaba todo el cuerpo que transpiraba y transpiraba. Todo nuestro pensamiento gira alrededor de una sola cosa: cuándo llegará el momento en que seremos libres y podremos descansar a la sombra de un árbol, sin depender de las órdenes de nuestro dueño.

 

Encontramos en el libro “Jinuj” que habla sobre el precepto de la cuenta del Omer: estamos ordenados a contar desde el día siguiente a la fiesta de Pesaj hasta el día de la entrega de la Tora, demostrando el gran deseo, cuánto esperamos que llegue ese valioso día, algo que nuestro corazón palpita, como el esclavo que busca con desesperación un poco de sombra y espera que algún día consiga la libertad. Porque cuando “contamos” estamos haciendo ver que queremos, que deseamos que llegue ese momento… que hay una voluntad fuerte que espera…

 

El origen de las palabras de “Jinuj” las encontramos en el comentario del “Ran” al final del tratado de Pesajim: en el momento en que Moshe le dice al pueblo que servirán al Bore Olam en ese monte, todos le preguntaron: Moshe Rabenu, ¿cuándo será ese día? A lo que Moshe les contestó: dentro de cincuenta días. Entonces, cada uno de ellos comenzaron a contar por sí solo. De aquí, nuestros jajamim establecieron el precepto de la cuenta del Omer…

Vemos que la cuenta, representa una revalorización de la gran importancia que tiene para el pueblo de Israel su relación con la Tora, en la espera de ese día tan apreciado, el día en el que recibimos la Tora.

Por eso, vamos a ocuparnos de la importancia de la vida de acuerdo a la Tora, en general, y de su estudio, en particular.

 

En la perasha “Ajare”, leemos: y cuidarán Mis Preceptos y Mis Leyes… para vivir con ellos. Y traduce el Onkelos: vivir con ellos, la vida futura. Y el Jafetz Jaim explica en la introducción de su libro “Mishna Berura” que la traducción de Onkelos quiere mostrarnos que el cuidado de las leyes y el estudio de la Tora son una preparación para nuestra vida en el mundo venidero. Nuestra sagrada Tora es el alimento espiritual del alma. Así como todo ser viviente depende del alimento para su subsistencia, también el alma que llevamos dentro depende del “alimento espiritual”. Y nuestra obligación es proveer ese alimento exclusivamente en nuestra estancia en este mundo, preparar la valija para esa vida eterna que nos espera en el Olam Haba, después de los ciento veinte años... Por eso decimos en la bendición a la Tora: “y la vida que plantó...”, mostrando que Hakadosh Baruj Hu se refiere a una planta, que florecerá, que dará sus frutos para que podamos vivir eternamente en el mundo que también es eterno.

 

Cuando pensamos en hacer un viaje, lo primero que necesitamos saber es el tiempo que estaremos afuera, qué hace falta preparar de acuerdo a la duración del viaje. Para nuestro viaje, que sabemos que es eterno, no tenemos una noción de esa eternidad. Imaginemos un pajarito que viene una vez cada cincuenta años y saca un granito de tierra de la montaña más alta del mundo, el monte everest, y lo arroja al mar. Si la intención del pajarito es reducir la montaña hasta que el terreno quede aplanado, usando este sistema, nos parece que necesitará para cumplir su propósito millones y millones de años. Si pudiéramos imaginar, tener una idea de lo que es esta cantidad de tiempo, sepamos que la eternidad es mucho más que esto! Cuando el pajarito termine de reducir el monte, todavía no llegamos a lo eterno, con lo que entendemos que prepararnos para ese viaje no resulta tan sencillo.

 

El párrafo de la bendición de la Tora nos remarca la seriedad que debemos emprender en nuestra preparación y nos da una aproximación a la idea de que se trata de un viaje muy largo. Entonces, el cuidado de las leyes que están en la Tora nos garantizarán la vida eterna. Y para saber las leyes hay un solo camino: ESTUDIAR, estudiar bien la Tora y cumplirla durante nuestra vida en este mundo. Toda nuestra riqueza en el mundo venidero, en el cual los justos disfrutan de una verdadera satisfacción y de un placer ilimitado, todo depende del estudio de la Tora en nuestra vida del mundo material. Si no aprovechamos el tiempo, “...setenta años, y si son fuertes ochenta años...”, como recita el Tehilim, jas veshalom, el alma puede morir de “hambre”, y su muerte será eterna.

Y entre nosotros puede estar el que piense: es imposible, ¿quién puede preparar un equipaje “espiritual” para el alma para un viaje tan largo?, y esta pregunta, lamentablemente puede traer el abandono y la desesperación, lo alenu.

Y la respuesta a esta pregunta es sencilla: “No y no, a no desesperar!” ¿Podemos imaginar cuántos preceptos podemos cumplir en el transcurso de unos minutos? Y más, sabiendo que el estudio de la Tora tiene un valor equivalente a todos los preceptos juntos!...

 

El Gaon de Vilna nos recuerda una frase del Talmud Ierushalmi que expresa que cada palabra que decimos cuando estudiamos Tora se considera un precepto más... Y el Jafetz Jaim agrega que una persona, mientras estudia Tora, puede cumplir aproximadamente doscientos preceptos por minuto..., que son las palabras que puede llegar a decir.

 

Si queremos saber el valor de un minuto de vida, y en especial, de estudio de Tora para el Jafetz Jaim, sigamos adelante. Una vez, se enfermó el rab hagaon Naftali Trop ztz”l. La gravedad de la enfermedad no cedía y los alumnos de la Ieshiva de Radin comenzaron a “donar” méritos provenientes del estudio de la Tora para la curación del rab. Aparte de lo que cada uno intentó aportar de sus estudios, varios de ellos fueron a ver al Jafetz Jaim para que también contribuya con el aporte de algunas horas de su estudio. Sabían que el pedido no sería en vano, ya que el Jafetz Jaim quería mucho a su gran amigo, el rab Trop. Al escuchar la petición, el Jafetz Jaim meditó unos segundos y dijo que estaba dispuesto a donar UN MINUTO de su estudio de Tora. Todos los que escucharon se sorprendieron, por eso el Jafetz Jaim continuó diciendo: ustedes no tienen la menor idea del valor de un minuto de estudio de Tora, y de la enorme recompensa que estoy donando para la curación de mi querido rab!

 

Estas palabras del Jafetz Jaim provocaron un gran “despertar” en toda la Ieshiva, al comprender el valor de cada instante de estudio de Tora...

Analizando el versículo que dice “y vivirán con ellos” (con los preceptos) aprenderemos más sobre el valor del estudio de la Tora. Rashi explica “y vivirán con ellos”, en el Olam Haba. “Yo Soy Hashem”, Justo y Honesto para pagar las recompensas. De aquí se desprende que el pago por los preceptos se obtiene en el mundo venidero. Y concuerda con lo que está escrito en el tratado de Kidushin (hoja 39b): en este mundo no existe el pago por los preceptos. Pero esta afirmación puede ser discutida: en el libro Devarim (cap.7) la Tora nos dice que Hashem le pagará a los malvados frente a su pérdida, y Rashi explica de acuerdo a la Guemara de Eruvin, que les paga en este mundo, mientras están con vida, a cambio de cualquier premio que puedan merecer en el mundo venidero. Con lo que vemos que sí existe el pago por los preceptos en este mundo, cuando acabamos de decir que no.

El Jafetz Jaim nos aclara, la garantía de Hashem, que nos dará la recompensa, es como un cheque firmado por un rey. Cuando se trata de un monto pequeño, el cheque se puede cobrar en cualquier banco de cualquier pueblo del reino. Pero cuando hablamos de sumas importantes, no cualquier sucursal de banco dispone de esos fondos, hay que presentarse frente al tesoro del rey en la capital del reino, ya que solamente allí se puede obtener semejante suma de dinero.

 

Así ocurre aquí, una persona justa cumple los preceptos con integridad y con intenciones puras, por eso se hace acreedor a un premio que es imposible pagar en este mundo. Y la razón es muy lógica, no existe en este mundo algo que valga tanto como un precepto “bien” cumplido. Solamente lo encontramos en el Tesoro del Rey, en el Olam Haba. En cambio cuando hablamos de sumas pequeñas, el premio por un precepto cumplido “así nomás” o sin ninguna intención (como por casualidad), esto sí es posible cobrar en este mundo...

 

Contaban sobre un “Jasid” que fue a ver a su Rebe envuelto en llanto, debido a su situación económica tan comprometida (esto además de estar escrito aquí también lo escuchamos del rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita).

Sus hijas habían llegado a la edad de casarse y no tenía un centavo para los gastos. El Rebe le dio su bendición y le ordenó que la primera oportunidad que se le presente de hacer un negocio, no la deje pasar...

Volviendo a su casa, se trataba de un viaje largo, por lo cual tuvo que pasar la noche en un hotel, estaba en el salón del hotel viendo como charlaban unos comerciantes, aparentemente adinerados, sobre los negocios que habían realizado durante el día. Su lenguaje no era del todo apropiado, hacían bromas de mal gusto, se reían a los gritos, y al ver a nuestro amigo, el jasid, uno de ellos creyó encontrar otro motivo para la diversión del grupo.

“Rab iehudi, puede acercarse, y si quiere, también podríamos hacer algún negocio juntos”, le dijo...

El jasid escuchó la palabra “negocio” y se acercó, recordando las órdenes de su Rebe, concretar el primer negocio que se le presente.

El comerciante, sabía que tenía delante una fuente de diversión asegurada. Y le dijo: Tengo en venta mi Olam Haba, y pido por él una suma no muy grande, lo vendo solamente por cien dolares...

El hombre sacó el dinero de su bolsillo, sin pensar en nada, el Rebe le dijo, no desaprovechar la primera transacción que se presente...

Y se realizó la venta, hicieron el respectivo contrato, el recibo de compra, y también firmaron los testigos de la operación, tratando de ocultar las risas. No pretendían engañar al jasid, simplemente se estaban divirtiendo, burlándose de esta persona que no sospechaba de que todo era una diversión...

El jasid llegó a su casa, contó sobre la bendición del Rebe y del negocio que había concretado. Le empezaron a gritar, cómo pudo ser tan tonto, desaprovechar la bendición del Rebe y además pagar cien dolares por el Olam Haba de un hombre que seguramente en su vida estudió Tora.

Por la otra parte, el comerciante también llegó a su casa, y le comentaba a su esposa sobre la diversión que tuvieron con el Jasid. A medida que la esposa escuchaba, se iba poniendo cada vez más seria.

¿Dónde hay un tribunal rabínico?, preguntó. Yo no puedo estar casada con un hombre que vendió su Olam Haba!!! Parecía que hablaba en broma pero no... El hombre vio que no tenía opción y fue a la casa del jasid. Le pidió que le devuelva su Olam Haba, pero el jasid se negaba. Lo compré, decía, y no pienso devolverlo. El comerciante ofreció una gran suma pero el jasid se negaba. El hombre habló con su esposa: “no quiere devolvérmelo”. No importa lo que tengas que pagar, dijo la esposa, o recuperás el Olam Haba, o divorcio...

Nuevamente volvió a la casa del jasid, que le pidió un millón de dolares. “Ustedes los religiosos son unos ladrones”, gritaba, pero, tuvo que pagar...

Más tarde, el hombre fue a ver al Rebe del jasid: ¿Dónde está la justicia?, le preguntó, ayer vendí por cien dolares y hoy compré lo mismo por un millón???

 

El precio de la mercadería fue establecido por vos, le contestó el Rebe, ayer despreciaste tu Olam Haba, y hasta esos cien dolares fueron demasiados. Hoy sabés que tu futuro matrimonial depende de él, por eso se multiplicó por miles.

Aprovechemos el valor de cada palabra de Tora, y hagamos una buena valija...

 

Lekaj Tov.

 

 

Leiluy Nishmat  Harav Hagaon Moshe Shlomo Halevi ben David  זצ"ל

 

 

 

 




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