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Shabat Shalom


N5o. 255-Nasó-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



LO MIO ES TUYO

LO MIO ES TUYO Y LO TUYO ES MIO

 

Para el gran mundo, esta frase es de lo más romántica y puede construir una hermosa historia de amor, pero, para nosotros, los iehudim, el Pirke Avot declara que el hombre que dice así es un tremendo burro...

“…y las Santidades serán para el hombre,

para el hombre que entregue al Cohen…” (Bamidvar 5,10)

 

Dice el Jafetz Jaim (Jafetz Jaim Al HaTora) que este versículo nos brinda una señal sobre algo que debe ocupar un lugar principal en nuestra vida, algo que siempre debemos recordar, que nuestra verdadera posesión es únicamente la que obtenemos como el fruto de nuestro esfuerzo por conseguir la espiritualidad. Nuestra ocupación en temas de Santidad, como el estudio de la Tora, el cumplimiento de los preceptos, nuestras plegarias, son nuestras adquisiciones eternas, adquisiciones que nadie nos podrá quitar, y no solamente que nadie puede robarnos ni hacernos perder estas “compras”, sino que ellas nos acompañarán, dándonos méritos durante toda nuestra vida y también después de los ciento veinte años. Como dice el versículo, solamente las Santidades, serán nuestras!

 

Todo lo demás, todas las cosas ajenas a la Santidad, son asuntos y actividades que se hacen con la interacción del ietzer hara y sus ayudantes, y no se pueden considerar como una posesión real. Son los “amigos” de la mentira, que se quieren mostrar a la persona como amigos verdaderos, pero toda esa amistad es solamente pasajera, y en el momento en que nosotros necesitamos de esa amistad, nos abandona y nos deja en soledad.

 

Jazal nos trajeron el ejemplo justo: una persona tiene tres amigos: Reuben, Shimon y Levi. Reuben es para él lo más querido que existe en el mundo, podríamos decir que se siente “carne y uña” con Reuben. También Shimon es un gran amigo, pero no el amigo del alma que siempre será Reuben. Y Levi, es un amigo más, la amistad que tiene con él resulta ser más distante...

Un buen día, le tocó a este hombre presentarse ante el rey. La causa por la cual debía presentarse no la sabía, pero seguramente no debería ser para darle un premio. El hombre sentía miedo, ya que no sabía qué tenía por delante. Podría ser que alguien le haya hecho una grave acusación y lo condenarían a muerte. Y no tuvo más remedio que recurrir a sus amigos, para pedirles que lo acompañaran en su visita al rey, para decirle al rey que este hombre era una buena persona y así eliminar o al menos alivianar el castigo.

Para su gran sorpresa, Reuben, el “amigo”, se negó a acompañarlo. Y lo mismo ocurrió con Shimon, aunque Shimon no se negó del todo, le aseguró que entraría con él al palacio pero llegaría solamente hasta la puerta del despacho del rey, y no más...

Sin otra alternativa, nuestro buen hombre se dirigió con el pedido a Levi, del cual esperaba otra respuesta negativa después que sus dos grandes amigos ya se habían negado. Otra sorpresa, Levi acepta acompañarlo con entera voluntad y además le asegura hacer lo imposible para defenderlo y que todo salga de lo mejor.

Finalmente, encontramos que Reuben, carne y uña, no movió un dedo por su gran amigo, Shimon, lo acompañó hasta el interior del palacio como le había asegurado, pero sin entrar al salón donde estaba el rey, y Levi, entró con él, habló con el rey y logró salvarlo...

 

En este mundo, todos corremos detrás del dinero. A veces nos autoconvencemos que no es el dinero lo que nos importa sino que todo es “Leshem Shamaim”, buscamos hacer el bien a nuestros semejantes y por eso también corremos detrás del dinero, pero con nuestro permiso...

El dinero y las posesiones que tanto buscamos y adoramos se comparan con Reuben. Durante toda la vida el hombre considera sus bienes como a su gran amigo, del cual no se separará nunca! Y este hombre (nosotros) se imagina que con las riquezas y los honores está asegurado contra los sufrimientos, pero llega un día, a los ciento veinte años, donde podrá tomar examen a sus grandes amigos, para encontrar al verdadero amigo.

 

Como dijeron los jajamim en el Pirke Avot (cap. 6): en el momento en que el hombre se separa de este mundo, no lo acompañan ni el dinero ni el oro ni las piedras preciosas sino únicamente la Tora y las buenas acciones...

La familia de la persona y sus amistades se asemejan a Shimon. Se asemejan en parte ya que ellos no se niegan a acompañarlo, y lloran con su muerte, pero aunque quieran no pueden acompañarlo sino hasta el lugar de su entierro...

 

Ya dijimos lo que expresa el Pirke Avot: Tora y buenas acciones solamente, ellos son los amigos verdaderos que continúan acompañándonos hasta el momento en que nos presentamos ante el Rey de Reyes. Y, lamentablemente, muchas personas no reconocen ni valoran la profundidad de esta amistad y la gran salvación que la Tora y las buenas acciones traen a la persona. Es por eso que en el ejemplo, la Tora y las buenas acciones vienen comparadas a Levi, al amigo “lejano”...

 

El versículo, “y las Santidades serán para el hombre” viene a recordarnos y a enseñarnos quién es nuestro verdadero amigo, y quién será el que nos recomiende y nos dé una carta de presentación cuando llegue el momento del Gran Juicio. Ellos están con nosotros en forma contínua, y nuestra obligación es valorar esta amistad y tratar de tener “amigos verdaderos” en la mayor cantidad posible, y aumentar más y más durante toda nuestra vida, gozando siempre de esa gran companía.

 

Y el final del versículo transmite el mismo mensaje, todos los bienes materiales no significan nada, solamente “lo que entregue al Cohen”, haciendo mención a la tzedaka y jesed, caridad y favores, esas son nuestras verdaderas y eternas posesiones.

 

 

El rab hagaon Zalmen Sorotzkin ztz”l nos cuenta en su libro “Oznaim LaTora” sobre un ministro iehudi que desempeñaba su cargo en un reino donde todos los ministros y el rey no eran iehudim. Por cuanto que este ministro conocía muy bien su trabajo, tenía mucho éxito en sus emprendimientos y era muy querido por el rey, lo que provocaba la envidia de todos los demás ministros, empezando por su condición de iehudi.

Los ministros comenzaron a ejecutar su plan para sacar del camino a este exitoso “ministro iehudi”. Pretendían acusarlo de lo que hoy llamaríamos malversación de fodos y enriquecimiento ilícito, además de algunas otras cosas.

Fueron con pruebas ¿? al rey donde demostraban que el ministro se había enriquecido a cuenta de los fondos del reino. Al principio, el rey no los escuchó, sabía de la envidia y el odio que todos sentían por él, y conocía a su ministro, estaba seguro de su honestidad, de su dedicación y de su respeto a la investidura del rey.

Pero los cargos aumentaban, junto con numerosas pruebas y el rey no pudo seguir negándose a escuchar. Llamó a su querido ministro y abrió una investigación sobre sus bienes.

Ya frente a frente, el rey le pidió que le informe a cuánto ascendían sus pertenencias, y la respuesta del ministro fue de un monto aproximado a la décima parte de sus posesiones.

El rey, al escuchar la cantidad, se extrañó de sobremanera, sabía que el ministro tenía muchísimo más de lo que había declarado. Se sintió defraudado, traicionado, ordenó embargar todos los bienes del ministro y lo encerró en la prisión del palacio, hasta que llegue el momento de presentarse al juicio.

Cuando se acercaba el día del juicio, el rey, ya un poco más tranquilo,  mandó a llamar al ministro para pedirle una explicación razonable, después de tantos años de plena confianza, de considerarlo el más honesto de los ministros, quería saber por qué había mentido de semejante forma. La mentira la podía ver cualquier persona sin hacer ningún cálculo.

El iehudi pensó que era el momento propicio para hablar, el momento en que el rey lo podía escuchar, algo que antes no había podido hacer.

Todo lo que declaré ante mi querido rey es absolutamente verdadero. Y voy a explicarle mis cálculos. Yo acostumbro a anotar en una libreta especial todas las sumas de dinero que se destinan a la tzedaka. Cuando me preguntaron cuál era el monto de mis posesiones, abrí mi “libreta de tzedaka” y tomé de allí la cantidad, ya que esa es mi verdadera posesión, mi posesión eterna que nada ni nadie podrá sacarme nunca.

 

Mis “otras” posesiones no son verdaderas, ya que cualquier viento que sople me las puede quitar, y la prueba de esto es que lo que el rey consideraba que era mío, fue embargado, y desde ese preciso momento todo dejó de ser mío...

Inmediatamente el rey exigió ver la libreta de tzedaka del iehudi y al ver que todo era cierto le devolvió sus pertenencias, lo sacó de la cárcel y lo colocó en su lugar, volviendo a ser el ministro del rey.

Lekaj Tov.

 

 

Leiluy Nishmat  Harav Hagaon Moshe Shlomo Halevi ben David  זצ"ל

 

 

 

 

 

 

 




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