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Shabat Shalom


No. 273-Nitzavim-Vayelej-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

CON MOSHE RABENU ESTABAN EN VENTAJA

  “No está en el cielo… tampoco al otro lado del mar… está muy cerca, en tu boca y en tu corazón...” (Devarim 30,12-14)

No está en el cielo…, el versículo se refiere a la Tora, ojalá yo tuviera frente a mí un profeta como Moshe Rabenu, seguro que sería un iehudi justo y cumpliría con todos los preceptos a la perfección. Tampoco al otro lado de mar…, también se refiere a la Tora, ojalá hubiera vivido en la época de Iona, el profeta que vivió en el interior del pez, si hubiera tenido el mérito de escuchar sus profecías sería otra persona… (Targum Ierushalmi).

 

El rab hagaon Meir Rubman ztz”l, en su libro “Zijron Meir”, explica las palabras del Targum Ierushalmi, diciendo: es común en el hombre reconocer su falta de integridad, echando la culpa a agentes externos, por ejemplo, si hubiera tenido un rab que me haya dirigido en estos tiempos, por eso, es una lástima que el rab con que estudié en otro tiempo no está ahora conmigo para reprocharme. La intención de esta persona es clara, tiene la excusa, si su rab estuviera a su lado, se conduciría, seguramente, por el buen camino. Pero el rab no está ahora con él, por eso, este hombre no tiene éxito en lo que se propone, pero a la vez no es culpable de su estado, de su descenso espiritual.

  Y esto no es verdad. La Tora nos proclama: no está en el cielo, no digas que ojalá hubieras estado al lado de un profeta como Moshe Rabenu. Tampoco está al otro lado del mar, argumentando que sería otra cosa si habrías vivido en la época de Iona, que cruzó los mares en el interior de la ballena. Sino, que debés decir, porque está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para hacer. No solamente con la ayuda de Moshe Rabenu o de Iona, sino con tu boca y con tu corazón podrás concretar todos tus propósitos. Todo depende exclusivamente de cada uno de nosotros, si buscamos entrar en los parámetros de “venir a purificarnos”, nos haremos acreedores de la Siata Dishmaia, y conseguiremos alcanzar nuestros objetivos simplemente con nuestras propias (y hasta pequeñas) fuerzas.

  Este asunto, que el logro de un precepto está muy cerca nuestro, necesita una aclaración. No nos conformaremos con la opinión de los “Rishonim”, que explican que este precepto que está tan cerca, se refiere a toda la Tora. Esta explicación resulta poco entendible, no puede ser tan fácil cumplir con toda la Tora. Y si mencionamos la opinión del Ramban, que explica que este precepto es nada más ni nada menos que el arrepentimiento, el volver a nuestras fuentes, también esto no es para nada sencillo, ¿acaso el arrepentimiento es algo tan fácil?, preguntan, y contestan que en verdad, la Teshuva es algo extremadamente difícil de concretar…

  Más factible nos resulta entender que la Tora pretende enseñarnos que cuando dependemos o necesitamos de otras personas, el logro de objetivos resulta por demás difícil debido a que ahora existen diferentes opiniones. Lo más fácil y cómodo para cada uno de nosotros resulta ser cuando logramos ser autos suficientes, sin depender de la ayuda o el favor de otras personas.Así entendemos lo que la Tora grita: “está muy cerca tuyo…”, ¿por qué? En tu boca, la boca tuya, en tu corazón, el corazón tuyo, está en cada uno la posibilidad de hacerlo. Sin la necesidad de esperar de la ayuda de otros, y así resulta más fácil cumplir con las órdenes de la Tora.

Y el que no cumple en estas condiciones es solamente porque no quiere, por eso la Tora dice que es tan fácil…

  Encontramos en el libro “Sipurei Jasidim” un relato sobre un iehudi llamado reb Aitzik, que soñó varias veces que sería conveniente para él hacerse un viajecito a la ciudad de Praga, en Checoslovaquia, y buscar en los alrededores del palacio del rey, exactamente debajo del puente que ingresa al palacio, un tesoro muy grande que estaba allí enterrado con el cual sería un hombre inmensamente rico...

Y tanto lo soñó hasta que finalmente emprendió el viaje. Llegó a la ciudad y lo primero que hizo fue dirigirse al palacio y ubicar el puente al que el sueño se refería

Encontró el lugar pero vio que toda la zona estaba extremadamente vigilada por muchísimos soldados, que cumplían guardias de día y de noche, y no permitían que ninguna persona se acerque al puente.

Se preocupó reb Aitzik, especialmente por el esfuerzo que realizó, hacer un viaje tan largo y ver que no podía cumplir con su objetivo. Debería volver a su casa con las manos vacías...

Y así estuvo todo el día, apenándose y andando de un lado para el otro en las cercanías del puente, pensando sobre sus sueños y sobre el gran tesoro que seguramente estaría allí oculto. Cuando oscureció, se alejó del lugar y buscó un lugar para dormir en un hotel cercano. Al otro día, nuevamente se acercó al lugar y anduvo deambulando por allí, y así transcurrieron varios días...

Los soldados se percataron del iehudi, y el ministro estaba confuso y a la vez preocupado por su presencia en las cercanías del palacio. Comprobaron que el hombre, envuelto en sus sufrimientos, iba de un lado para el otro durante todo el día, y pretendieron saber qué estaba pasando. El ministro hizo traer a reb Aitzik a su oficina y le preguntó:

Decime, por favor, iehudi, ¿qué es lo que estás buscando aquí durante todos estos días? Reb Aitzik le contó sobre sus sueños, sobre el tesoro que debía estar oculto bajo el puente, y que por eso hizo un viaje tan largo desde su ciudad, Kraaka hasta Praga. Al escuchar, el ministro rompió en carcajadas y le dijo:

¿Acaso debido a unos sueños sin sentido viniste desde tu pueblo hasta la gran ciudad?

¿Cómo es posible que una persona tan honorable crea en lo que los sueños dicen?

Mirá, yo también soñé, continuó, y mis sueños me dicen que viaje hasta la ciudad de Kraaka, tu ciudad, y allí busque la casa de un iehudi llamado reb Aitzik. Una vez en su casa, debo ir hasta la cocina, sacar el horno del lugar donde está instalado y hacer allí un gran pozo, donde encontraré un inmenso tesoro...

Decime, iehudi, ¿acaso va a pasar por mi cabeza viajar hasta la ciudad de Kraaka simplemente porque soñé algo? Cuando reb Aitzik terminó de escuchar la disertación en tono de burla del ministro, sintió que su corazón latía mucho más rápido. Entendió el por qué de su viaje a Praga, simplemente viajó para escuchar de la boca del ministro que el tesoro no estaba en Praga, sino en su propia casa, en Kraaka. Cuando salió del palacio, tomó inmediatamente rumbo a Kraaka, hizo un pozo debajo del horno y encontró el tesoro que le dio la riqueza soñada, y con parte del dinero construyó un Beit Hakneset que hasta el día de hoy se mantiene con su nombre.

Por eso, no pretendamos buscar la Tora tan lejos, ni en Moshe Rabenu, ni en el profeta Iona, la Tora está aquí, muy cerca nuestro, en nuestra boca y en nuestros corazones..., para cumplirla!

Lekaj Tov.

 




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