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Shabat Shalom


No. 275-Haazinu-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

EL BARCO

 

En el libro “Menorat Hamaor” encontramos este relato sobre el arrepentimiento, basado en el Midrash

Un grupo de personas viajaba por el mar, y el viaje se alargó muchos días, sin conseguir acercarse al destino. Un día de esos, comenzó a soplar un viento muy fuerte, que empujó al barco hacia una isla desierta en el medio del océano. En esa isla había árboles muy altos, de los que caían toda clase de frutos. Los árboles creaban un panorama muy hermoso para la vista, además de proveer frutos muy sabrosos para el estómago..

También había en la isla grandes manantiales de agua dulce, que atravesaban la isla y regaban sus campos, dando la posibilidad de que se desarrollen una gran cantidad de plantas con flores y frutos

Por las alturas de los árboles volaban muchas especies de pájaros, que endulzaban el ambiente con sus cantos. En fin, el lugar era por demás agradable, casi un paraíso. Y las personas del barco estaban divididas en cinco grupos principales. El primer grupo no quería salir del barco, tenían miedo que de repente sople un fuerte viento que aleje al barco de la isla y tengan que permanecer en la isla por el resto de sus días. Y no valía la pena disfrutar por unos momentos de las bendiciones que podían encontrar en la isla a cambio de poner en peligro sus vidas, debiendo permanecer para siempre en la isla

El segundo grupo salió del barco y entró en la isla, pero no por mucho tiempo, entraron, comieron algunos de sus frutos, pasearon un poco y volvieron enseguida al barco, de forma que encontraron el barco practicamente vacío y pudieron acomodarse en sus respectivos lugares. Sentían no haber perdido nada, ya que entraron a la isla, disfrutaron de ella y volvieron al barco con tranquilidad

El tercer grupo salió del barco, entró a la isla. Comieron, pasearon, y se quedaron allí todo el tiempo que quisieron, hasta que vieron que el viento empezó a soplar muy fuerte y supieron que la tripulación del barco intentaría sacar al barco del lugar en que quedó encallado. Escucharon las trompetas que anunciaban la salida del barco, como era la costumbre en ese tiempo y se apuraron (llegaron a sentir el temor de no alcanzar el barco) para entrar al barco. Ellos se encontraron con que sus lugares originales habían sido ocupados por otras personas que subieron al barco antes que ellos, aunque de todas formas, encontraron otros lugares en los que pudieron sentarse un poquito apretados...

Sobre el cuarto grupo, podemos atestiguar que sacaron provecho de todo lo que encontraron en la isla. Fueron de una punta a la otra, comiendo toda clase de frutos, disfrutando de los paisajes, bañándose en los manantiales. Y cuando escucharon las trompetas pensaron: aunque estén haciendo sonar las trompetas no podrán salir hasta que consigan enderezar el mástil y puedan despliegar las velas. Y cuando lo consiguieron, pensaron, no podrán salir sin que antes coman los marineros. Mientras tanto, seguían disfrutando de los placeres de la isla, emborrachándose con el vino de sus deseos. Y cuando los marineros terminaron de comer y el barco comenzó a moverse, recién allí tomaron conciencia, y se dijeron unos a los otros, si nos quedamos aquí un segundo más, no podremos salir nunca de la isla. Corrieron hasta la orilla, entraron al mar, y nadaron hasta que pudieron alcanzar el barco y subir a él. Desde luego que sus lugares estaban ocupados por otras personas, y con mucha dificultad apenas pudieron acomodarse bien apretados en algún rincón del barco. La estrechez que ahora sentían fue debido a la holgura y el dejarse estar dentro de la isla.

Y llegamos al quinto grupo, podemos decir que se “establecieron” en la isla, comieron, bebieron y se alegraron en ese paraíso terrenal. En ningún momento sintieron la necesidad, ni siquiera pensaron en regresar al barco. Estaban demasiado cómodos y tranquilos allí

Los días fueron pasando, el barco ya se había ido hace tiempo, y llegaron los días fríos, los frutos caían de los árboles y las hojas se iban secando.

Días fríos y noches heladas. De entre los montes comenzaron a aparecer fieras salvajes, que al principio los estudiaron, luego los asustaron y finalmente se los comieron. Los que quedaron con vida lloraban por los muertos y por su suerte, lamentándose por no haber vuelto a tiempo al barco. Pero ya era tarde para llorar, las lamentaciones ahora no tenían sentido..

* * *

Lo mismo ocurre con nosotros en este mundo. Nuestras buenas acciones se comparan al barco, si no nos dejamos llevar por los designios de los corazones, si no le permitimos al instinto del mal a que nos lleve por el mundo de los deseos y las vanidades, entonces podemos entrar (al mundo) y salir en paz. De esta forma seremos catalogados en el primer grupo, el grupo que no quiso entrar a la isla, el grupo de los justos, íntegros, que no quieren probar el gusto del pecado en su paso por este mundo, los que lograron doblegar sus instintos sin correr detrás de los “placeres” de este mundo, cuidándose permanentemente, poniendo una valla sobre la otra, para mantenerse en su firme posición, sin entrar a esa isla que se compara con los pecados que nos engañan haciéndonos creer que nos dan cosas buenas y también necesarias para nuestras vidas, una mentira que aunque la conocemos de memoria, nos engaña y nos vuelve a engañar, y siempre con los mismos argumentos (parecido al cuento del tío) y durante toda nuestra vida

Se me ocurre preguntar, ¿cómo es posible que el ietzer hara sea tan tonto, siempre viene con lo mismo, siempre nos ofrece pecar pretendiendo hacernos creer que no pecaremos? Y en realidad debemos plantear la pregunta al revés, porque vemos que el porcentaje de éxito del ietzer es muy alto, con lo tenemos que decir que es muy inteligente, y los tontos resultamos ser nosotros, que caemos una y otra vez con los mismos y conocidos argumentos

Pasemos al segundo grupo, que entró a la isla y salió enseguida, se compara a la persona que pecó y que se arrepintió de inmediato, mientras todavía es joven y fuerte. Esta es la máxima categoría del arrepentimiento

El tercer grupo, que salió de la isla al escuchar las trompetas, se compara a la persona que se arrepintió de sus pecados, pero más tarde, en su vejez, cuando ya casi no le quedan fuerzas ni para servir al Bore Olam como sería debido ni para seguir pecando. Es como un arrepentimiento a la fuerza

El cuarto grupo, que tuvo que tirarse al mar y perseguir al barco, se compara con quien espera hasta el último momento, sólo se arrepiente apenas antes de morir, ya no tiene vida en este mundo y se arrepiente porque tiene miedo de morir. Y aunque parece un arrepentimiento de emergencia, también es recibido, con lo que vemos cuán grande es el favor de Hakadosh Baruj Hu

El quinto grupo muestra a quien no se arrepiente en este mundo. Disfrutar (¿?) sin límite y al llegar al mundo venidero la risa se transforma en llanto, y ya es tarde, hasta para llorar, días fríos y noches heladas, fieras salvajes, víboras y escorpiones…

Lekaj Tov. 

Leiluy Nishmat Alberto Abraham ben Amalia ז"ל




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