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Shabat Shalom


No. 296-Trumá-3
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

¿COMO EVITAR A LOS LADRONES?

Y tomarán para Mí la ofrenda… (Shemot 25,2) 

¿Por qué está escrito “tomarán”, no sería más correcta la expresión “darán”?, pregunta el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, desde luego sin ninguna intención de contradecir nuestros libros sagrados, sino para despertar nuestra atención…

En estos tiempos, vemos que hay “jasidim” que están dispuestos a donar cantidades muy importantes de dinero, simplemente para tener la posibilidad de llevar al Rebe a determinado acontecimiento. Sí, para que le permitan transportar al Rebe, ser su “chofer” por unos minutos. ¿Qué es lo que esta persona gana con esto? ¡Honores!

Esto nos permite entender lo que dice nuestra perasha: ¿Quién está recibiendo de nosotros la donación? Hakadosh Baruj Hu! Entonces, si Hashem recibe el dinero de un iehudi, a este iehudi no se le considera que da, sino que recibe, y no sólo recibe, no puede recibir algo más grande que esto, que Hashem acepte su ofrenda!

Cuentan sobre un iehudi que era muy importante entre la gente, además de ser un gran estudioso de la Tora. Era una persona muy adinerada, y el rey de ese país le tenía un gran aprecio, tanto lo respetaba y apreciaba hasta que lo contó entre sus asesores, dándole el cargo de ministro del rey.

Los demás ministros, no iehudim, al principio tomaron el hecho como algo divertido, que un país donde vive una pequeña minoría de iehudim, tenga un ministro iehudi. Pero, con el transcurrir del tiempo, empezaron a hablar mal del iehudi, haciendo Lashon Hara (maledicencia) delante del rey, y el rey rechazaba todo lo que escuchaba, mejor decir, ni escuchaba, porque conocía muy bien a su querido y honorable amigo…

Un día, uno de los asesores se acerca al rey y le asegura que tiene pruebas que no dejan dudas de que el ministro iehudí es un ladrón.

-¿Cuáles son tus pruebas?, preguntó el rey.

-Pedile que te presente una declaración de bienes, y lo podrás comprobar, sugirió.

El rey no tuvo alternativa, no podía defender eternamente a su amigo, pero estaba seguro que todo saldría bien.

Le pidieron al ministro la declaración, y al cabo de unos días aparece con una libretita en la que tiene muchos números anotados. El rey sentía una inmensa alegría al verificar que su ministro iehudi seguía siendo una persona derecha...

El asesor pidió ver la libretita, miró un poco, y al cabo de unos segundos empezó a gritar:

-Ya lo dije, le dije señor rey que este hombre es un ladrón! ¿Dónde aparece aquí la cuenta que el ministro tiene en Suiza? ¿Y la estancia con la impresionante mansión que posee en la montaña más distinguida del reino?, tampoco la veo...

El rey estaba ahora indignado, ordenó encarcelarlo y embargaron todas sus pertenencias.

Pasaron unos meses, lo suficiente para que el rey recobre la calma. Ordenó el rey que traigan al ministro a su despacho para conversar con él, necesitaba una buena explicación...

El rey abrió el diálogo: ¿por qué me engañaste?, ¿acaso te hice faltar algo? Te di de todo, ¿por qué no detallaste la cuenta en Suiza, ni la hermosa mansión?

El ministro contestó con otra pregunta: ¿a quién le pertenecen esos bienes?

-Ahora pertenecen al tesoro del reino, contestó el rey, porque te los embargamos, pero antes del embargo, eran tus bienes.

Preguntó el ministro: ¿cómo puedo declarar que una cosa es mía, si me la pueden quitar con solamente una palabra?

Dijo el rey: Ahora no entiendo nada, ¿qué fue entonces lo que declaraste en tu libretita?

Aclaró el ministro: el detalle que te entregue, es el detalle de mis verdaderas posesiones, algo que nadie me puede quitar de ninguna forma. En esa libretita están anotadas todas las donaciones que realicé, toda la Tzedaka, caridad, que entregué... y eso es mío! Nadie puede quitármelo, las demás cosas, como el rey pudo comprobar, no son mías!

Por eso, tomarán para Mí, la ofrenda, solamente lo que damos en Tzedaka, es nuestro! Nunca podremos estar seguros en cuanto a dinero o posesiones, si son o no nuestras.

Contó el Maran Hajafetz Jaim: un hombre muy adinerado y poderoso, con muchas tierras y propiedades, que juntaba monedas de todas partes... Poco antes de morir, le pidió a sus hijos que lo entierren con todas sus monedas, billetes, pagarés y piedras preciosas. ¿Acaso alguien sabe cuál es la moneda corriente en el Olam Haba?

Este hombre, un hombre precavido, no quería pasar hambre en el mundo venidero.

-Y tampoco olviden el gran diamante que tengo guardado en la caja fuerte, envuelto en un papelito, ese también lo quiero conmigo...

Y llegó el momento en que subió al Cielo, y allí, de pronto, se sintió sediento. Buscó donde comprar agua. Entró a un kiosko y le pidió al ángel que atendía que le venda una latita de bebida.

El hombre tomó hasta satisfacer su sed y se dispuso a pagar con dólares. El ángel no los aceptó, argumentando no conocer esa moneda como medio válido de pago en ese lugar.

El hombre lanzó una expresión de enojo y exclamó: “¿cómo puede ser que aquí no conozcan esta moneda?!!”, y exclamó otra cosa...

Sacó una moneda tras otra, recibiendo la misma negativa. Los diamantes tampoco fueron aceptados. Sin alternativa, con todo el sufrimiento de su corazón, sacó el gran diamante, envuelto en un viejo papel y preguntó: ¿éste sirve?

-Excelente, contestó el ángel, ésta es la única forma de pago aquí!

El ángel tomó rápidamente el diamante, lo desenvolvió, y se quedó solamente con el viejo papel, entregando el gran diamante a su dueño. Se trataba de un antiguo recibo de Tzedaka, que alguna vez este hombre tuvo el mérito de dar, y ya vemos qué uso le dio al recibo.

Eso es lo que está escrito: ...todo lo que el hombre entregue al Cohen, será suyo (Bamidvar 5,10).

¿Qué intenta decirnos el versículo?

La Guemara, en el tratado de Baba Batra, habla sobre el rey Monbaz, que “despilfarró” el tesoro real que juntaron varias generaciones de reyes, dando Tzedaka. Fueron a criticarlo: “¿cómo podés tirar lo que tus padres juntaron?

Y contestó: ellos juntaron algo y lo pusieron donde las manos de los ladrones tienen acceso, y yo junté en un lugar donde no llega la mano del ladrón. Ellos juntaron para otros, yo, junté para mí!!! Lo que entregué en Tzedaka es solamente mío!

Lo que damos en Tzedaka es nuestro, lo demás no sabemos... Esta regla no solamente se cumple con la Tzedaka sino con cualquier precepto que el iehudi cumple, el precepto pasa a ser propio!!!

Rab Shlomo Levinstein Shlita. Esh Dat 5759.

Leiluy Nishmat  Alberto Abraham ben Amalia  ז"ל




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