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Shabat Shalom


No. 299-ki tisa-3
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

¡Encontré sin esforzarme!

Y el pueblo vio que Moshe se retrasaba y no bajaba del monte... hicieron un becerro de metal y dijeron: éste es tu D-s, el que sacó a Israel de la tierra de egipto. (Shemot 32,1-4)

Rashi entra en detalles: está escrito éste es tu D-s y no está escrito éste es nuestro D-s, con lo que se deduce que no fueron los integrantes del pueblo de Israel los que se levantaron y amenazaron a Aharon Hacohen obligándolo a construir el ídolo, sino que fueron los egipcios que acompañaron a los iehudim, el erev rav, ellos fueron los autores de esta transgresión, influyendo después sobre el resto del pueblo. Entonces, los que hicieron el pecado fueron los egipcios que escaparon con los iehudim, y de paso, provocaron que los iehudim también pecaran. La pregunta es: ¿cómo llega el erev rav a este pecado cuando Jazal dijeron que una sirvienta vio en el mar lo que los profetas no pudieron ver? Con total seguridad podemos afirmar que estos egipcios también vieron la revelación de la Divinidad, y también están incluidos en las palabras: y el pueblo vio a Hashem, y creyeron en Hashem y en su siervo Moshe. Estos egipcios que se elevaron junto con el pueblo, ¿cómo llegaron a caer tan bajo, cuando estuvieron entre los que cruzaron el mar y entre los que recibieron la Tora?

Para comprender, diremos que la sirvienta que vio lo que no vio el profeta, debería haber tenido una elevación espiritual muy importante, para quedar por encima de la categoría del profeta. Sin embargo, vemos que al profeta lo llamamos profeta de Hashem, mientras que la sirvienta siguió siendo la sirvienta..., a pesar de haber visto lo que el profeta nunca pudo ver...

Con esto podemos entender, que una persona puede tener una visión, puede pasar por un estado superior, sin que haya ningún cambio en su interior. ¿Y de qué depende la posibilidad de atrapar esa elevación o no? Porque el hombre que pasó por ese estado sin cambiar es como el que encuentra algo perdido por otro y no sabe qué uso darle...

Solamente puede elevarse la persona que se preparó para adquirir esa elevación y que trabajó para ello. Esta es la diferencia entre el profeta y la sirvienta, o entre el profeta y los egipcios que cruzaron el mar con los iehudim. El profeta se esforzó siempre, desde que no era nada fue subiendo de a un escalón por vez, hasta que llegó a ser el profeta, por eso la profecía no es una casualidad aislada, es el producto de una preparación, un ascenso constante y un gran esfuerzo.

Lo mismo ocurrió con el erev rav, puede ser que ellos vieron la Divinidad, también ellos señalaron con sus dedos y dijeron “éste es Mi D-s” junto con todo el pueblo de Israel. Pero en sus interiores siguieron siendo egipcios, lo que vieron no influyó para nada en la espiritualidad, porque “encontraron” algo Min Hashamaim, y no como producto de la dedicación y el esfuerzo...

Por eso, cuando se les presenta la primera prueba, que mostrará si hubo o no hubo un cambio interior, no pueden afrontarla, cayendo en el pecado del becerro...

El Midrash nos cuenta lo que pasó con Mija, dijo rabi Iehuda bar Ilai, Mija llevaba consigo un ídolo, y ese ídolo cruzó el mar junto con el pueblo de Israel, y el mar se abrió ante el paso de Israel, a pesar de que llevaban un instrumento para hacer idolatría...

Resulta ser un ejemplo terrible, ya que Mija también estaba entre los que vieron la revelación de Hakadosh Baruj Hu en egipto y en el mar, y en el preciso momento en que los iehudim cruzaban el mar y veían la mano de Hashem, reconociendo quién fue el que dijo que exista el mundo, Mija llevaba su avoda zara entre sus pertenencias... ¿Cómo es posible? Y Mija no sólo estuvo en el cruce del mar, estuvo en el monte Sinai, y escuchó los Aseret Hadiberot, los Diez Mandamientos, escuchó el no tendrás otros dioses, y en ese preciso momento el ídolo estaba junto a él... ¿Cómo podemos entender que al ver y escuchar semejantes cosas no se haya desprendido de su avoda zara? La única forma de contestar es que todo lo que vio y escuchó no tuvo ningún efecto interior porque todo llegó sin una preparación previa, con lo cual no hubo ningún agregado espiritual para la persona, siguió igual, con su avoda zara en el bolsillo.

¿Y qué podemos decir entonces sobre bilaam? El sí alcanzó la categoría de los profetas, y no como cualquier profeta, alcanzó la categoría de Moshe Rabenu, el padre de los profetas. Pero, uno fue Moshe Rabenu y el otro siempre fue llamado bilaam, el malvado, porque aunque en profecía llegó al grado máximo, en la práctica, rompió todas las rejas, atravesó todas las vallas hasta ser la persona más baja entre las personas bajas. Y aunque su nivel de profecía haya sido el máximo, lo que nadie aparte de Moshe consiguió, como no hubo ningún trabajo paralelo que haga posible un cambio interior, esto no agregó nada a lo bajo de su comportamiento.

Exactamente lo mismo vimos que ocurrió con Ierobam ben Nevat. Relata el Tanaj que un “Hombre de D-s”, un Angel llegó desde la tierra de Iehuda con la palabra de Hashem, mientras Ierobam estaba parado frente al Altar para acercar una ofrenda (a la idolatría). Y Ierobam siguió con su proceder, continuó con su tonto accionar, siguió con su ofrenda sin importar lo que pasaba a su alrededor. Ierobam se dirige al Angel pidiéndole rece ante Su D-s (ante el D-s del Angel, no a su propio D-s), que rece por él...

Explica Rashi, al Angel le dice Tu D-s y no Mi D-s, a pesar de todo siguió como al principio y continuó con su idolatría... Dijo rabi Iehoshua ben Levi, aunque pase sobre Ierobam un burro con su arado, no logrará hacer ningún cambio en su interior...

En Ierobam, aunque tuvo la visión exacta de que no hay otro como el Bore Olam, no cambió nada. Vio que la idolatría no puede salvarlo, por eso le pide al Angel que en sus rezos pida por él, sin embargo sigue por su mal camino, sigue diciendo Tu D-s, no le alcanza para considerarlo Mi D-s. Y todo porque lo que vio no estuvo acompañado de un esfuerzo, de un trabajo en pos de su elevación..., sin esta condición todo resulta vano y seguirá como al principio.

Esto es lo que dijeron Jazal: dijo rab Itzjak si un hombre te dice no me esforcé y encontré, no le creas, me esforcé y encontré, creele.

Lo que la persona consigue (o encuentra, porque siempre es un regalo del Bore Olam) con su dedicación, es de su propiedad. Lo que llega sin esfuerzo, “no le creas”, porque aunque parezca que tiene mucho, en realidad no tiene nada, tiene algo sin valor. Nuestro trabajo personal es sacar de raiz el mal que nos rodea, subiendo despacio, como andando por un campo lleno de obstáculos, con nuestro esfuerzo, podemos sacarlos y caminar ahora por el campo limpio.

Sijot Musar.

 

Leiluy Nishmat  Alberto Abraham ben Amalia  ז"ל




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