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Shabat Shalom


No. 313-Beahaloteja-3
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 PESCADO, SANDIAS Y ZAPALLITOS 

“Recordamos el pescado que comíamos en egipto, gratis!... los zapallitos y las sandías… y las cebollas y el ajo” (Bamidvar 11,5)

¿Hay alguna relación entre las cebollas y el ajo, con los pescados?, pregunta el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita.

Está escrito en el libro “Zijron Israel”: ¿Cómo regaban los campos en egipto? Iaacov Avinu bendijo al faraón para que el río suba a su encuentro, por eso el faraón salía todas las mañanas hasta la orilla del río para que el río subiera hacia él y riegue todos los campos. Y así hacía creer a todo su pueblo que el río (uno de los dioses de los egipcios) regaba todo el país gracias a él y no gracias a la bendición de Iaacov. Y también sabemos que él iba al río no solamente para que el río fuera a su encuentro, sino para ocultarle al pueblo que él (otro de los dioses de los egipcios), era un hombre como todos los demás y, como todos los demás tenía sus “necesidades”, por eso iba todas las mañanas al río para hacer sus necesidades y que su pueblo siga creyendo que era como un ángel…

Y el río subía a tal punto de inundar los campos. Cuando eso sucedía, los egipcios tendían redes en las zonas en que el río entraba. Entonces, cuando el río volvía a su cauce normal, los peces quedaban atrapados en las redes…

Por eso dijeron los hijos de Israel, recordamos los pescados que comíamos en egipto, gratis, los zapallitos y las sandías…, porque todo estaba allí, en los campos de los particulares, en los jardines, de allí la relación entre las cebollas y los pescados.

Cuando estudié en la Ieshiva, continua rabi Shlomo, las quejas mías y de mis compañeros eran sobre casi cualquier cosa, no había nada que nos cayera bien. Nos quejábamos de la comida, de las camas, de los cuartos, de todo…

Sin embargo, cuando salíamos a algún paseo, nos levantábamos de madrugada, y, si por ejemplo viajábamos al norte, hacíamos lo que llamábamos un “recorrido”, es decir, teníamos caminatas que duraban varias horas, y no se escuchaba una sola queja.

Después de tanto caminar, encendíamos un fuego, y tirábamos dentro unas papas. Todos quedábamos “negros” comiendo esas papas, en especial las manos y la cara, tratando de sacar las partes que el fuego había quemado, pero nada importaba, todo estaba “10 puntos”.

¿Y por qué ese pedazo de papa quemada, por no decir ese pedazo de ceniza era mejor que la comida de la Ieshiva?, o también podemos preguntar sobre el dormir en la tierra usando una piedra como almohada que parecía ser mejor que el dormir en una cama…

Es cierto que en la Ieshiva los alumnos reciben cuartos amueblados, con camas cómodas y baños en orden, les sirven la comida en platos limpios, todo debería estar muy bien, pero… todo eso no vale nada!, ¿y por qué una papa carbonizada resulta mejor? Porque es gratis! (no gratis porque no vale plata), porque está libre de cualquier obligación…, no hace falta cumplir preceptos, no hace falta estudiar, por eso todo es mejor y más rico!

Vuelve a preguntar rabi Shlomo: ¿qué significa recordamos los pescados que comíamos gratis en egipto?

¿Gratis?, ¿se olvidaron de los golpes que recibían, de los hijos que tiraban al río, de los chicos que mataban? Sí, parece que de eso se olvidaban, lo que recordaban es que allá no había que cumplir con ningún precepto.

La queja surgía dos versículos más adelante donde se describe al “man” como una cosa transparente.

Dijeron nuestros jajamim que la transparencia del man es lo que mostraba a todo el mundo quién era una persona justa, quién era no tan justo y quién era un malvado.

A las personas justas, el man les caía frente a las puertas de sus casas, los no tan justos tenían que juntarlo por ahí, en los alrededores, pero cerca, dentro del campamento. Los malvados, en cambio, tenían que alejarse bastante para conseguir sus porciones. Por eso, estaba claro, que si una persona cometía un pecado, al día siguiente era sabido por todo el pueblo, ya que hasta ayer el man caía en la puerta de su casa, y ahora…

Pregunta el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita, si nuestro alimento en el desierto era el man, significa que era algo bueno para nosotros, entonces, ¿cómo explicar un versículo (Devarim 8,3), en el que aparece una palabra que parece decir que el man es algo malo?

Había en el desierto un hombre, rabi Reuben, conocido por todos, un hombre muy justo al que todos los días el man le caía en la puerta de su casa.

Un día ocurrió, que habló por teléfono, y al terminar su conversación calculó que habló aproximadamente tres minutos de lashon hara. Y por cuanto que en un minuto hablamos, en promedio, doscientas palabras, entonces, en esos tres minutos, este hombre tan justo cometió seiscientos pecados!

La palabra “hola”, que usamos para iniciar nuestras conversaciones telefónicas, si la transformamos a su uso en la tierra de Israel pasa a ser “halo”, הלו, y sus iniciales nos dan una señal: lashon hara urejilut, maledicencia y chismes!!!

Continuando con rabi Reuben, y traduciendo en un lenguaje más comprensible, el resultado directo de sus seiscientos pecados será que mañana por la mañana el man no caerá en la puerta de su casa, sino que bastante lejos. ¿Qué hacer? Tiene una idea y le pregunta a su esposa:

-Querida, ¿qué te parece si mañana hacemos un ayuno?

-¿Qué pasa?, pregunta la esposa.

-No pasa nada, hagamos un ayuno para el Honor del Bore Olam!

-¿Y quién dice que Hashem quiere que ayunemos?

-Mirá, se me ocurre cómo podemos resolver tu duda. Si mañana cae el man en la puerta de casa, como siempre, significa que Hashem no quiere que ayunemos, y entonces, podremos comer. Pero, si el man no cae, tenemos ahora la prueba fehaciente, el “mensaje celestial”, que Hakadosh Baruj Hu reclama y desea nuestro ayuno!

En un caso como éste vemos que el man puede llegar a ser un mal.

Jazal dijeron que en esos tiempos, si dos personas discutían o peleaban entre ellos, para resolver el pleito se dirigían a Moshe Rabenu.

Uno de ellos reclama: él me robo mi esclavo!

Y el segundo argumenta: yo no lo robé, te pagué por él todo el dinero que me pediste!

Moshe Rabenu les pregunta a los dos: ¿para qué hay que pelear? Esperemos hasta mañana, está escrito sobre el man, que al que tome de más no le va a sobrar y al que tome menos no le va a faltar. Esperaremos hasta mañana y comprobaremos dónde cae la porción de man del esclavo!

El man, transparente, revela todo! Nada se puede esconder, todo queda a la vista...

Por eso recordamos el pescado que comíamos gratis. Puede ser que había golpes de por medio, pero para la mayoría, son preferibles los golpes antes que la obligación de cumplir los preceptos

Esh Dat 5759/60.

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Leiluy Nishmat Alberto Abraham ben Amalia ז"ל




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