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Shabat Shalom


No. 318-Pinjas-3
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

CONDUCTOR del PUEBLO PUEBLO del CONDUCTOR

“… como las ovejas que no tienen pastor” (Bamidvar 27,17) 

En el libro “Kohelet Itzjak” encontramos que cuando el conocido disertante, morenu harav Iaacov ztz”l, asumió como More Tzedek en la Sagrada Congregación de Vilna (hace aproximadamente ciento treinta años), en su primera conferencia ante su público preguntó sobre este versículo: sabemos que en la Tora ninguna palabra, ninguna letra, ni siquiera un signo de puntuación está de más, entonces, ¿por qué Moshe en lugar de decir “como ovejas sin pastor” alargó la frase y dijo “como las ovejas que no tienen pastor”? ¿Cuál es el significado de este agregado de palabras?

Hay una gran diferencia, prosiguió el rab, entre dos tipos de pastores, está el pastor de sus propias ovejas, y está el pastor que, gratuitamente, cuida y conduce las ovejas de otras personas. La diferencia entre el pastor de sus ovejas y el pastor de las ovejas de otros se basa en la intención de cada uno.

El pastor de sus propias ovejas, aunque se preocupe de que las ovejas coman de los pastos más tiernos, frescos y “gorditos”, que tengan agua en abundancia y un buen clima, esta preocupación no es por el bien de las ovejas sino por su propio bien, ya que las ovejas son su negocio, y este hombre vive de lo que su negocio le brinda…

Distinto es el caso con el pastor de las ovejas de otros, donde toda su intención es brindar su esfuerzo y generosidad, hacer favores, ahora, a las ovejas del prójimo, a las que proveerá de todas sus necesidades…

Esa es la intención de Moshe Rabenu. Sabe muy bien que el pueblo de Israel no quedará sin una persona se preocupe por su manutención, ni tampoco quedará abandonado sin un conductor. Está seguro que entre el pueblo hay muchas personas que tienen los méritos, la capacidad y los deseos de ocupar un cargo tan importante. Pero, la mayoría de ellos, cuando llegan a esa posición, lamentablemente piensan primero en su propio bien, y no en el bien de los demás.

Por lo tanto, le pide al Bore Olam que quien encuentre para conducirlos sea considerado y calificado con la necesidad de que “la congregación no quede como las ovejas que no tienen pastor”, o sea, un pastor que no se preocupa por ellos sino por sí mismo, no es el pastor de ellos, sino que ellos pertenecen al pastor. Un conductor que no piensa todo el tiempo en el bien de sus conducidos no es un buen conductor.

Jazal utilizaron estos conceptos en el versículo “Jueces y policías pondrán para ustedes…”

El “Ialkut Shemoni” dice que los jueces son llamados en Nombre de Hakadosh Baruj Hu. Y se puede explicar que Moshe Rabenu le dice a los hijos de Israel que pongan todo su esfuerzo en el nombramiento de los jueces, que ellos sean los “adecuados” para ellos, o sea, que sean jueces que se preocupen únicamente por el bien del pueblo durante todo el día, de forma que podamos decir que estos jueces son pertenecientes al pueblo de Israel…

Esto resulta ser una prevención, porque si por error se nombra un juez que tenga como primer objetivo su propio bien, este juez en lugar de pertenecer al pueblo, muestra que el pueblo le pertenece…

Estas apreciaciones sobre las características del verdadero conductor, provocan una terrible separación entre lo que llamamos el conductor espiritual de nuestro pueblo, los grandes rabanim de cada generación, y los demás conductores.

Para la gran mayoría, los que no entran en la categoría de nuestros conductores, vemos de que forma hacen su propia campaña electoral para poder asumir sus cargos. Y cuando logran el objetivo, sus actos no parecen ser enfocados al bien del pueblo, como prometieron durante toda su campaña, sino que las bondades llegan a sus bolsillos, propiedades, sus cuentas bancarias y también para las personas allegadas y más influyentes del partido político que alcanzó la victoria en los comicios, porque fueron ellos los que lo apoyaron en su proyecto.

Cuando hablamos de los grandes de la Tora la cosa parece ser distintas. Nunca encontramos a un rab, como el rab Eliashiv, o el rab Shteinman, o el rab Kanievsky, por ejemplo, haciendo una campaña para promocionar sus aptitudes. En todas las generaciones, el rab de la generación fue elegido por un pueblo que conoce su grandeza, y que necesita absorber de su sabiduría.

Y cuando el rab llega al lugar que le corresponde, es la generación la que sale ganando, ya que ahora tiene un gigante espiritual que corona al pueblo con su entendimiento, con sus cualidades.

Y siempre vemos, que todo lo que el pueblo esperó de sus rabanim, lo consiguió, ya que cada rab se preocupa solamente por el bien de cada integrante del pueblo, en general y en particular, dejando de lado todo deseo personal.

 

El libro “Hamaguid Medaber” nos acerca un relato del rab hagaon Shalom Shevadron ztz”l, que nos muestra lo que es un verdadero conductor preocupado nada más que por el bien de su gente…

Un estudiante había contraído una enfermedad que, lo alenu, ponía en peligro su vida. Y fue a ver a su rab, en la ciudad de Radin, para pedirle una bendición en procura de su curación.

Los médicos ya le habían comunicado a él y a su familia, que era una enfermedad poco conocida, no sabían de su origen ni cómo tratarla, pero lo que sí sabían con absoluta certeza, que avanzaba sin pausa… La familia había perdido toda esperanza.

El joven alumno se presentó frente su rab, el Jafetz Jaim, y éste, después de escucharlo atentamente, le dijo que tenía un consejo para darle.

Pero antes de dar el consejo, el Jafetz Jaim puso una condición: jamás nadie podía enterarse de lo ocurrido, si todo salía bien, con la ayuda de Hakadosh Baruj Hu, no podría contarle a ninguna persona acerca de su curación. Y el muchacho aceptó enseguida.

El Jafetz Jaim le propuso dirigirse a un Talmid Jajam que vivía en una pequeña ciudad. Contale los pormenores de la enfermedad y pedile una bendición, le dijo, con su bendición y la ayuda de Hashem Itbaraj vencerás a la enfermedad!

El joven escuchó las palabras de su rab y viajó de inmediato a dicha ciudad. Se encontró con el Talmid Jajam y le pidió su bendición, y en muy poco tiempo, de forma increíble, el muchacho se curó!!!

Siguió normalmente sus estudios en la Ieshiva como los demás alumnos, y más tarde, cuando ya tenía edad para casarse, dejó la ciudad de Radin, formó una familia, y, como le dijo el Jafetz Jaim, jamás contó sobre su enfermedad y su milagrosa curación.

Pasaron aproximadamente veinte años, y la cuñada de este mismo muchacho contrajo una extraña enfermedad, lo alenu. El vio, con el correr del tiempo, que se trataba de la misma enfermedad que él tuvo en el pasado, pero no dijo una palabra. Suponía que si decía algo podría resultar en favor de su cuñada, pero no quería faltar a la palabra que le dio a su maestro, el Jafetz Jaim.

La esposa, hermana de la mujer enferma, recordó que alguna vez, su marido le había contado algo sobre una extraña enfermedad que tuvo en su juventud, y cada vez que intentaba tocar el tema, él la esquivaba cambiando de tema o negándose a hablar.

Pero, el tiempo transcurría y la enfermedad avanzaba más y más. La esposa comenzó a presionarlo, porque lo que él sabía podía traer una esperanza de vida para su hermana. Las dos lo presionaban, la esposa y la cuñada, querían saber qué enfermedad tuvo de joven, qué tratamiento le hicieron, y cómo se curó. Finalmente les explicó que se trataba de un secreto, no podía contarlo a nadie, pero ellas siguieron insistiendo, estaba en juego una vida…

La presión y el hecho de discutir sobre el tema fue debilitando la firme postura del muchacho, su necesidad de mantener el secreto, hasta que llegó a pensar que de todas formas, había pasado tanto tiempo, con lo cual era posible que el mismo Jafetz Jaim, si ahora fuera a preguntarle, le permitiera revelar ese secreto tan guardado.

Y le contó a su esposa todo lo ocurrido. Contó de su entrevista con su rab, el Jafetz Jaim, sobre la condición de no contar a nadie ni una palabra, y sobre el consejo de viajar a la casa de un Talmid Jajam, en una pequeña ciudad muy lejana a Radin, para que lo bendiga.

La esposa y la cuñada se llenaron de esperanza, ésta podría ser su salvación. Pero a los pocos días, el muchacho comenzó a sentirse mal. Además se sentía muy asustado por el hecho de no haber cumplido la condición que le impuso su rab. Le dijo a la esposa que inmediatamente viajaría a Radin, a ver al Jafetz Jaim…

El viaje a Radin fue muy largo, y el Jafetz Jaim era ya muy anciano y estaba muy débil. Pero, aunque estaba tan anciano y débil recordaba esa lejana entrevista con el joven alumno, y ahora lo escuchaba en silencio, sin interrumpirlo.

Cuando el muchacho terminó su relato, el Jafetz Jaim le dijo en voz muy baja: Me pondría muy feliz poder ayudarte, pero, ¿qué puedo hacer? Cuando te enfermaste por primera vez, yo era más joven, y me privé de comer durante cuarenta días, rezando y llorando para pedir tu curación… Hoy, ya estoy tan viejo, ya no puedo ayunar como antes…

Y no solamente que el Jafetz Jaim ayunó durante cuarenta días para el bien de un alumno, sino que además, escondió los hechos de forma que se vea, para todo el mundo, que la bendición la dio otro Talmid Jajam, y que él no tuvo nada que ver en la curación de su alumno.

Estos son los conductores del pueblo de Israel! Dichoso el pueblo que tuvo y tiene conductores como estos.  

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Harav Hagaon Moshe Shlomo Halevi ben David זצ"ל

 

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