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Shabat Shalom


No. 320-Devarim-3
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

CUANDO LA DERECHA NO ESTA A LA DERECHA

EL HOMBRE PROPONE Y... A VECES HASHEM DISPONE

“Traigan personas inteligentes y sabias...” (Devarim 1,13)

La culpa será de la cabeza... Dijo rabi Iehoshua Ben Levi: así les dijo Moshe Rabenu, si no escuchan, la culpa será exclusivamente de ustedes. Y esto se compara a esa víbora, que la cola le preguntaba a la cabeza, ¿hasta cuándo estarás delante mío? Yo quiero ir delante... Y la cabeza le dijo a la cola que fuera delante. La víbora empezó a moverse con la cola delante de la cabeza, llegó frente a un pozo de agua..., y cayó adentro., encontró un fuego encendido, pasó por encima de él y se quemó, tenía delante unas plantas con espinas, y se lastimó todo el cuerpo. ¿Quién provocó todo esto? El hecho de que la cabeza vaya detrás de la cola. Por eso, cuando los “pequeños” escuchan a los “grandes”, los grandes decretan frente al Bore Olam y el Bore Olam hace cumplir los decretos. Pero cuando los grandes van detrás de los pequeños, caen unos sobre otros... (Midrash Raba 1,8)

 

Además de la importancia, de la grandeza implícita que poseen nuestros sabios, gracias a la calidad de su estudio, gracias a que vivieron quemándose las pestañas para estudiar y conocer los secretos de la Tora, aparte de la capacidad de ver las cosas como realmente son, y decir siempre lo justo y lo necesario, fueron bendecidos con una cosa más: si ellos decretan, Hakadosh Baruj Hu hace que se cumplan sus decretos!!! (Midrash) No decimos que solamente se conducen con la verdad, sino que también fabrican la verdad... El justo decreta y Hashem concreta...

Y esto es lo que nos convence acerca de las palabras de Jazal: no se desviarán de las palabras que escuchen de los jajamim ni a la izquierda ni a la derecha. Y aunque pareciera (a nuestra vista) que la izquierda está a la derecha y que la derecha está a la izquierda, no importa, debemos escuchar a nuestros jajamim (Sifri).

Y parece posible que antes de escuchar al jajam, la derecha estaba a la derecha y la izquierda a la izquierda, por lo menos así se ve. Pero cuando el jajam dice que la derecha es la izquierda, la derecha se transforma y pasa a ser izquierda, porque así decretó el justo...

De acuerdo a estas palabras, el pensamiento de los pequeños resulta ser mucho menos determinante, y cuando los grandes van detrás de ellos, lo que puede suceder resulta carente de cualquier pronóstico, algo que no puede tener coherencia. Entonces ahora estamos en ventaja, porque podemos sacar provecho de la amplia sabiduría de nuestros grandes jajamim, y de la exclusiva capacidad que poseen: el justo decreta y Hakadosh Baruj Hu hace que se cumplan las palabras del sabio. Otros buscan “patentes”, generan estrategias, pero lo único que se consigue al ir detrás de los pequeños, es caer con ellos...

Contó el rab hagaon Shlomo Vravda Shlita: dos muchachos llegaron desde los estados unidos para estudiar en la Ieshivat Mir, en Lita. Después de unos meses, contrajeron una extraña enfermedad, lo alenu. Y los médicos del lugar no sabían como combatirla. El Mashguiaj de la Ieshiva, el rab hagaon Ierujam ztz”l los envió muy lejos de Mir, para aconsejarse con uno de los rabanim más grandes de la generación. Tendrán un viaje muy largo, y al llegar, pregúntenle al rab sobre un médico muy especializado que vive cerca de la casa del rab.

Antes de comenzar el viaje, rabi Ierujam hizo incapié en dos puntos clave: pregúntenle al rab sobre cualquier duda que tengan, sin dejar ningún detalle sin esclarecer. Cuando, al viajar, pasen por la ciudad de Radin, entren a la casa del Jafetz Jaim y pídanle una bendición. Sin la bendición del Jafetz Jaim, concluyó el rab, no sigan adelante...

Los muchachos comenzaron su viaje, y marcaron rumbo a la ciudad de Radin, lugar de residencia del Jafetz Jaim ztz”l. Cuando llegaron a la casa, les dijeron que a causa de lo anciano que estaba el Jafetz Jaim, podría suceder que en medio de la conversación que tendría con ellos, se quedara de pronto dormido, y después habría que esperar a que despierte, cosa que podía ser inmediata o demandar varias horas... Y así sucedió, ni bien entraron y le pidieron la bendición, el Jafetz Jaim se quedó dormido.

Pasaron varias horas y el Jafetz Jaim no se despertaba. El tiempo comenzaba a correr en contra, ya que se acercaba la hora de la partida del tren, y de acuerdo a la advertencia de rabi Ierujam, no podían proseguir sin la bendición del Jafetz Jaim.

Estuvieron a punto de salir corriendo sin la bendición del Jafetz Jaim, y en contra de la condición impuesta por rabi Ierujam, para no perder el tren, pero Baruj Hashem, el Jafetz Jaim se despertó y les dio su bendición...

Y siguieron su camino hasta llegar a destino. De inmediato fueron hasta la casa del rab y escucharon sus consejos, pero entre ellos también había una advertencia: si los médicos determinan que hay que hacerles una operación quirúrjica, solamente permitirán que los opere el médico que yo les voy a indicar. Bajo ningún punto de vista acepten ser operados por otro médico. Los dos muchachos, al salir de la casa del rab, tomaron rumbos diferentes. Comenzaron con las consultas, los estudios, etc. A uno de ellos le diagnosticaron que debía operarse, y, de acuerdo a las órdenes del rab, exigió ser tratado por el doctor que el rab indicó, lo operaron y al cabo de un corto tiempo se curó por completo (poco después volvió a los estados unidos y le contó a los médicos de allá sobre su enfermedad, su tratamiento y su curación. Los médicos le dijeron que existe un solo doctor en todo el mundo que tiene la capacidad para enfrentar a esa enfermedad, que sabe cómo hacer esa operación y que seguramente fue el médico que lo operó, y así realmente sucedió).

El otro muchacho, cuando recibió el diagnóstico que indicaba que debía ser operado, fue a buscar al doctor que el rab nombró, pero, sucedió que el doctor tuvo que viajar a otra ciudad para tratar otros pacientes y no existía la certeza sobre la fecha de su regreso. Podía esperar a que el médico regresara, pero, otros médicos comenzaron a aconsejarle hasta insistiendo, que podía operarse con otro doctor, ya que no era prudente esperar mucho tiempo para continuar el tratamiento, la enfermedad podía agravarse, lo alenu, mejor sería dirigirse a otro médico, sabiendo además que también este otro doctor es muy conocido por su gran capacidad. Finalmente, lograron convencerlo, y casi olvidando la advertencia del rab, aceptó operarse con el otro doctor, y tres días después de la operación, murió...

Los alumnos de la Ieshiva, recuerdan que después de este trágico suceso, el Mashguiaj, rabi Ierujam ztz”l, durante más de medio año, en cada charla o conferencia que ofrecía, recordaba a los dos alumnos que viajaron a Lita, y al terminar siempre decía: uno escuchó y el otro no...

Esta es una de las tantas demostraciones de la importancia, de lo fundamental que resulta escuchar a nuestros jajamim, ahora veremos un ejemplo de lo que sucede cuando vamos detrás de los consejos de los pequeños...

Cuando el rab hagaon Iser Zalmen Soloveichik ztz”l era muy joven, fue designado para ejercer sus funciones rabínicas en la ciudad de Brisk.

Un día de Rosh Hashana, los oficiales del ejército entraron al Beit Hakneset en medio de los rezos de Shajrit, buscando al rab, pero viendo que estaba en la mitad de los Shemone Esre, decidieron no melestarlo y volver más tarde...

Como en todo Beit Hakneset, no sabemos cómo, siempre todo se sabe, hasta cuando ocurre en medio de los rezos de Rosh Hashana. El motivo de la visita de los oficiales era para que el rab los acompañe a ver a un preso iehudi que estaba, lo alenu, condenado a muerte, para que le haga decir el “Keriat Shema”... Al percibir que el rab estaba muy concentrado en sus rezos, no quisieron perturbarlo, con la seguridad, de que, si volvían más tarde, el rab no tendría problema en acompañarlos... Pero antes de que los policías se hubieran retirado, algunos integrantes de la congregación, les sugirieron que otro rab podría ir con ellos, a lo que contestaron que tenían la orden de llevar al rab que figuraba en sus registros como el rab del Beit Hakneset.

Cuando los oficiales ya dejaron el lugar, el rab finalizó su rezo y escuchó el motivo por el cual vinieron. Decidió que si volvían, no iría con ellos. Cuando se hizo pública la decisión del rab, muchos de los concurrentes comenzaron a preocuparse, sintieron miedo que ante la decisión del rab podría generarse algún tipo de peligro para los iehudim, no era aconsejable negarse a los pedidos del gobierno...

Otro agravante era la edad del rab, en esos días tenía solamente veintitres años, y muchos de los antiguos integrantes del Beit Hakneset lo consideraban todavía como a un niño. Hubo discusiones y algunos elevaron bastante el tono de sus voces. Otros, más desvergonzados, dijeron cosas no buenas sobre el rab y también algunos lo enfrentaron diciéndole que ponía en peligro a todo el Beit Hakneset, pero el rab no se dejó interpelar, no escuchó, y se mantuvo firme en su postura...

Cuando transcurrían los rezos de Musaf, los oficiales entraron nuevamente al Beit Hakneset. El rab, aunque concentrado en su Tefila, se percató de la entrada de los extraños y continuó con sus rezos durante un tiempo exageradamente largo, y, aunque terminó, siguió parado como si no hubiera terminado. Los policías seguían esperando pacientemente, y en ningún momento pretendieron interrumpirlo.

Pero la paciencia de la congregación se terminó primero, y uno de los ancianos del lugar se paró y se presentó ante los oficiales como el rab inscripto en los registros del gobierno, y se fue con ellos...

Cuando finalizaron los rezos, llegaron varios policías a la casa del rab, y la familia se asustó, pensando que vinieron a llevarse preso al rab, por negarse a aceptar las órdenes del gobierno.

Pero enseguida se supo que eran policías de otra ciudad, que querían saber si el rab se había encontrado o no con el hombre condenado a muerte, ya que si así había sido, debían apurarse mucho para impedir que se cumpla la condena, ya que el juzgado encontró un error en el caso y el iehudi había sido condenado por equivocación...

El rab no fue, pero el que sí fue, el anciano que se hizo pasar por el rab, provocó la muerte injusta del iehudi, que de haber escuchado al tan joven rab, pero a su vez tan sabio, no hubiera caído...

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Harav Guilad Hacohen ben Shmuel זצ"ל

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