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Shabat Shalom


No. 323-Ree-3
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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EL BORRACHO QUE NO TOMO VINO

“separarás el diezmo de todo lo que producirán tus campos...”

(Devarim 14,22)

El que separe el diezmo verá que nada le faltará, separará para enriquecerse. Dijo rabi Aba: esto es una prueba y un apoyo para los que separan una parte de cada diez de sus negocios para repartirla entre los que se ocupan de la Tora (Pesikta).

De la misma forma que el hecho de separar de nuestras ganancias es la causa que producirá nuestra riqueza, así, el abstenerse de separar es lo que provoca la pobreza, lo alenu. Y esto queda muy claro después de estudiar lo que está escrito en el tratado de Ketuvot (hoja 66b), cuando habla la Guemara sobre Nakdimon ben Gurion, que al principio fue uno de los hombres más ricos del mundo y después se empobreció hasta tal punto, que su hija tuvo que salir a buscar y escarvar para encontrar un poco de cebada en una montaña de materia fecal de un grupo de animales de los árabes. Y era sabido que él repartía mucha caridad entre los pobres, con generosidad, pero parece que no era suficiente (según una de las explicaciones), porque no daba de acuerdo a sus posibilidades.

Y esto sirve como testimonio, al parecer del Jafetz Jaim (Al HaTora), y como respuesta a los muchos que, asombrados, se quejan y preguntan por qué no se enriquecen, por cuanto que separan de su dinero para entregar a los necesitados. Debemos decir que su acción de dar no se complementa con la bendición que Hakadosh Baruj Hu les dio. Ellos valoran la Tzedaka desde el punto de observación puesto en el pobre, para él, una pequeña donación es muy valorada, ya que al no tener nada, cualquier cosa vale muchísimo. Por eso sienten que al dar al pobre algo que él valora mucho han cumplido con la misión de dar caridad... Y ese es el error, porque nuestra obligación, la de cada uno de nosotros, es fijar el monto a repartir de acuerdo a nuestras posibilidades y no con la valoración del necesitado.

Esta regla está explicada en la Guemara con una metáfora: está escrito que al dinero le falta sal y Rashi explica que el que quiere que su dinero tenga sal, o sea, tener la posibilidad de conservarlo, que reparta caridad. Todo el mundo sabe, que en el momento de salar un trozo de carne, cuanto más grande sea el pedazo, mayor será la cantidad de sal necesaria. Y si no queremos poner la cantidad de sal necesaria (porque queremos ahorrar sal), podemos provocar que toda la carne se pierda...

En el libro de relatos del Jafetz Jaim podemos ver que el Jafetz Jaim no desmerecía a la gente adinerada que no daba la caridad en la forma que le correspondía. Encontró una increíble forma de justificar la falta y no quitar ningún mérito por la acción no buena...

Un hombre borracho, que ya había tomado más de la cuenta, deambulaba por las calles de la ciudad, y sus piernas apenas podían sostenerlo, hasta que en la primera irregularidad que encontró en la calle, cayó rodando y terminó en un pozo que estaba lleno de aguas con suciedad (hablando finamente).

Quedó todo embarrado, de la cabeza a los pies, y se quedó allí sentado, gritando y emitiendo insultos a los caminantes o simplemente al aire... Hablaba solo, como la mayoría de los borrachos, y como de costumbre, empezaron a rodearlo grupos de gente que no tenían otra cosa que hacer, le hablaban para hacerlo enojar y así divertirse más, le tiraban tierra, barro u otras cosas, lo escupían, haciéndo que grite más para pasar un buen rato a cuenta del pobre borracho...

Pasó por allí una de las personas “inteligentes” de la ciudad, se acercó al borracho para que lo escuche y le dijo: ¿te parece bien estar aquí sentado, en medio del barro y de las aguas sucias? ¿Acaso no sabés como conducirte después de haber tomado un poquito de vino? Si yo hubiera estado en tu lugar, habiendo tomado diez veces lo que vos tomaste, no habría hecho un acto tan avergonzante como lo que hiciste, no me hubiera revolcado dentro del barro para ser la burla y el desprecio de toda persona que pase por el lugar.

Esto se compara, dice el Jafetz Jaim, con la gente que critica a las personas adineradas, tratando de sacarles por la fuerza un poco más de dinero para caridad, diciéndoles: si nosotros estaríamos en tu lugar, si nosotros seríamos millonarios, sabríamos perfectamente como conducirnos, cuál debe ser la cantidad correcta en la acción de dar Tzedaka...

Lo que esta gente que critica se olvida, es que si ellos serían ricos, sus corazones estarían duros como una piedra, y sus manos cerradas para no dar caridad, y de ninguna manera serían mejores que otras personas...

Porque lo que todos deben saber, que el hecho de tener posesiones y riquezas, es una de las tantas variedades de borracheras!!!

 

Un hombre de campo traía al mercado su producción para venderla a un comerciante iehudi. La forma de calcular el valor de la mercadería no era, precisamente, como la que conocemos hoy en día. Entre ellos, aceptaron que en el momento de pesar los granos, cada vez que llegaran al peso que debía tener cada bolsa, el comerciante haría una marca con un punzón sobre la pared que estaba frente a la balanza.

Después, los dos contarían cuantas marcas había en la pared, una por cada bolsa, y de acuerdo al número de marcas en la pared sabrían cuantas bolsas de granos el comerciante debía pagar al productor...

Pero antes de comenzar, el productor se sintió inseguro, pensaba que esa forma de contar su producción podría ser peligrosa para su bolsillo. Pensaba que el comerciante, en un descuido, podría borrar alguna de las marcas y eso significaría una gran pérdida para él. Por eso, le sugirió otra forma de calcular el monto de la producción: colocarían un plato al lado de la balanza, y después de pesar cada bolsa el comerciante depositaría una moneda en el plato. Al terminar el pesaje de los granos, contarían las monedas y sabrían la cantidad de bolsas que pesaron...

Comenzaron el trabajo de pesar las bolsas y el productor sentía el miedo permanente de ser engañado, y eso lo llevó a intentar defenderse de un posible engaño del comerciante, ¿qué hizo? Su instinto del mal, lo empujó a aprovechar las distracciones del iehudi, y, cuando el iehudi no se daba cuenta, el productor sacaba una moneda del plato y la guardaba rápidamente en uno de sus bolsillos.

Como si no hubiera entendido que el comerciante pagaría por cada moneda que encontraran en el plato...

Este relato, es uno de los que más acostumbraba a contar el Jafetz Jaim, para burlarse de la gente que pensaba que el evitar dar Tzedaka a los pobres o no dar dinero para una buena obra, o, lo alenu, obtener ganancias haciendo trabajos prohibidos en Shabat, podría producirle un enriquecimiento.

Estas acciones son exactamente iguales a lo hecho por el “pícaro” productor. Todos dependemos permanentemente del favor de Hakadosh Baruj Hu que nos brinda en forma constante Su Bendición. Y la Bendición del Bore Olam empieza con el cumplimiento de los preceptos en la forma debida.

Para la persona que separa el diezmo correctamente, hay una garantía escrita que lo respalda: separar el diezmo para enriquecerse, para el que cuida el Shabat está asegurada la bendición para los seis días de la semana.

Recuerdo hace unos años a un fuerte comerciante del barrio de Flores, en la Argentina que me dijo: en verdad, te envidio, llega el viernes, cerrás todo y a descansar, en cambio yo, estoy obligado a abrir el negocio en Shabat.

Le dije: ¿estás obligado? ¿Quién te obliga, el coreano de al lado que abre?

Vemos que el profanar el Shabat o el cerrar la mano para dar, es engañarse a sí mismo, pensamos en ganar unas monedas a cambio de una pérdida incalculable.

 

Todos los que conocieron al rab hagaon Jaim Mivoloshin ztz”l supieron la exactitud y la meticulosidad que ponía en el cumplimiento de cada precepto. El verlo “en acción” transmitía inyecciones de fe en todos los sentidos y constantemente demostraba a sus alumnos la perfecta relación entre premio y castigo que no todos podemos apreciar.

Siempre decía que haciendo un simple razonamiento se llega a la conclusión de que cada cosa que hacemos llega al Cielo y allí se juzga, para bien o lo alenu... Hasta la fe, la medida de fe es evaluada por el Bore Olam.

Ya dijimos, que el rab Jaim cuidaba a la perfección el cumplimiento de los preceptos, no los preceptos en general sino la particularidad de cada uno, se preocupaba cada día en separar para caridad de sus ingresos. Y no se conformaba con separar el diezmo (el 10% de su entrada) sino que tenía la medida puesta en el “jomesh”, la quinta parte, o sea el veinte por ciento. Y aseguraba a toda persona que quien daba caridad en la medida de jomesh tenía la garantía de que se haría rico. Y más decía: si todo el pueblo de Israel separaría el jomesh, dejarían de existir entre nosotros los pobres!!!

En una oportunidad estaba dudando si para llegar al jomesh de ese día debía agregar un determinado monto o no, y decidió que, ante la duda, no agregaría más, seguramente ya había dado lo suficiente. Ese mismo día, su sirviente llegó hasta el pozo para extraer agua y cuando pretende subir el agua, el balde se desprende y cae dentro del pozo.

Para recuperar el balde, el sirviente desciende al pozo con un gancho de metal que le permita sacar el balde, y también el gancho se le cae dentro.

El hombre entra en la casa del rab Jaim y le cuenta lo sucedido. El rab Jaim hace un pequeño cálculo y descubre que el valor del balde y del gancho suman exactamente las tres monedas que al dudar no dio para caridad. El mismo valor que él no separó y por lo tanto no alcanzó el jomesh de ese día. Sin esperar ni un segundo, tomó tres monedas y corrigió su error.

Ese mismo día, le llegó la noticia a rabi Jaim, que alguien encontró su balde y su gancho!!!

Sus alumnos recuerdan que el rab Jaim siempre hablaba de la gran enseñanza que le dio “su balde”, sobre el maravilloso comportamiento de Hakadosh Baruj Hu, sobre como paga, tanto premio como castigo: solamente si nosotros revisamos nuestras acciones y nos arrepentimos de nuestros pecados, inmediatamente desaparece el castigo y estaremos salvados de cualquier daño.

Dijeron Jazal, el que quiera riquezas, primero tiene que dar, separar el diezmo, como atestiguó rabi Jaim: el “maaser”, el separar el diezmo es la acción que siembra en la persona la seguridad en Hakadosh Baruj Hu. Y la realidad se ve en su vida, un pequeño error de cálculo provoca enseguida la reacción, la pérdida del balde y del gancho. Y con el arrepentimiento, la respuesta no tarda en llegar, así “trabaja” el Bore!!!

Lekaj Tov.

 

Leiluy Nishmat Harav Guilad Hacohen ben Shmuel זצ"ל




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