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Shabat Shalom


No. 333-Le lejá-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

EL PARECIDO ENTRE EL HOMBRE Y EL ANIMAL

¿Acaso podemos pensar que el hombre, considerado el ser más grande de la Creación, se sienta alabado cuando se compara con un animal? La respuesta inmediata, sin pensar, es, desde luego, negativa. Pero en las palabras de Jazal vemos que esto resulta posible. Encontramos en el Sefer Tehilim, “...adam ubeema toshia Hashem” (cap. 36), y nuestros jajamim explicaron que el hombre le quiere decir al Bore Olam: aunque nosotros seamos hombres, correremos detrás Tuyo como si fuéramos animales (así lo trae el Beis Haleivi en nombre del Midrash). Y en la Guemara está escrito algo parecido: esos hombres, con la inteligencia tan desarrollada, hacen cosas propias de los animales (tratado de Julin, 5b). Toda esta comparación nos pide a gritos ser explicada...

El Beis Haleivi toma rápidas conclusiones de esta comparación y las considera fundamentales para nuestro Servicio al Creador. Y nos esclarece el significado del versículo, donde Hashem le pide a Abraham Avinu que se ocupe de servirlo y sea íntegro (Bereshit 17,1). Para esto nos trae la Guemara en el tratado de Kidushin (hoja 22a) donde trata el tema de la compra de un esclavo y la de un animal, por medio de la “Meshija” (arrastre). El Talmud quiere decir, que si el comprador llama al animal y éste viene hacia él, se considera como si lo hubiera arrastrado. Pero esto es así únicamente cuando el animal es pequeño (de edad), y no cuando es grande. El motivo de la diferencia resulta ser que cuando un animal responde al llamado solamente como consecuencia del llamado, entonces se puede considerar como una adquisición. Por eso, el animal pequeño, que responde al llamado y va detrás de él, sin ningún pensamiento, se llama adquisición. En cambio, el animal más grande, si respondió al llamado es porque conoce al hombre, o por algún otro motivo, pero siempre, por decisión propia, de aquí que su acción no se llama Meshija, y no decimos que el hombre haya comprado al animal…

Jazal acaban de enseñarnos algo impresionante. Los hombres son considerados como los poseedores de una mente inteligente, ya que generalmente, todas sus realizaciones se hacen después de haber sido analizadas por la mente. Y si ahora también, las órdenes de Hakadosh Baruj Hu se cumplen luego de llegar al entendimiento y a la aceptación por parte de la mente, estaremos en un caso que tiene una gran falla, el Servicio no resulta completo.

Porque la palabra de Hashem hay que cumplirla solamente porque fue la orden de Hakadosh Baruj Hu, tanto nuestro cerebro entienda y acepte, tanto no! Y así entendemos quienes son las personas que se elevan y cumplen la palabra de Hashem con integridad, de forma completa. Son las personas con una inteligencia muy desarrollada, y así, tan inteligentes, ellos se dejan arrastrar como un animal, que va detrás del llamado del hombre sin ningún cálculo! Este tipo de persona atestigua sobre sí mismo que: aunque somos personas, correremos detrás de Hashem como los animales…” Es muy probable que yo no pueda ser adquirido como se adquieren los animales, con Meshija, ya que mis acciones se hacen de acuerdo a mi entendimiento. Pero cuando tengo que correr detrás del Bore Olam, allí corro como corre un animal, detrás del que lo llama, sin usar los designios de la mente.

Esta es la caracterización de la integridad, continua el Beis Haleivi, conducirse con Hakadosh Baruj Hu por el camino de la Tora y los preceptos anulando nuestra voluntad dando paso únicamente a la Voluntad de Hashem. Y esta fue la orden que recibió Abraham Avinu, elevarse y ser íntegro.

Y nosotros también estamos obligados: serás íntegro con Hashem, tu D-s (Devarim 13), con lo que debemos creer, con fe completa, que la Voluntad de Hashem es el verdadero bien, y no debemos investigar detrás de las palabras y de las órdenes del Bore Olam. Por consiguiente, el Servicio al Creador será completo cuando se haga sin hacer cálculos previos, y cuando no investiguemos ni tampoco pretendamos encontrar el significado de las palabras de Hashem y sus decretos.

Así se porta un fiel servidor, cumple la voluntad de su patrón sin cálculos, recibiendo con amor verdadero cualquier decreto.

Esta es la vida del Naase Venishma, haremos y escucharemos, así es la Vida de la Tora.

La integridad de nuestras acciones.

Dice el Beit Haleivi que para hacer un hecho en forma completa hay que hacerlo con la Voluntad de Hashem, sin preguntar por qué Hakadosh Baruj Hu me ordenó hacer esto. Y aunque el hombre puede investigar sobre los motivos del cumplimiento de los preceptos, sepamos que esto es sólo el cumplimiento de otro precepto, tal vez el más importante: el estudio de la Tora, tenemos la orden de estudiarla y comprenderla.

Y también, este estudio, se hace porque Hashem nos ordenó estudiar. Y si dentro del estudio llegamos a la explicación del por qué de algún otro precepto, será simplemente porque estamos estudiando, no porque ahora, antes de cumplir con el precepto queremos saber por qué se hace…

Pero el cumplimiento de los preceptos, incluido el estudio de la Tora, deben hacerse pura y exclusivamente porque son la orden del Creador, sin llegar a la conclusión propia de que es bueno cumplirlo, y hasta sin entender por qué fuimos ordenados a realizarlos…

En el Midrash Tehilim estudiamos que en la generación del desierto, los hombres eran íntegros, simples y piadosos, y gracias a estas cualidades el pueblo de Israel recibió la Tora. La gente escuchó que no podía comer cierta parte del animal, y no preguntaron por qué, simplemente recibieron la orden. Les dijeron que al entrar a la tierra de Israel comerían los frutos de los árboles, pero deberían esperar que cada árbol tuviera más de tres años para empezar a comer de sus frutos, tampoco preguntaron por qué, hicieron de la forma que les fue ordenado. Por eso está escrito: dichoso el que se conduce por el camino simple, el camino en que recibimos y adquirimos los preceptos sin saber por qué lo hacemos. Hasta aquí el Beis Haleivi...

Hay quienes se equivocan pensando que el hecho de comprender los motivos que me obligan a cumplir determinado precepto, hace que el cumplimiento sea de mayor categoría. Sostienen que el que cumple un precepto entendiendo lo que hace y a cuenta de que él mismo quiere cumplirlo porque comprende que es necesario, hace que su acción sea más completa, mucho más que quien cumple sin entender las causas. Pero ya estudiamos que este razonamiento no es correcto sino que la acción completa es el hacer solamente porque es la Voluntad de Hashem Itbaraj.

Otra ventaja que nos trae el conducirnos cumpliendo sin buscar explicaciones, hace que podamos ser más meticulosos en los detalles de los preceptos, exactamente como la Tora nos lo pide sin intentar ser tan “inteligentes”. Ya que al buscar las causas de los preceptos, encontrándo lo que nos parece lógico y razonable, nos puede hacer caer en el peligro de cambiar algunas de las pautas del precepto sencillamente porque pensamos que de otra forma lo podremos cumplir mejor, y todo Leshem Shamaim. Todo porque creemos que con nuestro esfuerzo y nuestra inteligencia podemos evaluar ganancias y pérdidas en lo que hace a cada precepto sin pensar en lo pequeños que somos para tratar de entender los pensamientos y cálculos del Bore Olam.

El rab hagaon Israel Misalant ztz”l nos trae para esto un ejemplo muy conocido: un rey envía a uno de sus ministros a una misión que debe realizar en otro país. Después de indicarle los pormenores de su trabajo en la otra tierra y justo antes de partir le advierte: no entres en conversaciones con ninguna persona durante toda tu estadía en el exterior.

El ministro emprende su viaje y ni bien llega uno de los ministros del otro país le dice: nunca vi en una persona semejante joroba!

Como él sabía que lo que le estaban diciendo no era correcto, no le prestó ninguna atención al dicho. Pero cuando ve que este ministro sigue hablando de “su joroba” con otros ministros y todos lo miran en forma extraña, empezó a sentir que algo estaba pasando.

Y seguían y seguían las exclamaciones y también comenzaron las burlas, todos hablaban de su joroba cuando él estaba seguro de no tener ninguna joroba en su espalda.

Tanto, pero tanto le afirmaban y tanto se negaba, que finalmente le hicieron una apuesta. Si realmente no tenía ninguna joroba le pagarían entre todos una suma, digamos, un millón de la moneda corriente en esa época.

El ministro recordó en un principio la advertencia de su rey, de no mezclarse con nadie, pero enseguida aceptó la apuesta. Su corazón estaba seguro de que tenía todas las de ganar, y podría aumentar las riquezas del tesoro de su país, para la alegria del rey.

Ahora, ya aceptada la apuesta, debía sacarse la camisa para mostrar la espalda. Todos comprobaron que no existía tal joroba, le dieron la suma en cuestión y este ministro volvió alegre a su tierra...

Cuando se presenta delante del rey, le cuenta sobre lo que le ocurrió y pone sobre la mesa el millón que trajo para las arcas del tesoro, agregando: esto que logré conseguir es todo para el rey y el pueblo, no quiero ni un centavo para mí! Cuando el rey escucha las palabras del ministro, empieza a transpirar y le pregunta: ¿qué me hiciste?, ¿acaso no te advertí de no hablar con nadie? Fijate lo que hiciste, el rey del otro país me apostó cien millones a que si yo enviaba a uno de mis ministros conseguiría desvestirlo!!! Suponés que aumentaste el tesoro del país en un millón cuando en verdad provocaste la pérdida de noventa y nueve millones!

Rabi Israel Misalant nos muestra en forma contundente la prohibición de cambiar cualquier punto, hasta el más pequeño, en las órdenes de Hakadosh Baruj Hu, inclusive cuando nuestra intención parece ser la más buena.

No tenemos la inteligencia suficiente para comprender el por qué de las cosas, y menos para llegar a las profundidades de la Tora, por eso, es imposible que cambiemos algo y salga de este cambio algo bueno.

Nuestra falta de comprensión puede provocar que un hombre piense que determinado cambio o tal agregado en el cumplimiento de un precepto aumente el Honor del Cielo, y los resultados pueden ser trágicos.

Por eso decimos e insistimos que el camino de la simpleza es el más seguro, así podremos cumplir mejor los preceptos de la Tora y todos sus juicios, con sencillez e integridad.

Frente a nuestros ojos está la obligación de cumplir la Voluntad del Creador, cuidar, hacer y cumplir, pero sólo porque Hashem nos lo ordena.

Esta es la forma por excelencia de cumplir, y así de simple...

Lekaj Tov.

 

Leiluy Nishmat Harav Guilad Hacohen ben Shmuel זצ"ל




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