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Shabat Shalom


No. 339-Vayeshev-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

¿DONDE ESTA LA JUSTICIA?

“... y al verlo pensaron en matarlo” (Bereshit 37,18)

Cuando estudiamos las perashiot que hablan sobre la venta de Iosef, es muy difícil liberar nuestras mentes de esa idea aceptada por la mayoría de la gente, que los hermanos de Iosef actuaron con “frialdad”, sin sentimientos hacia quien era, al final de cuentas, su propio hermano. Parecía que debido a los celos provocados por ese regalo tan especial que recibió de su padre, una demostración que dejaba traslucir una diferencia entre el amor que Iaacov tenía por Iosef, y el amor hacia los otros hermanos... Celos tan poderosos hasta el punto que al verlo, comenzaron a ver de qué forma podrían deshacerse de él. Existía la necesidad de matarlo, primero lo arrojaron a un pozo con serpientes y escorpiones, y después lo vendieron a los ishmaelim, provocando un terrible sufrimiento a un anciano padre (Iaacov Avinu), padre de todos, por supuesto, que tenía el alma “unida” al alma de Iosef, como lo expresa el versículo.

Pero debemos sacar este error de nuestros corazones, como explica el libro “Or Hatzafon” en base a las palabras del Seforno, que afirma, contundentemente, que todos los hermanos de Iosef eran hombres justos al extremo. No podría ser de otra forma, ya que sus nombres estarán escritos en el futuro, en la pechera del Cohen Gadol, sobre el “Joshen Hamishpat”, que estaba permanentemente frente al Bore Olam.

Esta condena a muerte en contra de Iosef, fue el resultado de un juicio exhaustivo basado en el principio: cuando vienen a matarte podés adelantarte y matar al opresor. Los hermanos de Iosef, las tribus sagradas, deliberaron y sometieron a juicio a su hermano y llegaron hasta las profundidades de la justicia. Así consideraron a Iosef como un asesino que los perseguía, con lo que lo declararon culpable, con pena de muerte incluída (así explica el Seforno, Bereshit 37,18).

Pero, más tarde, se revela que el veredicto no fue correcto, y no es culpa de ellos, ya que el juez tiene en sus manos sólo los elementos que sus ojos pueden ver (tratado de Baba Batra, 131), y eso, fue justamente lo que ellos vieron...

Y no fueron las únicas personas justas que se equivocaron en un juicio. El mismo Shmuel Hanavi, el profeta, considerado espiritualmente como Moshe Rabenu y Aharon Hacohen JUNTOS, con toda su visión, con su Ruaj Hakodesh, también se equivocó. El Tanaj escribe sobre él porque el hombre ve con sus ojos (Shmuel 16). Por eso, no podemos echar culpas sobre los hermanos de Iosef sobre este punto.

Veamos ahora lo que está escrito sobre Reuben: ...y escuchó Reuben y lo salvó de sus manos (de las manos de los hermanos) y dijo: no debemos matarlo (Bereshit 37,21). El Seforno explica que no fue en contra de los hermanos ni tampoco en contra del juicio con Iosef, simplemente les pidió que no se apuren a cumplir la sentencia, y así pudo salvar momentáneamente a Iosef.

Aunque, de todas formas, Reuben no podría salvar totalmente a Iosef, pudo solamente hacer que el tiempo pase, porque esto fue lo que aprendió Reuben del malentendido que hubo cuando llevó la cama de su padre a la tienda de su madre después de la muerte de Rajel Imenu. Hasta el mismo Iaacov se lo recuerda cuando le da la bendición antes de morir. Por esto aprendió que no hay que apurarse a hacer cumplir los juicios, porque si hay un error en el veredicto, después de aplicar la condena puede ser ya muy tarde para enmendar el error...

Y ahora tenemos una prueba muy fuerte, que nos confirma nuestro desarrollo, que los hermanos de Iosef hicieron un juicio correcto. Ellos estaban seguros de que estaban obrando adecuadamente. El Seforno nos dice que inmediatamente después de arrojarlo al pozo, se sentaron a comer pan (versículo 25). Si no estaban tan seguros de no haber cometido alguna equivocación, no podrían sentarse a comer tan tranquilamente y establecer una comida como es digna, con pan, con Netilat Iadaim, con Bircat Hamazon, todo como corresponde a personas justas como ellos...

Al haber considerado a Iosef como alguien que los perseguía para matarlos, aplicaron: todo el que se anticipa a matar seguirá viviendo.

Y el Seforno sigue confirmando esta idea también más tarde, cuando Iosef, ahora virrey de egipto, “juega” con sus hermanos para que se arrepientan de lo que hicieron. Allí, ellos reconocen haber pecado con su hermano en ese entonces, y un hermano le dijo al otro: esto nos pasa porque nosotros pecamos con nuestro hermano, lo vimos sufriendo, nos pedía por favor que lo salvemos, que lo saquemos del pozo, que no lo entreguemos en venta a los ishmaelim, y no lo escuchamos...

Pero ellos no se declararon culpables por el hecho en sí, de intentar matarlo arrojándolo al pozo o luego, con la venta de Iosef a los ishmaelim, ellos se culpan solamente por la fríaldad frente a las súplicas del hermano en sufrimiento, porque no lo escucharon...

También Jazal escribieron sobre la venta de Iosef, justificando a los hermanos que obraron con la justicia que tenían en sus manos, ya que así dice el Mishle: el equilibrio en el juicio está únicamente en poder de Hashem.

Y encontramos más en las palabras de Jazal, que tampoco fue un pecado para los hermanos el hecho de sentarse a comer pan, sino que al revés, esta comida vino a mostrar el gran mérito de que ellos fueron los que provocaron que Iosef pueda alimentar a todo el mundo en los años de sequía, de hambre. Y así dijeron los jajamim: el pecado de las tribus (la venta de Iosef), fue la esperanza para la humanidad...

Y los jajamim agregan más. Jazal dijeron que después de que los hermanos terminaron con la venta de Iosef a los ishmaelim, advirtieron, amenazaron y maldijeron a cualquiera que intente hablar al respecto de la venta y Hakadosh Baruj Hu se asoció con ellos! (ver Rashi sobre Bereshit 37,33 en nombre del Midrash Tanjuma). Es evidente, que si el Bore Olam se asoció con ellos hasta para maldecir a una persona, esto les daba la seguridad de haber realizado un buen juicio, que en este juicio no existía ninguna mala intención y que estaba inclinado solamente hacia la verdad, sin errores ni siquiera involuntarios. Tan perfecto debía ser todo para que Hashem se mostrara junto a ellos!

Y así como la Divinidad aceptó estar junto a ellos, también hubo un decreto del Cielo que confirmó las acciones de los hermanos, como está escrito después en la Tora, con las palabras del mismo Iosef: lo que ustedes pueden pensar que fue algo malo, Hashem lo programó para el bien, como vimos que pudimos alimentar a un pueblo hambriento.

Pero no todo estuvo tan bien, en el Cielo todo se descubre, y no se ve solamente lo que pueden ver los ojos, todo resulta visible, hasta los pensamientos. En el Cielo se encontró una pequeña falla en los corazones, había en los hermanos de Iosef un poco de celos, y está escrito en la Tora: y los hermanos tuvieron celos, y como no pudieron sobreponerse a esa falla, ésta fue contra ellos: porque el hombre mira los ojos y Hashem mira los corazones. Y vemos que esta falla en los corazones no provocó torcer el juicio, el juicio fue correcto a pesar del defecto, algo realmente inaceptable debido a la categoría espiritual de las “tribus de Hashem”, lo que provocó esta falla fue que a la vista de la gente veamos esta fríaldad en el accionar de los hermanos. Aunque el juicio fue verdadero, justo, pero la envidia hizo salir a flote la otra cara, la fríaldad...

Y hablemos ahora un poco de Iosef. Resulta más que claro que en su accionar con los hermanos no había ninguna mala intención, y todo su proceder y pensar era sólo para el bien. La Tora describe a Iosef como el “hijo de la ancianidad” (de Iaacov), o sea, el hijo de la inteligencia, como traduce el Onkelos. Y el Midrash dice que no sólo eran parecidos, Iaacov y Iosef, sino que hasta en la forma de conducirse eran como dos gotas de agua, y todo lo que Iaacov estudió en sus catorce años en la Ieshiva de Shem y Ever, se lo trasmitió a Iosef. Por eso la Tora afirma que Iaacov lo amaba más que a los otros hermanos, porque Iosef estudiaba con él permanentemente, y vio en él a una persona íntegra. Por él Iaacov amaba a Rajel, por él trabajó con lavan durante veinte años, y a través de él Iaacov debía transmitir la Tora para todas las generaciones que estaban por venir!!!

De la misma forma, cuando Iosef le cuenta a su padre sobre las acciones de sus hermanos, no existe ninguna mala intención en sus palabras, sino que buscaba nada más que el bien de sus hermanos, que se corrijan si había algo que corregir, que se arrepientan si era necesario el arrepentimiento.

Y Jazal vienen otra vez a corroborar nuestras suposiciones. Sobre Iosef está escrito que “trajo” Iosef las palabras y habló sobre ellos, y bastante más adelante, en la perasha de los espías dice que “sacaron” las palabras sobre la tierra.

Sacaron, explican nuestros jajamim, que los espías sacaron esas palabras de sus corazones, mientras que Iosef las trajo a su padre, ¿qué trajo?, trajo lo que tenía con él, y nada más, tampoco trajo las palabras para otras personas, trajo las palabras a su padre, para que intente corregirlos...

Hay mucho más para aprender de Iosef y sus hermanos, las tribus del Bore Olam, hombres justos, verdaderos, transparentes...

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Harav Guilad Hacohen ben Shmuel זצ"ל

 

 

 




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