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Shabat Shalom


No. 351-Tezavé-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס”ד

MOSHE RABENU SASTRE POR EXCELENCIA

Y harás las prendas sagradas para Aharon, tu hermano, en muestra de honor y belleza. (Shemot 28,2)

Y preguntamos: ¿para qué hace falta llamar a estas prendas, prendas sagradas?

En la perasha anterior, Teruma, cuando hablamos del Aron, de la Mesa o del Candelabro, nunca se llamaron sagrados, ya que, en verdad, todos los instrumentos necesarios para el Mishkan eran sagrados.

En el versículo siguiente vuelve a mencionar las prendas y no las llama sagradas, y otro detalle, primero dijo “y harás”, y después “hicieron”. Muchos quieren decir aquí que Moshe Rabenu tenía la orden de hacer las prendas y finalmente no las hizo él mismo.

Me parece, Besiata Dishmaia, dice el rabi Iosef Jaim Mibagdad ztz”l, en su libro “Od Iosef Jai - Derashot”, que podemos resolver los interrogantes a partir de la perashat Bereshit, después de que Adam y Java comieron del Arbol del Saber, con lo que sus ojos se abrieron y supieron que estaban desnudos...

De inmediato tomaron unas hojas de la higuera y se cosieron unas prendas para cubrirse. Ya conocemos como sigue la historia, Hashem llama al hombre y le pregunta dónde está. El hombre dice: escuché Tu Voz, y sentí miedo porque estoy desnudo, por eso me escondí. Y Hashem le pregunta: ¿quién te dijo que estás desnudo, acaso comiste del árbol del cual te prohibí comer? Todo esto lo resumimos en un ejemplo:

En la época de dominio árabe sobre la tierra de Israel, en un campo vivía un matrimonio iehudi. La mujer era muy inteligente y trabajadora. Ella trabajaba la tierra, atendía los animales, en fin, se encargaba del sustento de su marido, los hijos y todos los gastos de la casa con una gran bendición.

En contrapartida, el marido era un hombre simple, incapaz de hacer cosa alguna con sus manos, y estaba todo el día sentado sin hacer nada. Se sentía inútil y estaba avergonzado por ello, por lo cual, empezó a buscar algo para poder demostrar a todos que podía hacer cosas que nadie podía hacer! ¿Qué hizo?

Trajo tres palos de unos sesenta centímetros cada uno, no exactamente iguales, con un extremo más ancho, como acostumbraban ser los bastones de los árabes, en la parte superior del más largo escribió el número mil, en el mediano quinientos y en el más corto, doscientos cincuenta.

Después le dijo a la esposa que cada bastón tenía la predisposición para matar en un solo día, el número de personas que tenía escrito! Y así empezó a salir todos los días, cada día con uno de los bastones, a veces hacia el norte, otras veces hacia el sur, etc., y cuando volvía le decía a su esposa: “Hoy maté quinientas personas” (si había salido con el bastón que tenía escrito el número quinientos...).

Cada día, según el bastón que llevaba, decía haber matado determinada cantidad de gente. Desde luego, su esposa no creía una palabra de toda esta tontería y hasta lo despreciaba por lo que hacía, pero pensaba que pronto se le pasaría... Y le decía que si continuaría durante un año matando tanta gente los campos quedarían cubiertos de cadáveres.

El hombre continuaba con su juego y ella pensaba cómo hacer para terminar con eso.

Un día, sabiendo que rumbo tomaría su marido, se puso ropas que la hacían parecer un árabe, subió a un caballo, tomó en su mano la madera del horno que se usa para acomodar y romper las brasas, y se adelantó en el camino para volver y encontrarse con él.

Cuando lo interceptó, se le fue encima, y con su madera ardiente cortó en pedazos el bastón que él sostenía y se lo sacó. En seguida se escapó rumbo a su casa, y se sentó en su carpa esperando el regreso de su marido.

Cuando el marido llega, ella le pregunta dónde está su bastón “mata personas” y él comienza a relatar: hoy salí con el bastón que puede matar 500 personas en un día, pero, de pronto tenía frente a mí setecientas personas, el bastón mató a quinientos entre ellos, y se quedó sin fuerzas para seguir matando...

Los hombres restantes se abalanzaron sobre mí, me quitaron el bastón y se lo llevaron. Fue una lástima no haber salido hoy con el bastón que puede matar mil!!!

Dijo la esposa: el que te sacó el bastón y lo cortó con esta madera sabe todo lo ocurrido! El hombre se avergonzó mucho y no volvió a hablar tonterías...

Cuando Hashem creó al hombre, lo creó con una vestimenta, una piel “espiritual” que lo cubría completamente. Con esta piel, el hombre, formado de la tierra, totalmente material, de desconecta del materialismo y de los deseos, convirtiéndose en un ente puramente espiritual. Como si fuera una cápsula que envuelve a ese pedazo de materia y lo aisla del exterior.

En ese hombre “recubierto” el mal que se podía generar en su corazón, en su cabeza o a partir de la vista, no tenía como accionar. Cuando un deseo intentaba salir al exterior, la piel espiritual lo desintegraba...

Por eso, en ese hombre no existía diferencia entre una parte del cuerpo y otra, no existían partes íntimas, todo el cuerpo era igual, incluso no existía contacto corporal entre dos personas dada la característica especial de esa piel.

Cuando comen del Arbol del Saber, esa piel se separa del hombre y con ella se va toda la Santidad, toda la espiritualidad, y aparece la fuerza del deseo, aparecen partes íntimas en el cuerpo, y aparecen sensaciones nuevas y desconocidas hasta entonces. Aparece el deseo sobre cualquier cosa material...

Por eso, inmediatamente después de que comieron, está escrito que se abrieron sus ojos y supieron que estaban desnudos, y con hojas de la higuera cosieron prendas que pretendían ser las mismas prendas que vestían antes, pero, no eran las mismas prendas!

Las nuevas eran simples prendas hechas de “materia”. Esta nueva prenda no frenaba ningún deseo, y ellos se sentían desnudos aún cuando estaban vestidos, ya que estaban desnudos, carentes de la piel espiritual...

Cuando Hakadosh Baruj Hu le pregunta al hombre dónde está, quiere saber dónde está la piel original que Hashem le hizo, porque ahora lo ve cubierto con una piel falsa, la piel hecha con el mismo árbol del que comió (según una de las posturas de Jazal). Y el hombre le contesta que sintió miedo porque ahora estaba desnudo de esa virtud de pureza que Hashem le había entregado...

Parecido a esto fue la pregunta que le hace la mujer al marido: ¿dónde está tu bastón virtuoso? Y después le muestra quién fue, quién se lo cortó en pedazos...

Así Hashem le pregunta al hombre quién fue el que le sacó la piel espiritual, ¿acaso no fue el mismo hombre?

Después Hashem le hace una nueva vestimenta al hombre, pero ya no será la misma (la primera era “Or”, con alef, y la nueva es “Or”, con ain).

Las personas piadosas de todas las generaciones, especialmente de las primeras, hicieron siempre “arreglos”, por medio de estudios, cambio de cualidades, etc., para corregir y mejorar nuestras prendas, tratando de transformar la “ain” y hacerla otra vez “alef”.

Así podemos entender por qué Iaacov Avinu cuando reza en el Har Hamoria pide pan para comer y ropa para vestir, el pan que comía Adam Harishon antes de pecar (también espiritual) y la ropa original que vistió el primer hombre. El crecimiento espiritual de Iaacov había sido tan grande y por eso ahora pedía estas prendas...

Y harás prendas sagradas para Aharon, tu hermano, no se refiere a las ocho prendas que debía vestir el Cohen Gadol. Hashem le pedía a Moshe que haga para su hermano prendas santas (que deberían ser como las originales), que servirían para darle luz al hombre, Hakadosh Baruj Hu le dice a Moshe Rabenu que serán para honrar e iluminar el alma que ese cuerpo lleva dentro! Y también para darle belleza al cuerpo (exterior) que cubre el alma (interior).

El cuerpo de Aharon Hacohen era muy especial, era puro y santo, por eso, vistiendo las ocho prendas que vestía el sumo sacerdote, podía hacer solamente buenas cosas. Con esas prendas conseguía que Hashem perdone a las personas en ocho clases de pecados.

Y está escrito “y harás”, esto recae sobre la vestimenta espiritual que no la podía hacer cualquiera. Moshe era el único que podía hacer estas prendas porque conocía los secretos del Bore Olam, y la fuerza y el poder de estas prendas.

Después Hashem puede ordenar a otros que “hagan” las ocho prendas sobre las que no se dicen “santas”, estas ocho prendas se “harán”, no como las prendas espirituales que son sagradas y hechas por Moshe. 

Od Iosef Jai - Derashot.

Todos los días, por la mañana, Hakadosh Baruj Hu nos entrega nuevamente el alma, pura y renovada, después de que pasa, mientras dormimos, por una “purificadora” especial que está en el Cielo, y nosotros, todos los días, devolvemos el alma sin querer mirar en qué condiciones… Podemos mejorar, siempre podemos mejorar, y procurar que la gran purificadora tenga menos trabajo y que siempre tengamos el alma pura, hasta los ciento veinte años, tal cual como cada mañana nos la entrega Hashem, con su inmenso favor… No es imposible, y será lo mejor para nosotros y para todos los que nos rodean…

Leiluy Nishmat Harav Hagaon Daniel Ben Sara זצ”ל




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