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Shabat Shalom


La Nueva Hoja-Vayakel-19
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

¿EL QUE NACE PARA PITO, NO LLEGA A CORNETA? 

LA CLAVE DEL EXITO: PONER EL CORAZON

El éxito, una de las cosas más buscadas por la mayoría de las personas. ¿Quién no quiere el éxito? El alumno en su estudio, el comerciante en su negocio, el trabajador en su ocupación, cada uno busca para sí mismo, en cualquier cosa que emprenda, lograr el éxito. Lo que nosotros nos preguntamos, es si hay una fórmula, una regla, un secreto o un camino a seguir para conseguir el éxito, aparte, por supuesto, de la Tefila y de la esperanza de tener Siata Dishmaia.

Entonces, buscar un camino hacia el éxito, es un tema considerablemente importante, y lo principal en todo lo concerniente con el éxito es el estudio de la Tora y la elevación permanente en Irat Shamaim. Contrariamente a lo que piensan muchas personas, que para llegar hace falta una inteligencia prodigiosa y aptitudes especiales, por lo cual quien no cuente con la gracia de Hashem, y no haya recibido “de nacimiento” condiciones particulares, jamás tendrá la posibilidad de ser exitoso en la vida, como alguna vez escuchamos: el que nace para pito, nunca llega a corneta... Desde ya que esta no es nuestra postura, vamos a demostrar que las puertas del éxito están abiertas para quien lo desee y se lo proponga...

Volvemos a preguntar, ¿cuál es la fórmula para el éxito? ¿Dónde podemos encontrar la llave para abrir sus puertas de forma de conseguir todas las cosas que pretendemos? Tenemos para esto que aprender de la generación del desierto. Antes de comenzar la construcción del Mishkan (Tabernáculo), Moshe Rabenu proclamó a todo el pueblo de Israel: “todo Jajam Leb (corazón sabio, o persona que tenga el corazón abierto y dispuesto para cumplir con las órdenes de Hashem) que venga para hacer todo lo que nos ordena Hashem” (Shemot 35). A continuación, vemos que para los trabajos del Mishkan eran necesarios conocimientos y experiencia en muchísimos ramas de la ciencia, como ser: calculos de ingeniería, procesamiento de metales, como trabajar el oro, la plata y el bronce..., carpintería y todo lo relacionado con la madera, elaboración de colores para teñir telas, trabajos con mármol, etc., etc.

En esa época, en el pueblo de Israel, ¿podíamos encontrar artesanos, ingenieros, químicos, con la capacidad suficiente para cubrir todas las necesidades de la construcción del Mishkan? La respuesta es obvia. Todos salieron de egipto, donde estuvieron trabajando durante muchísimos años como esclavos, haciendo ladrillos con paja y barro. Ninguno tuvo la mínima enseñanza profesional, ¿cómo pudieron entonces realizar todas las tareas que se les pidieron?

El Ramban nos trae la respuesta de un versículo: “y vino todo hombre que entregó su corazón...” (podemos decir que esta es la explicación de la expresión: Jajam Leb). Dice el Ramban: el hecho de entregarse facilitó el trabajo, ya que no había entre ellos nadie que haya estudiado una profesión ni tampoco alguien que pudiera enseñarles, encontraron en forma natural el camino para hacer: entregaron sus corazones al camino de Hashem y cada uno le dijo a Moshe: “yo haré todo lo que se me ordene...”

Así de simple, parece, el camino hacia el éxito.

Dijo el rab Ierujam, mashguiaj de la Ieshibat Mir en su libro “Daat Tora”, confirmando las palabras del Ramban: no tenían ninguna experiencia en estos trabajos, no se imaginaban tampoco cómo hacerlos, pero igualmente le dijeron a Moshe Rabenu, “estamos preparados, emprenderemos la tarea y ¡lo lograremos!”

Aprendimos que el primer paso en el camino del éxito es “empujarse” a sí mismo, tener una fuerte fe y confiar en las posibilidades personales. El estudiante, el comerciante, el profesional, el que no cree que “puede”, está muy lejos de poder alcanzar algo. En cambio, si decidimos y nos decimos a nosotros mismos que estamos preparados para triunfar, dimos un gran paso hacia el éxito. Esto tiene más valor que las mismas aptitudes que podamos tener. Ya que quien sí tiene grandes aptitudes pero no cree que puede, tampoco sus aptitudes podrán ayudarlo. Y quien es débil en cuanto a posibilidades, conocimientos y experiencia, pero, se propone alcanzar la meta, el camino se “abre” delante suyo.

El gaon, rab Naftali Tzvi Iehuda Berlin ztz”l, Rosh Ieshiva de Voloshin, escribió gran cantidad de libros. Cuando salió a la luz su libro “Haemek Sheela”, hizo una gran fiesta a la que invitó a muchos talmide jajamim. Cuando la mayoría estuvo presente se dirigió a todos con las siguientes palabras:

Ustedes se preguntarán el por qué de esta fiesta, y ahora es el momento de explicarles. Cuando era chico, los estudios me resultaban muy difíciles, y dentro de la ieshiva, estaba considerado entre los estudiantes más “flojos”.

Un día escuché que mi padre derramaba su sufrimiento y le decía a mi madre: toda la vida intenté y tuve la esperanza de que nuestro hijo Naftali Tzvi crezca y llegue a ser un gran Talmid Jajam, pero por lo que veo ahora, el muchacho no tiene las suficientes aptitudes. Lo mejor sería enseñarle un oficio para que sea un buen trabajador y se ocupe de las necesidades de la comunidad, siendo un buen iehudi y que ayude a los demás, ya que a ser un Talmid Jajam como aspiré que sea, nunca llegará...

Cuando escuché estas palabras, el sufrimiento de mi padre golpeó mi corazón. En ese mismo instante decidí intentar con todas mis fuerzas, darle duro al estudio, y tratar de subir y subir en Tora. Entré en la habitación en la que estaban mis padres y les anuncié mi decisión. Y en verdad, desde ese día, volqué todas mis fuerzas al estudio, y los resultados están a la vista...

Todavía pueden preguntarme cuál es la relación entre este relato y la fiesta en la que estamos presentes. Quiero decirles que yo podía haber elegido para mi vida, aceptar el yugo de la Tora. Podría haber sido un buen iehudi, puede ser que hubiera sido un sastre o un carpintero que tendría sus tiempos fijos para estudiar Tora. Pero, cuando después de los 120 años, llegaría el día de mi muerte, mi alma subiría y se encontraría frente al Tribunal Celestial. Me van a preguntar: ¿fijaste tiempos para estudiar Tora? La respuesta es que sí, y explicando cómo es el orden de mi día, hay que comprender que estuve muy ocupado para poder conseguir el sustento de mi familia y también me ocupé de hacer muchos favores a los miembros de mi comunidad, y, en el tiempo restante, fijé tiempos para estudiar Tora...

De pronto, el mismo Hakadosh Baruj Hu se para frente a los libros “Haemek Sheela”, “Meromei Sade” y “Haemek Dabar” y me dice: Podías haber escrito estos libros, ¿por qué no lo hiciste?

¡Qué vergüenza! Por eso mi gran alegría. Porque puse toda mi fuerza, todo mi corazón y decidí que yo, que yo estaba dispuesto y preparado, que podía crecer en Tora. Esta decisión me elevó mucho en Tora y me hizo llegar...

Esto es sólo un ejemplo para nosotros de lo que significa poner el corazón y ver hasta dónde podemos llegar... La decisión de un joven que se dijo a sí mismo: “yo puedo...” La decisión que convirtió a un chico del montón en uno de los grandes de la Tora, el Rosh Ieshiva de Voloshin...

Reiteramos entonces, qué importante es la fe en poder llegar a la meta, todo depende de la voluntad que pongamos en alcanzar el objetivo. El que realmente quiere subir y avanzar, se autoempuja a poder hacerlo. De esta forma vemos que está en cada uno de nosotros la posibilidad de llegar, es algo definitivamente personal, como está escrito: en tu boca y en tu corazón para hacerlo... Y esto no tiene nada que ver con las aptitudes de cada uno, una super persona sin voluntad, no llega a ningún lado, y otra persona que quiere de verdad, aunque sea normal (como ya dijimos, del montón), tiene la llave en su mano...

La importancia que tiene la voluntad la podemos aprender del siguiente relato:

La Ieshiva de Voloshin esperaba un gran visitante, toda la Ieshiva estaba revuelta por la llegada del rab hagaon Eizel Jarif. Todos los Talmidim estaban ansiosos y se aprestaban a correr y ser de los primeros en hablar palabras de Tora con el rab. Mientras tanto, se corría la bolilla que el rab venía para buscar un novio para su hija. Se puede comprender que todos querían caer bien con el rab, ¿quién no querría ser el yerno del rab Eizel?

Lo primero que hizo el rab Eizel al llegar fue plantear una pregunta muy fuerte para todos los alumnos. De inmediato se formó una fila frente al rab, de muchachos que querían demostrar sus fuerzas dentro de la Ieshiva. Pero, como era la costumbre del rab, comenzó a deshechar respuestas y respuestas que le traían los ansiosos alumnos. Así pasaron dos días, y la pregunta seguía en pie!!! Ninguno de los Talmidim pudo satisfacer la pregunta del rab...

El rab se preparó para volver a su casa, contrató un carro y puso todo su equipaje sobre él. Ya listo para irse, se despidió del Rosh Ieshiva y todos los Talmidim salieron a despedirlo. El rab se sentó en su lugar y el conductor comenzó a mover el carro. De pronto, uno de los estudiantes intercepta el coche, y le pide al conductor que detenga por un instante la partida de tan importante visitante. Rab Eizel se anticipa y le pregunta al muchacho: ¿acaso tenés la respuesta a mi pregunta? No, contestó el bajur, pero quiero saber cuál es la respuesta, porque en verdad es una gran pregunta.

Vení, le dijo el rab, subí al coche y te voy a dar la respuesta. Después de darle la respuesta el rab agregó: Vos vas a venir conmigo, te quiero como yerno...

¿Qué es lo que vio el rab en este muchacho? El estaba entre los que se puso en la fila para contestar y su respuesta no fue buena. ¿qué fue lo que le hizo decidir ahora? El bajur demostró la voluntad verdadera de saber. El muchacho seguramente pensó: el mérito de ser el yerno del rab ya lo perdí, como el resto de mis compañeros, ¿también tengo que perder la posibilidad de saber la respuesta a la pregunta?

Y el rab también sabía cuán grande es la voluntad por saber, por eso lo eligió, porque con voluntad, las posibilidades del éxito aumentan exponencialmente. Con el tiempo, este muchacho fue conocido como uno de los grandes de la Tora, que ocupó el lugar de su suegro después que éste falleció.

 Ahora conocemos la fórmula: una fuerte voluntad, con la convicción firme de poder, acompañados de mucha Siata Dishmaia.

Lekaj Tob.  

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

Harav Hagaon Daniel Ben Sara זצ”ל




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