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Shabat Shalom


No. 359-Metzorá-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס”ד    

SALVAR NUESTRA LENGUA DEL MAL

Imaginemos las palabras de un muchacho de los tantos que salieron de egipto, un muchacho de la generación del desierto: Aquí estoy solo, sentado sobre una piedra, al lado de mi carpa... En este lugar tan solitario, llevo hasta ahora siete días sentado... Al principio, todo parecía igual, no parecía haber diferencia entre estar sentado aquí o en el campamento, con todos. Pero la cabeza está en funcionamiento, y de pronto, me enojo conmigo, por un lado, o, aparece esa extraña cualidad llamada orgullo o soberbia, por el otro, que me confunde, que no me deja reflexionar, que no me permite ver dónde está la verdad. Ahora yo sé, que me decretaron separarme de mis padres por un tiempo, de mi familia, de todos mis amigos. Mi sufrimiento es muy grande...

Sí, me apartaron del campamento. Todavía está fresco en mi mente el momento de la partida. Pero, no adelantemos los acontecimientos. Tratemos de ordenar el relato...

Todo comenzó con la enfermedad en mi piel. Y mi padre no llamó a ningún médico para que me revise, sino que trajo al “Cohen”, que estudió la enfermedad en mi piel durante días. Yo veía la expresión de preocupación en su cara, y después de que descubrió que en la herida había un pelo blanco, se dio vuelta hacia mi padre y le dijo: si me hubieran llamado antes, hubiera alcanzado con un tratamiento sencillo, ahora no tenemos posibilidad de elegir, debemos enviar al muchacho fuera del campamento...

El escenario se transformó de inmediato, mis padres quedaron en un silencio que hacía temblar la tierra. Yo quedé ahí parado, perplejo, como pensando, hasta que se me acercó mi padre para explicarme y acompañarme hasta fuera del campamento. El me aseguraba que esto era por muy poco tiempo, que volvería a buscarme pronto, y aquí sigo, sentado sobre la piedra...

Siete días que llevo aquí y parece que fuera un año. Nadie viene a visitarme, ni tengo permiso para encontrarme con otras personas (impuras como yo) que también están solas. Sólo, solamente acompañado por mi pensamiento, y tengo mucho tiempo disponible para pensar, analizar. Vuelvo atrás algunas semanas, y lentamente, se van creando las “fotografías” delante de mí. Recuerdo como hablé Lashon Hara (maledicencia) sobre fulano. Es posible que me hayan advertido de no hacerlo y reprendido después, y, recibí el reproche, entendí el mensaje, y detuve mi lengua. Pero con el correr de los días, las advertencias y los reproches se convirtieron en “palabras”, y no pude contenerme y volví a caer. Esta vez no fue Lashon Hara, fue Rejilut (chismes): le conté a Reubén, lo que dijo sobre él su “amigo” Shimon, y provoqué que se pelearan entre ellos. Al poco tiempo de estos hechos, comencé a sentir una sensación extraña, al principio en mis manos, y vi algunos cambios en la piel. Intenté esconderlo, que mis padres no lo vean, pero las manchas se hacían cada vez más visibles, y no pude evitar que todos se dieran cuenta, estaba leproso, y lo que sigue, ya lo sabemos...

Ahora estoy sentado solo, fuera del campamento, y siento el gusto amargo de lo que significa que una persona se separe de su compañero. Está escrito: “Mi Haish Hajafetz Jaim...”, ¿quién es el hombre que quiere la vida?... El que frena su lengua para no hablar el mal y sus labios para que no hablen cosas desagradables... busca la paz y la persigue. Todo esto “baila” sobre mi cabeza día y noche. Es una semana en la que estudié, estudié y..., estudié las leyes sobre el Lashon Hara y sobre el cuidado de lo que se dice, y ahora, estoy acá sentado esperando, con la esperanza de que venga el “Cohen” y que diga: muy bien, la lepra está curada, desapareció. Y ahora puedo volver al campamento, pero no de la forma que vine, ahora soy digno de varios calificativos: soy el que quiere la vida (Hajafetz Jaim), soy el que cuida la forma de hablar (Shemirat Halashon), soy el que ama la paz y la persigue, ama a las personas y las acerca a la Tora (Oheb Shalom Verodef Shalom, Oheb Et Habriot...). Todo esto soy yo ahora que pude volver...

Y así se curaban las personas del pecado del Lashon Hara en esas épocas. Se curaban por el Itorerut, despertar, por la toma de conciencia, el arrepentimiento, la promesa de corregirse, ese era el tratamiento contra la lepra. Y ahora, que no tenemos al Cohen, que no tenemos al Navi (profeta), ¿qué podemos hacer?, está escrito que quien tenga una herida o una mancha de lepra deberá mostrársela al Cohen. Y el Cohen de nuestros días es, sin duda, rabenu Israel Meir Hacohen ztz”l, que con sus libros “Jafetz Jaim” y “Shemirat Halashon”, nos despiertan y enseñan todos los pormenores del Lashon Hara, que es tan grave.

En el prólogo del libro “Shemirat Halashon”, nos trae dos preguntas que en realidad es una sola, y la respuesta despierta la preocupación de esforzarnos en el cuidado de los pecados referentes al habla. La primera pregunta: está escrito “Shomer Piv Ulshono, Shomer Mitzarot Nafsho” (Mishle 21), el cuidar la boca y la lengua, protege de los sufrimientos del alma, entonces, ¿acaso exclusivamente el cuidado de la boca y lengua protegen el alma?, ¿no hay otras cosas que la protejan? Y vuelve la pregunta sobre ella misma con el siguiente versículo: “Mi Haish Hajafetz Jaim...” (Tehilim 34), quién es el que quiere la vida... el que frena su lengua frente al mal, y a sus labios de hablar..., ¿acaso con sólo frenar nuestra boca y lengua tenemos asegurada la vida? También los versículos que siguen: “Sur Mera Vaase Tov...”, abandonar el mal y hacer el bien..., se refieren al mismo tema.

Dice el Jafetz Jaim, es sabido que en todas las personas hay 248 miembros y 365 tejidos, que crecen y se desarrolan gracias a la comida que ingerimos. En contrapartida hay, en la Tora, 248 preceptos “positivos” (o preceptos de hacer), frente a los 248 miembros del cuerpo, y 365 preceptos “negativos” (o preceptos de no hacer, o prohibiciones), frente a los 365 tejidos. La explicación de esta extraña coincidencia matemática, aparece en el libro de Iob (cap.10) en el que dice que la piel, la carne, los huesos y los tejidos se denominan vestimenta, nos cubren, y de aquí aprendemos que su finalidad es cubrir, vestir con su materialidad a nuestra alma espiritual.

Y cada tejido o miembro material tiene su correspondiente precepto relacionado con él, así, por ejemplo, cuando corremos al Beit Hakneset para rezar, en el futuro, la Luz de Hashem iluminará el miembro o tejido relacionado con ese precepto. Esta Luz, es el alimento de cada miembro y tejido, y es lo que le da Santidad. Tenemos que cuando una persona cumple todos los 248 preceptos positivos, se convierte en un hombre completo que se ha santificado con todos sus miembros al Creador. Entonces, si realmente queremos llegar al mundo de la Verdad sanos y completos con todos nuestros miembros espirituales, está solamente en nosotros cumplir con los 613 preceptos como corresponde, para no llegar, Jas Veshalom, al Olam Haba, defectuosos o con fallas.

Dos de los principales miembros de la persona son la boca y los oídos. La realidad muestra que cuando una persona peca con sus palabras o con lo que escucha, esto le provoca un gran sufrimiento y vergüenza. Más todavía, si esta persona es sorda y muda, lo alenu, mucho mayor será el sufrimiento. Encontramos que cuando una persona habla y escucha Lashon Hara, él lastima su boca y oídos espirituales. ¡Cuán mayor, ahora, será el pesar que tendrá en el mundo futuro, cuando llegue con la boca y los oídos “fallados”!!! ¡Cuánta será la vergüenza que entre al Gan Eden sordo y mudo!

Esta es la respuesta del Jafetz Jaim a las dos preguntas. El que habla Lashon Hara, seguramente también escucha Lashon Hara, ya que el Lashon Hara que escucha es la “materia prima”, que utilizará después para hablar más Lashon Hara. Si primero no escucha, no tiene después de qué hablar. Es por esto que Jazal nos previenen tanto sobre el cuidado de la boca y la lengua, porque su cuidado nos trae vida, y su abandono provoca sufrimientos y vergüenza. Si no nos cuidamos de escuchar y hablar Lashon Hara en este mundo, llegaremos, jalila, sordos y mudos al Olam Haba, y cuánta será la vergüenza!

En verdad, el cuidado en el habla tiene una gran finalidad no solamente para el mundo futuro, sino también en el mundo material. Los jajamim nos explican esto con un Midrash conocido sobre rabi Ianai, que estaba sentado estudiando en su casa y escucha los gritos de un vendedor ambulante que proclama: ¿quién quiere la medicina para la vida? Rabi Ianai observa a través de la ventana y se asombra de la cantidad de gente que se amontona alrededor del vendedor, y le pide, desde la ventana, al vendedor, que le venda a él también el remedio para la vida. El vendedor le dice: vos y los que son como vos no necesitan esta medicina. Pero el rab le insiste, entonces el vendedor se le acerca, saca de su bolsillo el Sefer Tehilim, lo abre y le muestra el versículo: “quién es el que quiere la vida...”, y qué es lo que está escrito después: “...aleja su lengua del mal y sus labios...”. También Shelomo Hamelej proclama: “el que cuida su boca y su lengua se protege de los sufrimientos del alma”. Dijo rabi Ianai: toda mi vida leí estos versículos y nunca supe algo tan simple, hasta que vino un simple vendedor ambulante y me lo descubrió. Por eso Moshe Rabenu advierte al pueblo de Israel: esta es la ley del leproso..., la ley para el que saca un mal nombre de su boca... (Vaikra Raba 16,2).

Muchos preguntan: ¿qué fue lo que le mostró el vendedor a rabi Ianai?, y contestaron de las formas más variadas que podamos imaginar. El rab Reuben Catz ztz”l dijo que le demostró a rabi Ianai que el cuidado en el habla trae una vida linda y ordenada, por eso dice: el castigo de sacar al leproso fuera del campamento, por hacer Lashon Hara, tiene una doble connotación.

Primero, mida kenegued mida, le pagamos con la misma moneda, o sea, a la persona que acostumbra hablar mal de otras personas, mostrar sus falencias a todo el mundo, le es propenso que lo aíslen, para que pueda hacer un balance de sus acciones y se pueda arrepentir...

Segundo, agregamos enseñanza. Sentarse fuera del campamento por una impureza, le enseña a ordenar su vida en este mundo. ¿Cómo? Toda su costumbre de hablar mal de otros, genera un odio hacia él mismo en toda la sociedad, y él necesita saberlo. La gente no lo considera honesto, se alejan de él, y su personalidad pierde simpatía y valor hasta frente a su propia familia. El separarlo de la sociedad por un determinado tiempo, llevarlo fuera del campamento, solo, le hace ver el valor de lo que representa una “vida sana” dentro de la sociedad, con sus padres, con su familia, con su gente.

Podemos decir que esta es la novedad que descubrió rabi Ianai. Hasta que llegó el vendedor rabí Ianai suponía que el versículo “Mi Haish Hajafetz Jaim...” hablaba solamente de espiritualidad, es decir, que el Shemirat Halashon nos protege únicamente del castigo y la vergüenza en el mundo de la verdad, y nos da el mérito para una vida eterna en el Olam Haba. Por eso, vale la pena ser un Tzadik (justo) y cuidarse de esto. Pero calificar al Shemirat Halashon como “Sam Hajaim” (medicina para la vida), abre delante de rabi Ianai una nueva perspectiva a sus ojos. Cuando el vendedor proclama “quien quiere la vida” todos suponen que está vendiendo algo que tiene fuerza para alargar y disfrutar nuestra vida, y cuando rabi Ianai escucha eso, que la intención de los versículos es para este mundo, agrega una nueva dimensión a la necesidad de cuidar nuestra forma de hablar, ahora entiende que con esto somos merecedores en este mundo de una vida de sociedad con paz y tranquilidad, con verdadero amor y amistad, para con nuestros familiares cercanos y los no tan cercanos...

Todo cambia, el cuidado del habla trae aparejada una vida tranquila, silenciosa, apacible. En una sociedad en la que su gente estudia y aplica el Shemirat Halashon no hay lugar a sospechar que alguien dijo algo de otro a escondidas, ni tampoco, cuando alguien hizo algo no del todo correcto, el protagonista de la equivocación no va a pensar que todo el mundo se enteró, ya que nadie se preocupa ni por hablar ni por escuchar asuntos que no sean los propios.

Esto sólo se puede conseguir con el estudio de las leyes de Lashon Hara y Rejilut, para fortalecernos en su cumplimiento. Sin estudiarlas es muy fácil caer, ya que en cada oportunidad que se presenta, son muchas las particularidades y los detalles a tener en cuenta.

Dice el Jafetz Jaim, si no estudiamos continuamente de qué forma debemos hablar, ¿cómo podemos decidir en cada ocasión en la que tenemos que elegir hablar o no hablar, escuchar o no escuchar?, ¿cuántas cosas tenemos que poner en la balanza?, si la persona está presente o no, si lo que digamos o escuchamos producirá algún daño, si es necesario escuchar porque es algo que si no lo escuchamos seríamos nosotros los perjudicados, y, por supuesto, no creer nunca lo que nos digan cuando nos hablan de otra persona, solamente sospechar si es algo que nos incumba para más tarde intentar esclarecerlo... en fin, no intentemos escribir en 10 renglones lo que el Jafetz Jaim escribió en un libro entero. Abramos el libro y empecemos a estudiar, el premio es fabuloso...

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Harav Arie Halevi Bloj זצ”ל




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