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Shabat Shalom


No. 365-Emor-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



B"H

OJOS QUE VEN Y CORAZON QUE NO SIENTE


“...y el Cohen Hagadol entre sus hermanos…” (Vaikra 21,1)


Y preguntan Jazal (nuestros sabios de bendita memoria) en el Midrash Raba (26,9), ¿por qué al más elevado de los Cohanim se lo llama Gadol? Porque es más grande que los demás en cinco cosas, en sabiduría, en fuerza, etc. ¿En fuerza, acaso es más fuerte? Veamos lo que ocurrió con Aharon Hacohen, que cuando tuvo que “consagrar” a los Leviim, nombró veintidós mil Leviim en un solo día. ¿Cómo era este proceso? A cada uno de ellos lo llevaba, lo traía, lo subía y lo bajaba, con lo que vemos que tenía una gran fuerza...

Y tratemos de pensar cuál era la necesidad de que el Cohen Gadol sea grande en cuestión de fuerza, ya que estamos hablando de fuerza física, y a pesar de que la fuerza puede ser una virtud en el hombre, el profeta ya dijo (Irmiahu 9,22): que no se enorgullezca el fuerte con su fuerza, con lo que vemos que para el profeta, la fuerza física no significa nada, con lo que ni siquiera haría falta decirlo, por todo esto, necesitamos profundizar para saber cuál era la necesidad de la fuerza en el Cohen Gadol.

Y sobre la profecía, nombrada en la Guemara, en el tratado de Nedarim (38a), encontramos que Hakadosh Baruj Hu solamente hace reposar Su Divinidad en los fuertes..., ¿y el profeta, para qué necesita la fuerza?

En cambio, parece que el Rambam piensa diferente, escribe (Iesode Hatora 7,1) que la profecía la vemos solamente en una persona muy sabia, con fortaleza espiritual, o sea grandes virtudes que no permiten que el ietzer hara tenga la mínima intervención en sus asuntos, o dicho de otra forma, que este hombre siempre domina y se fortalece sobre su ietzer, logrando concretar su voluntad.

Y en la explicación del “Migdal Oz” explica que esto se deduce de la Guemara que nombramos en el tratado de Nedarim, pero vemos que el Rambam dice que el fuerte es fuerte en cualidades, como también lo dice el Pirke Avot (cap.4 Mishna 1): ¿quién es el fuerte?, el que domina su instinto. Y de inmediato salieron a discutir el “Kesef Mishne” y el “Lejem Mishne” para decir que en la Guemara Nedarim, no habla de fuerza mental sino simplemente como se lee, se refiere a la fuerza física. Y la prueba la traen de Moshe Rabenu, que tomó con sus manos las Tablas de la Ley, las arrojó y se rompieron, y sabemos que no eran para nada livianas, ya estudiamos sobre sus medidas con lo cual probamos de qué tipo de fuerza estamos hablando.

Y para resolver esta discusión, traeremos una nueva explicación sobre la concepción de la fuerza (aunque estemos hablando de la fuerza física), y a quién se lo llama “fuerte”.

Y esta es la afirmación de Shlomo Hamelej: pasé sobre el campo del vago, no estoy diciendo que estoy dudando sobre las cosas que escuché de otras personas, sino que yo pasé, en persona, y vi con mis ojos su campo abandonado, su pobre viñedo. Así yo puedo saber cuáles serán las consecuencias, el campo se llenará de espinas y pastizales que arruinarán su producción, los cercos no estarán completos. Y no alcanza decir que es una predicción, sino que es una afirmación comprobada y pensada, Shlomo afirma que esto es así y nos da la solución para que, al que le pasó no le vuelva a ocurrir, y para prevenir al que no le pasó: después de ver esto, prestar atención, fijar los conceptos en el corazón, entender que todo depende de mi predisposición, cuál es mi obligación y qué aprendo de estas cosas. La prueba exacta está en Moshe Rabenu, que salió y anduvo entre sus hermanos y vio su sufrimiento (Shemot 2,11), puso sus ojos y su corazón, y sintió el sufrimiento del pueblo como si fuera propio, según las palabras de Rashi.

Entonces, cuando ya comprendimos todo, pude ver y aprender la lección, cuando las cosas llegan al corazón, las podemos ver con ojos nuevos, sin dudar, y la prueba de esta nueva visión es que aprendí la lección, lakajti musar, porque nuestro objetivo es reconocer, aceptar el reproche para poder crecer.

Tenemos aquí un mecanismo que no debe fallar, lo que vemos con nuestros ojos, es procesado por la mente y transportado hasta el corazón, así llegamos al punto donde aprendemos la lección, aceptamos el reproche, y ésta es una adquisición espiritual que nos aleja de esa terrible cualidad, la vagancia (que a veces tanto nos gusta)...

Y decimos que esto es absolutamente necesario, aseguramos que no alcanza ni con ver ni con reconocer algo, todo tiempo que las cosas no llegan al corazón, en general no se llevan a la práctica, ya que la mente de la persona no la obliga a ejecutar la acción, solamente el corazón es el que pone “manos a la obra”...

Ya vimos lo que pasó con los egipcios (aunque, en realidad, no acostumbramos a tomar ejemplo de la conducta de otros pueblos, en este caso resulta relevante), está escrito que no prestaron atención a las palabras de Hashem y abandonaron a sus esclavos y a su ganado en el campo (Shemot 9,21). Todos los egipcios ya habían comprobado, y visto con sus propios ojos sobre todo lo que Moshe Rabenu prevenía, que todas sus palabras eran verdaderas, cada una de las plagas sobre la que Moshe le advierte al faraón, llegaba tal cual sus palabras, y ahora Moshe había dicho que el que quisiera conservar a sus esclavos y a su ganado, que no lo deje en el campo, al aire libre, porque moriría a causa del granizo.

La Tora enfatiza y nos hace la revelación, los egipcios no abandonaron sus pertenencias (esclavos y ganado), como quien se deshace de un bien dejándolo sin dueño, ni tampoco el motivo fue que no creyeron en las palabras de Moshe, el problema fue el no prestar atención, el no tomar lo que la mente comprendió y depositarlo en el corazón, para poner en marcha los mecanismos de defensa, si el corazón no siente, no importa cuánto los ojos vieron...

Y sabemos, que el haragán tiende a validar su haraganería, por ejemplo, diciendo que tal trabajo supera sus fuerzas, o que para él resulta imposible su realización, y que después de un gran tiempo o esfuerzo no llegará a nada concreto...

Podemos asegurar que todo esto es mentira, y el Ramban se encarga de confirmar que las palabras del vago son un invento. En la construcción del Mishkan está escrito que vendrá toda persona que quiera poner el corazón, que tenga voluntad de trabajar (Shemot 35,21). Allí explica el Ramban que no existía en esa generación ni gente con oficio ni con estudio, ni quien enseñe qué hacer, ni siquiera alguien que los pueda ayudar, lo que sí había era gente que entregaba su corazón para seguir los caminos de Hashem, ellos se acercaron a Moshe y le dijeron: estamos dispuestos a hacer lo que nos pidas...

No existe cosa más dificil que el trabajo del Mishkan, ideas y pensamientos para trabajar el oro, la plata y el bronce, pulir las piedras, trabajar la madera, etc. (Shemot 35,32). Resulta comprensible, que el que no tuvo un entrenamiento, o un estudio previo, no puede, de ninguna manera, tener éxito en la realización de trabajos tan difíciles. Sin embargo, vemos que el que puso su corazón en los caminos de Hashem y el que le dice a Moshe que hará lo que él le pida, logra sus objetivos y avanza en la construcción del Mishkan de Hakadosh Baruj Hu!!!

Y así ocurre con todos los asuntos espirituales, todas las cosas que nos proponemos hacer o también las cosas a las que estamos obligados, no digamos no puedo o no estoy dispuesto, pongamos en marcha el corazón y dirijámoslo por los caminos de Hashem, y veremos como aparece la fuerza necesaria para hacer...

Otra grave enfermedad existe en la vagancia, también cuando uno se propone finalmente hacer algo, no tiene ningún apuro y continuamente lo pospone una y otra vez. Dice el Mesilat Iesharim que no hay peligro más grande que éste, porque en cada momento aparece un nuevo impedimento que nos permite llegar a un buen logro. Y encontramos en nuestros Avot Hakedoshim que siempre se apuraron para hacer buenas acciones.

Sepamos que cuando “pensamos mucho” antes de hacer algo, esto tiene su fuente en la haraganería, ya que nos hacer dar vueltas y vueltas sobre todo lo que tenemos por realizar.

Así dijeron Jazal: estamos obligados a decir cuándo llegarán nuestras acciones a ser como las de Abraham, Itzjak y Iaacov, a pesar de que estemos muy lejos de llegar a ser como ellos, igualmente, esa debe ser nuestra meta y debemos intentarlo con todas nuestro fuerzas.

Vemos el verdadero sentido de la fuerza, y está escrito en el tratado de Kidushin (30b), que si no fuera por la Siata Dishmaia, sería imposible vencer al ietzer, pero nuestro deber es luchar permanentemente, entonces, Hashem vendrá a ayudarnos.

Lo mismo ocurre con la fuerza física, no es fuerte el que sepa dar una buena piña, sino el que use todas sus fuerzas para alcanzar su propósito, lo opuesto a la haraganería.

Entonces, sobre lo que dijimos de Aharon Hacohen, si suponemos qué necesitaba al menos cuatro segundos para consagrar a cada Levi, el día completo, sin ninguna pausa, no alcanzaba de ninguna forma. A la fuerza decimos que se produjo un milagro, pero ese milagro era por el mérito de Aharon, que hacía su trabajo con todas sus fuerzas, aunque sabía que no podía hacer todo, igualmente lo intentaba, tanto se empeñó, que todo el trabajo está consagrado a su nombre!!!

Aprendemos, que todo lo que tenemos por delante resulta imposible realizarlo, pero, nosotros ponemos nuestra parte (con toda nuestra fuerza), y Hashem se ocupa del resto. Lo mismo ocurrió con Moshe Rabenu y las Tablas de la Ley, cuando las levantó y las arrojó para que se rompan, lo mismo ocurrió con el emplazamiento del Mishkan, ¿de dónde Moshe podía sacar la fuerza para levantar semejantes paredes? Aunque en ambas ocasiones se produjo el milagro, de todas formas, Moshe alzó y arrojó las Tablas y Moshe levantó el Mishkan! Decimos que él lo hizo porque aunque no estaba en sus posibilidades, puso todo su empeño y su esfuerzo para su realización.

Concluimos, que el fuerte que se sobrepone a su ietzer, también es fuerte físicamente, las dos fuerzas, la espiritual y la física, trabajan en conjunto y consiguen el éxito, dejando de lado la vagancia y la debilidad, todos los sentidos orientados y preparados para la puesta en marcha de lo que debemos hacer.

Y estas fuerzas eran necesarias tanto en el Cohen Gadol como en el profeta. Con Moshe Rabenu entendemos que se trata de fuerza física, pero es más adecuada la opinión del Rambam, que la profecía llega al fuerte en cualidades, que se fortalece sobre su instinto, lo opuesto a la vagancia. Y como la vagancia es venenosa, el polo opuesto, nuestro esfuerzo para estudiar Tora y hacer buenas acciones es nuestra fuente de vida, que nos hará llegar más y más alto...


Rab hagaon Jaim Shmuelevich ztz”l
Sijot Musar.

 

Leiluy Nishmat

Harav Arie Halevi Bloj z"l

 




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