Judaismohoy
Buscador . . . . . . . . . . . .
 






Shabat Shalom


No. 369-Naso-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



Untitled Document

BS"D

TODOS SABEMOS PONER EL HOMBRO

O, por lo menos, eso es lo que creemos.

“Y para los hijos de Kehat… el Servicio que harán...
lo llevarán sobre sus hombros”

(Bamidvar 7,9)


En el libro “Olam Jesed Ibane”, encontramos un relato sobre un rab que trabajaba por su comunidad con sus “manos”.


Y de esta forma resulta fácil comprobar, dice el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, la importancia de la ayuda que se brinda con un verdadero sacrificio personal, poniendo el hombro...

Sucedió en el año 5535, después del fallecimiento de rabi Arie Leib Epshtein, rab de la ciudad de Kenigsberg, en Ashkenaz, y autor del libro “Hapardes”.
Se reunió una comisión integrada por los dirigentes más importantes de la Congregación para decidir sobre la elección del rab que ocuparía la posición del gran hombre que había conducido la ciudad durante todos esos años.


La elección recayó sobre el rab de la ciudad de Lukonic, que era muy conocido como un gran sabio y una persona muy justa, a pesar de que la ciudad que dirigía era muy pequeña, no mucho más que un pequeño pueblo. Sin embargo, era muy frecuente escuchar sus contactos con los rabanim más importantes, incluso con el rab de Kenigsberg.
La gran ciudad no tenía mucho tiempo para esperar. Escribieron una carta muy especial para el rab de Lukonic, y dos Talmide Jajamim, de los más brillantes de la ciudad, fueron elegidos por la comisión para entregar la carta al rab en forma personal, y así traerlo a la ciudad de Kenigsberg.


Los enviados salieron al camino, tranquilos y confiados en el éxito de su importante misión, seguros de que el rab de Lukonic abandonaría su cargo en esa pequeña aldea, en la cual apenas recibía dos monedas y media (zehubim) por semana, debido a que en la Ieshiva del pueblo no había más que treinta muchachos que estudiaban, a cambio de las atractivas condiciones que encontraría en Kenigsberg, con una Ieshiva en la que estudiaban más de doscientos muchachos, y entre ellos varios alumnos muy destacados, que le proporcionaría un gran aumento en sus ingresos, que no bajarían de dieciocho monedas por semana!


Y lo más beneficioso sería su crecimiento espiritual, ya que en un ambiente más grande, con más alumnos, el desafío sería mayor, y debería estar siempre mejor preparado para responder a las filosas preguntas de muchachos con un nivel de estudio superior. Allí tendría un lugar donde poder mostrar mejor sus condiciones, donde poder crecer más y también donde poder sembrar lo que sería en el futuro una nueva generación de Talmide Jajamim y grandes rabanim.


Los enviados llegaron un día martes a Lukonic y se dirigieron de inmediato al Beit Hamidrash, se encontraron con el rab, se presentaron y le entregaron la carta con la invitación a ejercer el cargo de rab en la gran ciudad.


El rab comenzó a estudiar la carta, sin prestar la mínima atención a los apartados que mencionaban su salario, como si ese tema carecería de toda importancia. Lo que aparentemente sí le importó, fue la cantidad de alumnos que asistían a la Ieshiva y su alto nivel de estudio. En esos apartados abrió los ojos con mucho interés...


Cerró la carta y se dirigió a los enviados: Resultará muy difícil para mí separarme de mi pequeña ciudad, mi alma está realmente apegada a cada uno de los integrantes de la comunidad, que me honran y respetan mucho más de lo que me corresponde. Pero, estoy seguro que la comunidad no se opondrá a mi retiro, al saber que en Kenigsberg hay una Ieshiva muy grande en la cual se puede enaltecer el Nombre de Hashem y difundir Su Tora mucho más que aquí. De todas formas, antes de dar mi aceptación, debo aconsejarme con mi esposa, la rabanit, y escuchar su aceptación, porque a veces puede resultar muy difícil para la mujer vivir en una ciudad de las características de Kenigsberg...


El rab fue a su casa y le contó a la rabanit sobre la carta que recibió. Analizó con ella sus dudas, qué difícil sería para él alejarse de un lugar en el que conocía a cada iehudi como a su propio hermano, donde sabía de sus miedos y de sus alegrías, hasta podemos afirmar que sabía lo que cada uno pensaba, y su corazón y sus plegarias estaban siempre dispuestos para la bendición de cada uno y uno.


Pero, dejando a un lado el costado “pasional”, ¿había algo más importante que trasmitir las enseñanzas de la Tora a más y más personas? En su pequeña ciudad ya había llegado al límite. Treinta alumnos en la Ieshiva era un número más que aceptable para ellos. En Kenigsberg podría darle más Honor a la Tora, enseñándola a muchos más alumnos, con lo que él también podría elevarse espiritualmente mucho más alto. Y más cuando había escuchado que muchos de los alumnos tenían un nivel muy elevado. Respecto a su pequeña ciudad, trataría de calmar los ánimos de sus habitantes, asegurándoles que él mismo se ocuparía de buscar un reemplazante como rab de la Kehila que sea muy temeroso de Hashem además de muy sabio.


La rabanit escuchó atentamente las palabras de su marido, y por ser que era muy compañera del justo rab, aparte de ser la hija de un Talmid Jajam, con lo cual sabía de la importancia y el valor del estudio de la Tora, aceptó la voluntad de su marido.


Cuando los enviados escucharon que el rab dio su aceptación, sintieron una inmensa alegría, y decidieron permanecer en la ciudad toda la semana, hasta la finalización del Shabat. Querían escuchar la última conferencia del rab, que también sería la despedida de su comunidad. Con el fin de Shabat regresarían a Kenigsberg, con la gran noticia sobre la llegada del nuevo rab. Todo parecía haber salido a la perfección, como estaba planeado, pero, la Voluntad de Hakadosh Baruj Hu parecía ser otra...


El jueves, como de costumbre, la rabanit se disponía a hacer los “lavados de ropa” en honor al Shabat. En ese momento, su pensamiento y su corazón dudaron sobre la posibilidad de mudarse a la gran ciudad. No resultaría para nada sencillo. Ella no podría hacer allá lo que sí podía hacer acá, una buena acción que podía cumplir con sus propias manos, y lo hacía semana tras semana con todo su amor. Ella recogía todos los jueves las ropas de los alumnos de la Ieshiva para lavarlas, y al día siguiente, el viernes, se encargaba personalmente de repartir las prendas lavadas y planchadas a cada uno de los alumnos. Los alumnos recibían la ropa impecable, si algún botón se había aflojado, su costura había sido reforzada, cualquier rotura estaba prolijamente remendada, un servicio completo y perfecto, un precepto, una buena acción que no podría realizar en una gran ciudad como Kenigsberg.


Y no era un problema de voluntad, sino algo que la sociedad no se lo permitiría, ya que allí, en Kenigsberg, la rabanit era tratada como una princesa, con mucamas y sirvientes dispuestos a correr apenas la rabanit abriera su boca. Entonces, nadie aceptaría que la rabanit se encargue personalmente del lavado de las prendas de los estudiantes de Tora, no es algo que concuerde con su dignidad, con lo cual, ¿quién puede decir ahora que sería bueno abandonar Lukonic?


De los ojos de la rabanit comenzaron a brotar lágrimas, al pensar que sería la última vez en que se podría ocupar con sus manos del lavado de esas prendas que asociaban su propio cuerpo con el estudio y la ocupación en la Tora. Decidió volcar la pena de su corazón y hablar con su marido sobre la posibilidad de volver a pensar sobre la resolución ya tomada.


Con la presencia de los enviados de Kenigsberg, la rabanit encontró la oportunidad de hablar con su marido: quiero expresar que me siento arrepentida de haber aceptado partir de esta ciudad. No estoy dispuesta, bajo ningún punto de vista a abandonar este lugar con sus humildes estudiantes de la Ieshiva, de los que yo me ocupo en forma personal de atender algunas de sus necesidades, como el lavar y arreglar sus vestimentas cada semana y semana...


Fue muy grande la sorpresa de los enviados al escuchar algo que les costaba mucho entender. Esto era algo nuevo, algo que nunca habían escuchado y no sólo que no entendían, tampoco querían entenderlo...


Llegó el Shabat y escucharon la conferencia del rab, en la que no hubo ningún mensaje de separación ni de despedida de su Kehila. Motzae Shabat el rab les informó a los visitantes que la decisión final era quedarse en su ciudad, porque no podía enfrentarse con la voluntad de la rabanit, en un asunto que pegaba tan fuerte en lo profundo de su corazón.


Los Talmide Jajamim volvieron con las manos vacías, y le devolvieron la carta a los dirigentes de la ciudad.


Pero, en realidad sus manos no estaban vacías. Porque en la pequeña ciudad de Lukonic aprendieron una nueva forma de pensar, algo muy grande sobre lo que significa vivir con la Tora, algo que nunca pudieron ver en la gran ciudad. Las palabras y las lágrimas de la rabanit causaron una gran impresión y sería muy difícil de olvidar la entrega y el sacrificio personal de la rabanit en pro de los que se ocupan del estudio de la Tora.


En el libro de la comunidad de Lukonic quedó escrito:
Gracias al mérito de la maravillosa y justa rabanit, nuestra Congregación tuvo el tremendo honor de que nuestro gran rab, sabio, justo y honorable, siga en el ejercicio de su puesto durante toda su vida, llenando con el esplendor de la Tora toda nuestra ciudad.
Inclusive después de su muerte tampoco se separó de nuestra comunidad, porque en nuestras tierras descansan sus restos para la eternidad, y la Santidad y la justicia de su proceder durante toda su vida, seguirá con nosotros también después de su muerte, para siempre, hasta el final de los días...


Rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita. Esh Dat 5760.

Leiluy Nishmat Harav Arie Halevi Bloj Z"L




Tus comentarios:
Nombre
Apellido
EMAIL Dirección obligatorio
Mostrar mi email?
Si   No
Resumen (en una línea):
Comentarios obligatorio

Campo validacion 7+2=:
 
 suscripción
 direccion email:
  Clik

Semana a semana
Perlas
Visiones
Brainstorming
Temario semanal
En profundidad
Actualidad
Selecciones
Haftara semanal

 

Judaismo para Hoy en español
Copyright © 1995-2021 Todos los derechos están reservados a judaismohoy.com
Queda prohibida la reproducción de todo el material escrito y dibujos usados en este sito sin la autorización de judaismohoy.com
Por favor no leer el contenido de este sitio en Shabat y en las Fiestas judías



[ CONTACTENOS ]

[Vida Judía]    [Nuestras Fuentes]    [Cocina Judía]    [Entendiendo el Judaísmo]   
[Cocina Judía]    [Festividades]    [Para Reflexionar]    [Januca]   
[Para Reflexionar]