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Shabat Shalom


No. 377-Vaetjanan-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס”ד

 

MUCHAS GRACIAS

“Y Hashem se enojó conmigo y me juró que no entraría a la buena tierra… porque yo moriré en esta tierra y no cruzaré el Yarden, y ustedes lo cruzarán y heredarán… cuídense mucho de no olvidar el pacto…” (Devarim 4,21-23)

Resulta difícil entender la relación entre los versículos: “Y Hashem se enojó conmigo…” y “porque yo moriré en esta tierra…” No vemos la unión de los primeros con los últimos (cuídense...).

Contó el “Kohelet Itzjak” lo que sucedió con rabi Yonatan ztz”l de Praga, antes de ser asignado como el rab principal de la ciudad de Praga. Había estado muchos años al frente de una ciudad pequeña en la que se comportó siempre con justicia y rectitud asombrosas.

En esa pequeña ciudad consiguió establecer agrupaciones que, voluntariamente, trabajaban a favor de la gente necesitada. Asociaciones que repartían caridad, o que conseguían productos de primera necesidad para repartir gratuitamente o a precios simbólicos, otras que prestaban dinero, etc. También estableció normas que mejoraron las relaciones entre los conciudadanos, en fin, le dio un nuevo espíritu de vida a la ciudad. La ciudad se convirtió en el ejemplo de toda la región, y era conocida como tal en todos los alrededores.

Y cierto día llegó la carta de la gran ciudad, invitando al rab a convertirse en el rab de la gran ciudad de Praga. Cuando la carta llegó, el rab mandó a llamar a los principales dirigentes de la pequeña ciudad y les leyó la proposición que recibió. ¿Qué pensó?, que al ver lo que estaba escrito le pedirían al rab que rechazara la invitación, desistiendo de viajar a la ciudad de Praga. Pensó que le hablarían a su corazón para convencerlo, que se quede con ellos, que continúe con su estupendo trabajo, que no existía ningún motivo que lo impulse a cambiar de ciudad.

Pero, ellos no hicieron nada de eso, escucharon, luego leyeron la carta, desde el principio hasta el final sin decir ni una palabra.

Al ver rabi Yonatan que nadie se opuso a lo escrito en la carta, aceptó el cargo y fijó la fecha en que vendrían a buscarlo para instalarse y comenzar a ejercer como el rab principal de la ciudad de Praga.

Y llegó el día, y llegaron desde Praga muchos carruajes, que transportarían al rab, a su familia, y todas sus pertenencias. Se entiende, que no viajaron de inmediato, no podían salir en el momento que llegaron los carruajes, ya que después de un largo viaje, tanto los cocheros necesitaban un descanso como también los animales debían alimentarse y descansar antes de emprender la larga vuelta hasta Praga.

Todo era cuestión de horas, y en todo ese tiempo, nadie entró a la casa del rab para verlo y decirle de lo difícil que era para cada uno de ellos que el rab deje la ciudad, tampoco entraron para al menos despedirse ni para desearle que tenga un buen viaje.

El rab, a este punto, ya estaba enojado. Los cocheros empezaron a cargar los carruajes, y, desde ya que empezaron con los libros del rab, ya que en la casa de un sabio lo que más abundan y “pesan” son los libros. Así llenaron tres carruajes con libros, y todavía nadie entraba a la casa del rab a saludarlo.

El rab llamó a su secretario y le dijo que avise a toda la gente de la ciudad que quería decir sus últimas palabras en el Beit Hakneset antes de dejar la ciudad, para despedirse de la gente.

En sólo unos minutos, el Beit Hakneset estaba repleto, ancianos, hombres y niños, nadie más podía entrar… Toda la ciudad estaba reunida en el Beit Hakneset, el rab subió a la Bima y comenzó una conferencia que resultó maravillosa, digna de un gran sabio como él.

Dentro de sus palabras, les advirtió en forma de reproche, y les dijo: “Cuídense de no abandonar a Hashem nuestro D-s… no hagan nada que esté en contra de Su Voluntad, solamente a El se apegarán… y el Servicio que le harán será para el bien de ustedes durante toda la vida”. Todo esto lo repitió varias veces durante la charla!

Cuando terminó, los principales dirigentes se le acercaron y le dijeron: Rebi, díganos qué fue lo que vio en nosotros para repetirnos tantas veces palabras tan fuertes!

El rab les contestó con tranquilidad: en estas últimas horas he comprobado que ustedes son personas “desagradecidas”, porque creo haber hecho para ustedes muchas cosas buenas, como por ejemplo, establecer instituciones de ayuda, de caridad y favores, y muchas otras cosas… Me imaginé, que al ver la proposición de Praga, no permitirían que me vaya… y no lo hicieron. Solamente leyeron la carta sin decir una palabra. Suponía que estaban contentos con mi desempeño pero puede ser que me haya equivocado…

Desde que llegaron los carruajes, ni una persona se me acercó para desearme éxitos o para despedirse, como ocurre en cualquier ciudad cuando el rab la abandona para ejercer en otro lugar. No creo haber sido tan malo con ustedes y con la ciudad…

Ahora, solamente me espera la vergüenza al llegar a Praga, cuando le pregunten a los cocheros sobre la despedida, sobre los llantos de la gente en la despedida del rab. Cuando cuenten allá que tuvieron que llevarse al rab por la fuerza porque toda la ciudad les impidió juntar las pertenencias y hacer subir al rab y a su familia a los carruajes.

¡Qué vergüenza cuando en Praga se sepa que todo el tiempo el rab estuvo solo, y que nadie se acercó ni siquiera para desearle un buen viaje!

Por eso llegué a la conclusión de que son desagradecidos, una cualidad muy mala y despreciable. Cualidad que provoca, después de ser desagradecidos con las personas, que también lo sean, lo alenu, del Creador, renegando a todo lo bueno que Hashem nos da. Todo bueno que el Bore Olam nos regala forma parte de la naturaleza, pasa a ser algo “natural” y no un regalo de Hakadosh Baruj Hu!

Dejamos de “sentir” porque todo es natural, primero lo natural es lo bueno que nos brindan las personas, y después tampoco sentimos las bondades de Hashem.

Todo esto sucedía también en la relación entre Moshe Rabenu y el pueblo de Israel. Cuenta el Midrash (Midrash Raba, perashat Ekev, 3) que cuando los hijos de Israel estaban parados frente al Yarden, a punto de cruzarlo, Moshe Rabenu les recordó todos los lugares en que ellos pecaron y Moshe los defendió. En el pecado del Becerro, Hashem quiso exterminar al pueblo y Moshe se paró para rezar, y con sus plegarias logró salvar al pueblo. Y así fue en tantas otras oportunidades… ¿Por qué les recordó todo esto?

¿Qué fue lo que pensó Moshe Rabenu? Pensó que ahora, que él iba a morir y no podría entrar a la tierra de Israel, todo el pueblo se “levantaría” contra el Bore Olam en una revolución, y pedirían piedad por Moshe Rabenu, para que entre a la tierra de Israel con ellos! Pero nadie rezó, nadie pidió, nadie entendió…

Esta es la relación con el final, que no olviden a Hashem y el pacto que hicieron con él, porque ahora Moshe vio que son desagradecidos y la consecuencia de esta mala cualidad es olvidar a Hashem

Esh Dat 5759. Rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita.

Leiluy Nishmat Harav Mejele Iehuda Lefkovich זצוק”ל

 




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