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Shabat Shalom


La Hoja Nueva - Vayishlaj
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

CALCULOS EN LOS RIÑONES

“Y dijo: déjame partir que llega el día”

(Bereshit 32,26)

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky Shelita: es sabido, que los padres de un bebé, deben comenzar a tener mayor cuidado, cuando el bebé crece y comienza a arrastrarse y a gatear. Ellos comienzan a moverse y a avanzar (o algunos a retroceder), y con cada movimiento descubren un nuevo mundo para ellos. Encuentran una moneda, la miran, la llevan a la boca y se la tragan… Si la moneda llega a los intestinos, no es grave, así como la tragaron, también la van a despedir. El problema comienza si la moneda, en lugar de ir hacia los intestinos, va hacia los pulmones, Hashem nos guarde. Enseguida comienzan los nervios, que pueden llegar hasta la desesperación, hay que llamar un taxi o una ambulancia, y correr al hospital, a la sala de urgencias para niños. Le hacen de inmediato una tomografía computada, y lo ingresan al quirófano. ¿Qué hay, qué pasó? No es nada, apenas una monedita de un peso, no más… ¿Pero qué dices? Es un cuerpo extraño, y está poniendo en peligro la vida del bebé, estamos obligados a sacarlo de allí…

Esto, todos lo entendemos.

Y está escrito: “no habrá en ti nada extraño” (Tehilim 81,1). ¿Qué significa “en ti”? Lo correcto habría sido decir “para ti”. Y ya dijeron nuestros sabios (Shabat 105b): ¿Quién es el extraño que habita en el cuerpo del hombre? El Ietzer Hara, el instinto del mal.

El Ietzer Hara es, entonces, un cuerpo extraño, ¿por qué no nos apuramos en sacarlo?

Iaacov Avinu se quedó solo, se le presentó el “ministro” de Esav, y lucharon durante toda la noche. Se le presentó de distintas formas, a veces como un idólatra y otras veces como un sabio, estudioso de la Tora (Julin 91), y también como el jefe de una banda de ladrones (Midrash Raba, Bereshit 3,9).

Intentó darle un golpe mortal, para terminar con Iaacov de una sola vez, y no pudo, como está escrito “y vio que no pudo con él… y dijo: déjame ir que ya comienza el día”.

Iaacov le dijo: ¿acaso eres un ladrón, o un duende, que le tienes miedo a la luz del día?

Le contestó: soy un Angel, y desde el día en que fui creado jamás tuve la oportunidad de hacer un canto (Shira) para Hashem, hasta hoy (Julin 91a).

Y hace falta comprender, ¿qué quiere decir que nunca tuvo su momento para hacer un canto o una alabanza al Creador? Sabemos que los Angeles se turnan para alabar a Hashem durante las veinticuatro horas del día…

De aquí se ve que el canto del Angel se produce cuando ha cumplido con la exigencia que le fue solicitada, o, en otras palabras, cuando cumplió con éxito su misión. Entonces preguntamos, ¿cuál es la misión del Satan, para qué fue creado? Sabemos, que para hacer pecar al hombre…

Y ahora veremos que este pensamiento no es correcto. Porque así está escrito en el Zohar Hakadosh (parte b, 163b): se compara con un rey que quería probar la fidelidad de su hijo, y le ordenó a uno de sus ministros que trate de convencerlo para traicionar a su padre. ¿Qué es lo que quería el rey? Que el hijo no se deje sobornar y se mantenga firme en la prueba, haciendo oídos sordos a las proposiciones del ministro, entonces, el amor por su hijo se multiplicaría, y tendría un agradecimiento enorme hacia su fiel ministro. Pero, si el ministro conseguía doblegar a su hijo, convirtiéndolo en un traidor, el rey ahora estaría muy enojado con su hijo, y no sabría qué pensar del ministro…

Por esto, en los días de la vida del hombre, el Satan, que es el Ietzer Hara (Baba Batra 16), intenta hacerlo pecar…, y lo consigue, pero mientras logra doblegar al hombre, no puede cantar la Shira, porque el Bore Olam tiene dudas sobre su integridad, debido a que hace que el hombre traicione a su Creador. Pero cuando el Satan no puede con Iaacov Avinu, llega su tiempo para alabar a Hakadosh Baruj Hu!

Resulta extraño, pero cuando nosotros pecamos, Jalila, estamos provocando un mal al Ietzer Hara: más extraño resulta saber que el Ietzer Hara quiere que nosotros seamos fuertes y no escuchemos sus sugerencias…, ¿por qué, entonces, escuchamos su voz?

Por eso mismo, en nuestras confesiones de los Iamim Noraim nos arrepentimos de haberle causado mal al Ietzer Hara: por el pecado que hicimos frente a Hashem, al Ietzer Hara.

Dije una vez, continua rabi Iaacov, en forma de explicación: dijeron nuestros sabios que toda persona que es más grande (no en tamaño) que su compañero, su Ietzer también es más grande (Suca 52b), y ¿cómo se explica? Si le preguntan a una persona por qué no estudia, enseguida encontrará a quién echarle la culpa. O porque no tiene un compañero de estudio, o porque en la casa lo molestan: le piden que esté presente más tiempo con la familia o que ayude en las tareas de la casa, o porque no encuentra un curso adecuado para él… Todo esto tiene algo en común, que él no es el culpable de no estudiar, la culpa siempre es de los demás… En cambio, cuando sí consigue estudiar, quién puede compararse con él, quién tiene el valor que él tiene. Es tan grande en entendimiento, en constancia. Tiene una capacidad tan grande, una memoria asombrosa…

Y en verdad, ¡todo es al revés! Porque “todo el que es más grande”, si el ahora es grande y tiene éxito, es por “su compañero”, porque su compañero es más grande, como dijeron nuestros sabios: mucho aprendí de mis maestros pero más aprendí de mis compañeros, y de mis alumnos todavía más (Taanit 7a). Pero, cuando uno no estudia, y su Ietzer es grande, esto es de él, y no hacen falta las explicaciones!

Vehigadta - Leiamim Hanoraim.

Leiluy Nishmat 

León Ben Ezra ז”ל

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NUESTRA IDENTIDAD

“Y dijo: ¿por qué preguntas mi nombre?”

(Bereshit 32,30)

Dice el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, que cuando dos iehudim se encuentran, aunque sea en algún extremo del mundo, uno se acerca al otro y le dice: “Shalom Aleijem”.

“Aleijem Shalom”, contesta el segundo.

¿Cómo te llamas?

Shmerel, Berel, Iankel…

¿Y cuál es tu apellido?

Cohen.

Un momento, ¿tú eres de tal ciudad? Entonces, seguramente conoces a tal persona. Pues, él es el hermano de un amigo mío…

En síntesis, comienzan a hablar, y en diez minutos ya descubren que son parientes. Puede ser que sean parientes lejanos, pero al menos son parientes…, serán primos segundos, terceros…

En contraposición, cuando dos personas de otros pueblos se cruzan, uno le pregunta al otro: ¿cómo te llamas? Y el segundo contesta: ¿Qué te importa? Y así terminó la conversación.

¿Cuál es el origen de estos hechos?

Dijo rabi Zalman Sorotzkin: proviene de este versículo. El Angel le pregunta a Iaacov cuál es su nombre, y Iaacov, desde luego, contesta: “Iaacov”. Dice el Angel: No te llamarás más Iaacov, sino Israel.

Mazaltov, felicitaciones, tienes un nombre nuevo: Israel.

Ahora Iaacov Avinu le pregunta al Angel: ¿y tú, cómo te llamas?

Y el Angel contesta: ¿por qué tú preguntas mi nombre?, ¿qué te importa?

Este es el origen de esta forma de contestar.

Umatok Haor.

Leiluy Nishmat 

León Ben Ezra ז”ל




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