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Shabat Shalom


La Hoja Nueva - Vayeshev
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

QUIERO ESCAPAR 

“Y abandonó sus prendas en las manos (de ella) y salió afuera”

(Bereshit 39,12)

Escuchamos del rab Galinsky: ¿quíén puede explicarme el pedido que nosotros siempre hacemos?, que sea la Voluntad de Hashem que no vaya a pecar otra vez. Esto resulta ser lo mismo que ocurre con el Mashguiaj de una Ieshiva, que conversa con uno de los alumnos, y la charla es una charla conocida dentro de una Ieshiva: así no podemos continuar, la oración es parte de las obligaciones de la Ieshiva, y un alumno de la Ieshiva debe ser responsable y cumplir con todo el orden del día. Debe irse a dormir a tiempo y también levantarse a tiempo, y llegar al recinto de la oración en el tiempo preciso. Si no puede, que busque otra Ieshiva… es un lenguaje conocido de generación en generación.

El muchacho escuchó, como es la costumbre y como debe ser, y el Mashguiaj concluyó, como también es la costumbre: entonces, ¿desde mañana te veremos en la oración de la mañana? Y el alumno contestó también como es de costumbre: si D-s quiere.

Y todos sabemos que a pesar de que la conversación había terminado, el rab no podía dejar de agregar lo que dijo ahora: Hashem, seguro que quiere, ahora hace falta que tú quieras!

¿Conocemos este tipo de charla? Desde luego.

Pero, ¿qué hacemos con “que sea la Voluntad de Hashem que no vaya a pecar otra vez”? La respuesta debería ser la misma: Hashem, con seguridad desea, y nosotros somos los que necesitamos querer.

Rabi Ele Lupian ztz”l me hizo escuchar la respuesta, cuando explica otro pedido (y aquí usamos la misma palabra “pecado”, para traducir distintas expresiones en hebreo): “y no me pongas no en manos del pecado (jet) y tampoco en manos del pecado (avera, avon). Y la explicación de “ponerme en mano”, significa darle gobierno al pecado sobre nuestro ser. Lo que estamos pidiendo es no caer en las manos del pecado, no caer y quedar bajo el dominio del pecado, porque dominados por el pecado no podremos nunca escapar.

Por eso, nos han advertido: debemos escapar del pecado (Pirke Avot 4,8). No alcanza con no pecar, sino que también debemos escaparnos, para evitar caer en él. Y si ya caímos, ahora es momento de apresurarnos, correr y desaparecer, para que no pueda atraparnos y gobernar sobre nosotros, porque si lo hace, si nos apresa, será mucho más difícil escapar. Como está escrito con Iosef Hatzadik: y abandonó sus ropas en las manos (de ella), y escapó… afuera.

¿Con qué se puede comparar esto? Con una persona paralítica, lo alenu, con sus piernas inmovilizadas, que de pronto siente olor a humo. En el tablero eléctrico se produjo un cortocircuito y la vivienda se está incendiando. Ya hace mucho calor y el humo no deja ver nada, las llamas asoman por todos lados y ya se “comieron” el mueble que se encuentra al otro lado del salón, después se apoderan del armario, toman la alfombra, y ahora comienzan a quemar las patas de la cama.

Pero, ¿por qué este hombre no se escapa?, debería desaparecer de allí, volando!

No se escapa porque está paralizado, no puede moverse…

Y mañana, lamentablemente, encontrarán sólo sus huesos calcinados.

Los malvados saben, que con sus acciones van camino a la muerte (Shabat 31b). Si lo saben, ¿por qué no vuelven al buen camino? Lo que ocurre es que tienen algo pesado en sus bolsillos que los aplasta, o una capa de amianto que los deja aislados, o, simplemente, están paralizados.

Los malvados están gobernados por sus corazones (Bereshit Raba 34,10), secuestrados en manos de sus instintos.

Vamos a pensar en las palabras de la Guemara (Ioma 35b): un pobre sube al Cielo y le preguntan por qué no se ocupó de la Tora, va a decir que fue muy pobre y estaba siempre muy preocupado para conseguir el sustento de su familia.

Muy bien, tal vez podría aceptarse esta respuesta, pero le pueden contestar con una pregunta: ¿acaso fuiste más pobre que Hilel? Bien, tiene un acusador, o alguien que lo obliga, pero su excusa se entiende, ya que la pobreza “mueve” a la persona y la saca de su lugar, no le permite ni estar bien consigo mismo, ni estar con el Creador (Eruvin 41b).

Ahora llega un hombre rico al Cielo, le hacen la misma pregunta y contesta: fui un hombre rico, muy ocupado con mis negocios. Se entiende, aunque también le responderán: puedes ser muy rico, pero nada al lado de rabi Elazar Ben Jarsum, que no se apartaba de su estudio y poseía una gran riqueza. Sabemos también lo que afirman nuestros sabios: el que aumenta en negocios aumenta en preocupaciones (Pirke Avot 2,7). Otra vez, la excusa resulta comprensible, también cuando no es aceptada.

Pero cuando le preguntan al malvado, el contesta: estuve disfrutando y muy ocupado con el Ietzer Hara.

Y esto, no se entiende. ¿Cuánto tiempo una persona puede estar pecando? En el caso del pobre, pues, se entiende, la persona es pobre todo el día, también cuando ese día haya conseguido una porción más grande. El rico, también se preocupa todo el día, tiene terror de perder algo, y eso es en la mayoría de los casos, peor que en el caso del pobre. Pero ´para la persona que peca, ¿qué es lo que la molesta y no la deja estudiar?

La respuesta: este hombre está atrapado, está en poder de su instinto, totalmente doblegado y entregado al pecado, como envuelto, rodeado por todos los frentes.

Y yo recuerdo… viajábamos en un tren de Rusia, y allí las distancias son enormes. Se viaja durante días, y entre estación y estación hay varias horas de viaje. En los trenes había camas, dispuestas en sectores individuales, una sobre la otra, tres en total. En la cama que estaba arriba de todo, se acostó un hombre no iehudi, que todo el tiempo estaba diciendo: tengo sed, tengo sed! Cuánta sed que tengo, ayyyy, cuánta sed que tengo!

Un agujero en la cabeza, eso tenía yo. El tren se detuvo en una estación mientras él seguía saltando y gritando. Le dije: Andrei, dame tu botella.

Me apuré a bajar, corrí y le traje su botella llena de agua.

Se la tomó de un trago.

Corrí otra vez, y llené nuevamente su botella. Ahora podría haber un poco de silencio.

El tren comenzó a moverse, y de pronto vuelvo a escuchar la voz de Andrei envuelta en llantos: ayyy, qué sediento que estuve, ustedes no saben qué sediento que estuve…

Esto es lo que sucede con el pecador que cayó en las redes del Ietzer. Lo enfrenta el pecado por delante y lo persigue el pecado por atrás. Al fin de cuentas, está “ocupado” con su instinto, Hashem nos salve.

Y también nosotros estamos en la misma situación.

Debemos ser sinceros y decir la verdad, al menos frente al espejo. Nosotros queremos cambiar, mejorar nuestras cualidades, concentrarnos mejor en las oraciones, y tener más constancia en el estudio, cuidar nuestra forma de hablar, cuidar nuestros ojos, nuestros pensamientos…

Sabemos que el incendio devora todo lo que encuentra a su paso, pero lo que está quieto, fijo, inmóvil.

¿Cómo podemos hacer para pedir? Por favor, Hashem, devuélvenos la posibilidad de movernos, la fuerza para escapar.

Que sea Tu Voluntad, Hashem, que no vayamos a pecar otra vez!

Vehigadta – Leiamim Hanoraim.

Leiluy Nishmat 

León Ben Ezra ז”ל




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