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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Miketz
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

MUNDO DE LOCOS

“Y la porción de Biniamin era más grande” (Bereshit 43,34)

Preguntaron nuestros rabanim: sabemos lo que dijeron Jazal: un hombre nunca puede hacer diferencias entre sus hijos, ya que a causa de la túnica a rayas que Iaacov Avinu le hizo a Iosef, los sucesos fueron desarrollándose hasta que nuestros antepasados debieron descender a Egipto. ¿Y cómo puede ser que ahora Iosef Hatzadik haga lo mismo, cometa el mismo error y le dé a Biniamim más que a sus otros hermanos, sin sospechar que esto provoque envidia y sufrimientos, como los que él mismo tuvo que soportar?

Y contesta rabenu Ieshaiahu Di Terani ztz”l que los hermanos podían reaccionar sólo cuando su padre hiciera algo así, pero no con otras personas.

Dijo el rey Shlomo Halav Hashalom: y vi… todo el esfuerzo y toda la esencia de los hechos, y todo es a causa de la envidia entre un hombre y su compañero, también esto es vanidad (Kohelet 4,4), y explicó el Eben Ezra: la mayoría del esfuerzo que aplica el hombre, y también las características de sus acciones (en cantidad y calidad), se deben a que envidia a otra persona, y quiere ser mejor que esa persona a la que envidia, que no sea inferior ni en la dimensión o el lujo de su casa, ni en su vestimenta, la importancia o el conocimiento de sus hijos, comida, sabiduría, en fin, en todo. Observar a mi compañero y anularlo, pararme sobre él, renegar de él, alcanzarlo y hacerlo caer.

Preguntó el rab Galinsky: ¿y tú, dónde te ubicas, cómo es esto para nosotros?

Veamos: se nos presentan dos posibilidades: ganar treinta mil shekalim al mes, mientras todos mis conocidos ganan cuarenta mil, o ganar sólo veinticinco mil al mes, cuando todos mis conocidos ganan veinte mil. ¿Qué vamos a elegir? No todos van a dar la misma respuesta porque no todos dicen la verdad…

Y dijo Bilaam, el malvado: ¡Qué buenas son tus tiendas, Iaacov! (Bamidvar 24,5), cuando vio que las tiendas tenían las entradas que no estaban enfrentadas entre sí. Y en verdad, también nosotros nos ocultamos entre puertas que se cierran, ventanas con persianas y cortinas, para que nadie mire ni nadie investigue dentro de nuestras casas. Eso decimos o suponemos, pero qué sorprendente y verdadera la explicación de Rashi: Bilaam vio que las tiendas tenían sus entradas en distintas orientaciones para que yo, el dueño de la tienda, no pueda observar dentro de la tienda de mi compañero… No para que la gente no mire dentro de mi casa sino para que yo no mire dentro de la casa de los demás, para que yo no vea qué mis compañeros tienen y yo no tengo, qué cosa interesante ellos tienen que yo “ahora”, quisiera tener.

Cuando yo tenía ocho años, nos sentábamos a comer, y las raciones de comida eran muy pequeñas. Observé el plato de mi hermana, y sentí algo, me parecía que ella recibió más. De pronto recibí un golpe, de mi mamá, que me dijo: ¡mira tu plato! Su voz me acompaña hasta hoy, y me hace ver en forma tan objetiva la realidad de esta sociedad en la que vivimos.

Seguramente escucharon esto: un hombre rico va a ver a un Sofer Stam, un sabio que escribe Sefer Tora, Tefilin y Mezuzot, y en este caso, especialista en la escritura de las Perashiot del Tefilin. Le pide que le escriba un Sefer Tora cuyas letras tengan la medida de lo que se escribe en el Tefilin de la mano. Para recordarnos: Las Perashiot de la mano del Tefilin tienen siete renglones, que se escriben, normalmente, en una altura de tres centímetros. Una hoja de Sefer Tora tiene cuarenta y dos renglones, con lo cual, este hombre está pidiendo un Sefer Tora que tenga solamente dieciocho centímetros de altura…

Para este hombre rico será muy placentero bailar con él en Simjat Tora, y también “levantarlo” sólo utilizando la punta de sus dedos (por lo pequeño y liviano). Pregunta cuánto le costará, porque ya encargó un armario recubierto de plata que hará de vitrina, en su casa.

Hay un precepto en nuestra Tora que nos ordena escribir un Sefer Tora. ¿Cuándo estará terminado?

Escucha, dijo el Sofer, a mí no me importa hacer algo así, pero una escritura tan pequeña, le arranca los ojos a cualquiera (también a mí cuando lo escriba).

Esta es la finalidad, sacarle los ojos a todos (de envidia), dijo el hombre rico, ¿cómo te diste cuenta?

Si le preguntan a él, dirá que todo lo hizo con un sentimiento puro, todo en Nombre de Hashem. El estará cumpliendo un precepto: serás el más grande entre tus hermanos (Bereshit 27,29) para picotearles los ojos…

Yo conozco un estudiante en Bnei Brak. Un día él iba caminando por la calle Rashi. Una persona construyó allí una mansión. El dueño de la residencia, se paró fuera de la casa con el arquitecto y discutían sobre la forma del caminito para la entrada. Era necesario hacer una integración del aspecto exterior con las piedras de Ierushalaim y las plantas que lo bordeaban.

Intervino el estudiante en la conversación: yo aconsejaría poner granito, y combinarlo con macetas a los costados, también de granito.

Los dos miraron al estudiante, como si hubieran visto un gato hablando: ¿quién eres tú? Estos no son tus asuntos. En otras palabras: son nuestros ojos, ¿qué es lo que tú esperas hacer con el mármol y qué quieres con los bordes del camino? Todo lo que quieres es picotear los ojos de los demás, ¿no es así? Por eso, lo mejor es que me escuches. Porque si tú lo haces como lo has pensado y no me provoca envidia, todo el dinero que has gastado ha sido en vano.

¡Esto es una locura! Y necesita un diagnóstico médico, y el Rambam, el más grande de todos los doctores, ya lo estableció: si no fuera por los locos, el mundo quedaría destruido (introducción a su explicación de las Mishnaiot), porque nadie haría nada sino sólo para él y para su tiempo, tan limitado. Una persona no está segura de que vivirá doscientos años, ya que no todos (o nadie) llegan a merecer algo así, pero, a pesar de eso, construye una casa que podrán utilizarla varias generaciones. ¿Esto no es una locura?

Entonces, de acuerdo a esto, estaría bien que todos fueran liberados del ejército y que cada persona se sienta segura con su propia espada, y también que los médicos no se preocupen por tratar a los locos.

Yo recuerdo que pasé al lado de un manicomio. Rabi, me gritó uno de los internados, ¡ahora tú sabes por qué el Mashiaj no llega!

No, no lo sé…

Porque yo soy el Mashiaj, ¿cómo podría venir?

Ah, entendí…

Rabi, me gritó su compañero, no le creas, él no es el Mashiaj.

(Pensé que entonces él lo era). Y quise investigar, ¿cómo lo sabes, tal vez sí lo sea?

Y contestó: porque yo soy el Creador del Mundo, y él no es mi enviado !!!

Muy bien, tenemos la posibilidad de elegir frente a nosotros: quedarnos afuera y escuchar como ellos hablan, o entrar y ser parte de ellos.

Construirnos, podemos construir un ser humano u ocupar toda una vida para estar limpios frente a los demás. Ser agradables, impresionar, arrastrar o ser arrastrados, volar o golpear, o, mirar nuestro interior. Podemos ser el “que habita en las tiendas”, o el “hombre de campo”.

Esto es tan triste, y despierta pensamientos demasiado fuertes…

Vehigadta - Leiamim Hanoraim.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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