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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Vayikra 1
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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UN POCO DE “SUBIN”

“Y negará la verdad, sobre lo recibido en custodia

o puesto en su mano...”

(Vaikra 5,21)

Explica Rashi: “que puso en su mano”, que colocó en su mano un préstamo. O sea, esta persona está negando el préstamo que recibió.

Sabemos que, es un precepto devolver un préstamo (Baba Batra 174a). Y surge la pregunta: ¿dónde encontramos que cuando una persona no cumple con un precepto es llamado malvado? Podría ser que solamente sea menos bueno, al no realizar una buena acción. Pero, en nuestro caso, los mismos escritos lo llaman malvado (Tehilim 37,21): el malvado pide prestado y no paga!

La respuesta, al por qué llamarlo malvado, es muy sencilla. Cuando alguien presta dinero, con la entrega del préstamo le está haciendo un bien a la otra persona, y, porque ahora no devuelve el bien, entra en la categoría del desagradecimiento. Esta mala cualidad, es el comienzo de toda su maldad, como está dicho: todo el que reniega de la bondad de su compañero, terminará renegando de la Bondad de Hakadosh Baruj Hu. De la misma forma el faraón, que comenzó diciendo que no conocía a Iosef. De pronto olvidó toda la bondad que Iosef Hatzadik le hizo al pueblo egipcio, y con ese comienzo, el faraón terminó diciendo: no conozco a Hashem (Shemot Raba 1-8).

Y también, un hombre puede hacerse llamar “malvado” por ser desagradecido en otras circunstancias.

Contó el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita: yo soy el encargado de un pequeño Guemaj, agrupación que hace “Guemilut Jasadim”, favores, prestando dinero sin interés. Es, en realidad, un Guemaj pequeño, no vamos de prisa, no hace falta anotarse, hay mucha gente que espera su préstamo, que haya dinero para prestar... y eso sucede cuando los que pidieron prestado comienzan a devolver.

En el pasado, acostumbraba a llamar por teléfono a la gente para recordarles que debían devolver el dinero, pero muy pronto entendí que así hacía sufrir a la gente...

Recordemos una Guemara (Baba Batra 98b): está escrito en el Sefer Ben Sira: puse todas las cosas en los platillos de la balanza y no encontré nada más liviano que el “Subin” (una clase de harina de muy mala calidad). Y no entendí qué quería decir la Guemara. Si hablamos de un grano de subin, no podría ser, ya que un grano de polvo será más liviano. Y si hablamos de volumen, las plumas seguramente serán más livianas. Y si hablamos de peso, un kilo de subin y un kilo de metal, pesarán siempre un kilo. Entonces, ¿cuál es la intención de Ben Sira?

Explica el Maharsha: y trataremos de explicarlo con otras palabras. En el medio de la noche golpean a la puerta de mi casa. Abro la puerta y entra un iehudi. Nervioso, agitado, me dice: ¿tal vez puedas prestarme dos mil shekalim?

El está obligado a devolver la última cuota de una deuda, y le aseguró a quien le prestó, que hoy, antes de la medianoche, tendría el dinero.

El hombre me cayó bien, Al fin y al cabo, es un iehudi que necesita devolver un préstamo...

Le dije: en el Guemaj no hay plata, pero tú no eres como todos, me has caído bien. Yo te prestaré de mi propio dinero por un mes. Imposible describir la alegría de este hombre...

Cuando llega el fin del plazo del préstamo, lo llamé por teléfono, simplemente para recordarle el asunto. Y sí, él lo recordaba bien. No podría venir en persona, pero enviaría a sus hijos. Me asombró la respuesta, ¿cuántos niños son necesarios enviar para devolver solamente dos mil shekalim?

Al día siguiente entendí. El tiene nueve niños, bli ain hara. Golpearon a la puerta, y con gran esfuerzo pudieron ingresar. Cada uno arrastraba una bolsa grandísima, todas las bolsas desbordaban, y las ingresaron al salón.

¿Qué es esto?, pregunté.

¡Subin!, contestaron.

Seguro, una Guemara lo dice explícitamente (Baba Kama 7a). Está escrito allí que devolverán, y viene a aumentar que no sólo devolverán con dinero sino también con el valor del dinero, y hasta con “subin”.

Siete bolsas enormes, repletas de subin, alrededor de la mesa del salón, y otras dos sobre la mesa.

Muy bien, el hombre me devolvió el préstamo, y a tiempo. No será calificado como el malvado que pide prestado y no devuelve, jalila.

Ahora, todo depende de mí.

Si yo quiero, si me pongo exigente, puedo averiguar con el vendedor de subin y traer un camión para cargar las bolsas, viajar hasta el mercado y venderlas. Pero también puedo, desde luego, dejarlas aquí en el salón, para mi uso personal. Dicen que una cucharita de subin en una taza de yogurth es muy buena para la salud.

Y el hombre no es malvado, jalila, solamente hizo algo muy “liviano”, hasta ya dejar de parecer una persona... le hice un bien, lo hice feliz, me puse a su lado en un momento en que se sentía presionado, ¿y así me responde?

Y esto no ocurre sólo con un préstamo, y no ocurre tampoco solamente con subin. También entre amigos, también en un matrimonio, también entre hijos y padres.

También cuando hacemos, también cuando damos, ¿cuántas veces damos “subin”?!

Traducido del libro Vehigadta – Leiamim Hanoraim.

 

Leiluy Nishmat 

León Ben Ezra  ז”ל




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