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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -tzav-20
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



¿POR QUE NO PEDIR LO MEJOR? o LO QUE EL VIENTO SE LLEVO 

“Esta es la ley del sacrificio de Ola” (Vaikra 6,2)

Dijeron nuestros jajamim, que cuando nos ocupamos de estudiar las leyes del sacrificio de Ola, se considerada como si hubiéramos acercado un sacrificio de Ola. De la misma forma, el que se ocupa de estudiar las leyes del sacrificio de Jatat, es considerado como si hubiera acercado ese sacrificio.

Pero, con esto no alcanza, sino que después de haber estudiado las leyes, hay que decir que “las palabras que salieron de nuestros labios sean importantes para Hashem como si hubiéramos hecho verdaderamente el sacrificio”. Esta plegaria es un pedido muy especial, para que Hakadosh Baruj Hu considere nuestras palabras (las palabras en las que describimos el sacrificio) tan importantes como si en verdad, ofrendamos ese sacrificio.

Y escribió el Maran Hajida ztz”l que esto está señalado en el versículo: “ordenarás a Aharon y a sus hijos, diciendo”. Y vemos que la palabra “diciendo” parece estar de más, pero viene a indicarnos que así es la ley de la Ola, que nuestras palabras sean tan importantes como el ofrendar el sacrificio.

Contó el rab Galinsky: estaba en Haifa, y un iehudi se me acercó y me hizo una pregunta: está escrito “y se completarán las vacas en tus labios”, nosotros leemos la perasha de los sacrificios y Hashem considera que los hemos ofrendado. ¿Pero por qué decimos solamente vacas? Hay muchas clases de sacrificios: ovejas, corderos, pájaros y ofrendas de harina…

Le contesté: ¿dónde está la pregunta? Si podemos pagar con nuestros labios, ¿por qué no hacerlo con las vacas, que es lo más valioso?

Y esto se compara, salvando las diferencias, desde luego, con un falsificador de billetes, que consiguió hacer billetes de doscientos shekalim realmente perfectos. ¿Acaso se nos ocurriría preguntarle por qué no imprime también billetes de cien y cincuenta? No es tonto, si puede falsificar billetes de doscientos, sería una pena hacer billetes más pequeños…

Esto es correcto, y cuanto más correcto, más nos obliga.

Imaginemos una máquina que fabrica billetes. Cada bendición que pronunciamos, un billete. Cada Tefila, cada oración, un billete. Pero el valor del billete dependerá de nuestra concentración, de nuestra intención. Si sólo fueron palabras, como las palabras que se lleva el viento, billete de veinte. Con una pequeña concentración, de cincuenta. Pensando en cada palabra, cien. Con todo nuestro corazón, doscientos.

Entonces, ¿para qué fabricamos billetes de veinte cuando podemos obtener los de doscientos?

Traducido del libro Vehigadta – Leiamim Hanoraim.

Leiluy Nishmat 

Israel Ben Shloime z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom

León Ben Ezra  ז”ל




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