Judaismohoy
Buscador . . . . . . . . . . . .
 






Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Shmini
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



DONDE HAY RATONES 

“Tampoco de ése, comerán” (Vaikra 11,4)

En nuestra perasha, leemos sobre los alimentos que tenemos prohibido comer. Y sabemos que hemos recibido la orden de no comerlos, y esta orden no es ningún capricho ni una cosa arbitraria, jalila, sino que sus orígenes están en la misma Creación.

Hay alimentos que comerlos representa el cumplimiento de un precepto, como el comer Matza la noche del Seder de Pesaj, o comer pan en las tres comidas de Shabat, y hasta encontramos en estas comidas un buen grado de Santidad.

De la misma forma, perdón, no podemos decir de la misma forma, sino en forma totalmente contrapuesta.

Hay comidas prohibidas en las que encontramos todos los grados de impureza (Tania, fin del cap.6).

Y la impureza la encontramos desde el principio, hasta el fin, hablando desde el proceso de la preparación del alimento hasta, inclusive, el momento posterior a su consumo.

Estos alimentos aumentan la fuerza de la impureza y atraen a los consumidores hacia el punto opuesto a lo que se llama cumplimiento y cuidado de la Tora, Hashem nos guarde de esto.

Nosotros, somos personas simples, no tenemos contacto con las cosas normalmente ocultas para los hombres, pero hay una cosa que sí sabemos: un grupo de gente que trabajaba para acercar a personas alejadas al cumplimiento de la Tora, fue a aconsejarse con uno de los grandes rabanim de nuestra generación, y en medio de la conversación surgió la pregunta: cuando estamos con un grupo de personas que recién comienza a acercarse, ¿cuál es el primer punto a tocar?

Y este Gadol de Israel, su recuerdo sea siempre para bendición, contestó que lo primero, antes que ninguna otra cosa, se debe hablar sobre la Santidad de la mesa iehudi, sobre el Kashrut de los alimentos. Porque comer alimentos prohibidos empujan, con su propia fuerza de impureza, a que los que los consumen también caigan en la impureza. Y nuestra sagrada Tora atestigua que el corazón queda bloqueado a cualquier intento de ingreso de la Santidad.

Los alimentos prohibidos atontan el corazón de la persona (Ioma 38b). Pero, si cuidamos la aptitud (Kashrut) de los alimentos, el corazón se abre a la Santidad, y por consiguiente, esta persona se acercará más a la Tora y al cumplimiento de los preceptos.

El problema surge, cuando no solamente nosotros conocemos este secreto, sino que “el otro lado”, el lado que nos quiere alejar del cumplimiento, también lo sabe, e intentará evitar que comamos alimentos aptos, o, si fuera posible, hacernos comer alimentos prohibidos.

Hay algo, que intentará lograr que nuestro sistema de Kashrut comience a tambalear. De otra forma, como podemos entender lo que sucede aquí, en la tierra de Israel, que con tanta fuerza los comercios intentan vender carne no Kasher, peces no aptos para nuestro consumo, y hasta los llamados “frutos de mar”, más conocidos como mariscos.

Aparece un impulso desenfrenado por abrir negocios donde quieren comercializar carne de cerdo, cuando la mayoría de los habitantes de nuestra tierra, a pesar de que muchos de ellos no son cumplidores de la Tora, no tienen ningún interés en consumir este tipo de alimento, si es que podemos llamarlo así.

Y aunque las leyes estén en contra del establecimiento de estos comercios, también sabemos, que no siempre las leyes se cumplen en nuestra tierra. Solamente leyes especiales, dirigidas a un determinado público, siempre se cumplen. Pero cuando una ley puede tener influencia para acercar a la gente a la Tora, difícil que esa ley se cumpla por mucho tiempo. Y somos testigos de las guerras que se plantean en cuanto al cumplimiento de algunas leyes, y podemos decir, que muchas veces vimos como, cuando una ley puede hacer tambalear los límites de la Santidad, esa ley pasará a ser muy fuerte.

Hay muy seguido, nuevas leyes que atacan dos límites muy importantes, que tratan de derribar las murallas del Shabat y los límites del Kashrut de los alimentos.

Contó el gaon, rabi Iluhan Abidani ztz”l de Kurdistan, un hecho que pudo ver con sus propios ojos. Había un carnicero que se había enfermado muy gravemente y estaba más próximo a la muerte que a la posibilidad de seguir viviendo.

Llamaron al rab para que el hombre haga su confesión antes de morir, y llorando, le dijo al rab, que durante toda su vida había alimentado a sus clientes iehudim con “nevelot y terefot” (animales prohibidos para nuestro consumo), Hashem nos guarde.

No pudo terminar de relatar sus pecados, y el tiempo se le terminó, y murió. Lo llevaron a su lugar de descanso, cavaron un pozo, y se encontraron con la novedad, de que cuando lo iban a ingresar al pozo, éste estaba repleto de ratones que iban de un lado al otro.

Esto no era algo que solía suceder, y ante la sorpresa, decidieron cavar otro pozo. Cuando están por apoyarlo, otra vez, el pozo lleno de ratones. Ya no sabían qué hacer...

Informaron lo acontecido al rab, que sugirió cavar un tercer pozo. Acercaron el cuerpo al nuevo pozo, y otra vez, decenas de ratones que corrían como desesperados dentro del pozo.

Intentaron espantarlos, pero nada, los ratones seguían allí. Bajaron al pozo ramas de madera ardiendo, y los ratones no se escapaban.

Dijo el rab: si ya ocurrió tres veces, se convirtió en ley, y podrá ocurrir cien veces. No hay alternativa, bajen el cuerpo al pozo!

Cuando se dispusieron a colocar la lápida, encontraron que los ratones habían desintegrado el cuerpo del hombre, hasta los huesos desaparecieron, no quedó nada!

¿Y por qué justamente recibió este castigo?, nos preguntamos.

Sabemos, que una de las características de la justicia de Hakadosh Baruj Hu es, “mida kenegued mida”, o, para que lo entendamos mejor en nuestro idioma, pagar con la misma moneda, o también, ojo por ojo…

Entonces, ¿cuál es la relación entre la maldad que hizo este hombre y los ratones?, ¿los ratones se comportan de la misma forma?

Dice el Talmud Ierushalmi que esos ratones, son malvados, pero ¿por qué? Porque cuando ellos encuentran un depósito de cosecha, no les alcanza con calmar el hambre, rompiendo y robando, sino que además, se encargan de llamar a todos sus amigos que se encargarán de consumir el dinero del dueño del campo (Ierushalmi, Baba Metzia, 3-5). Los ratones entran en la clasificación de “pecadores e incitadores al pecado de otros”.

Entonces, ¿quién quiere jugar con reptiles, animales muertos o impuros, carne de cerdo? El que quiera algo así, el que piense que le gustan estas cosas despreciables, tendrá que pagar un precio muy alto cuando sea juzgado.

Pero si esto es lo que, lamentablemente le gusta, ¿por qué tiene que asociar a otra gente en su mal proceder? ¿Por qué engañar a otras personas y hacerlas pecar como él? ¿Por qué impurificar a las personas que tengo cerca con mi misma impureza?

Este hombre, que, lamentablemente pecó e hizo pecar a mucha gente inocente, se hizo amigo y socio de los ratones, y por eso, los ratones se encargaron de hacérselo saber, Hashem nos libre y guarde…

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishma 

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




Tus comentarios:
Nombre
Apellido
EMAIL Dirección obligatorio
Mostrar mi email?
Si   No
Resumen (en una línea):
Comentarios obligatorio

Campo validacion 4+2=:
 
 suscripción
 direccion email:
  Clik

Semana a semana
Perlas
Visiones
Brainstorming
Temario semanal
En profundidad
Actualidad
Selecciones
Haftara semanal

 

Judaismo para Hoy en español
Copyright © 1995-2021 Todos los derechos están reservados a judaismohoy.com
Queda prohibida la reproducción de todo el material escrito y dibujos usados en este sito sin la autorización de judaismohoy.com
Por favor no leer el contenido de este sitio en Shabat y en las Fiestas judías



[ CONTACTENOS ]

[Vida Judía]    [Nuestras Fuentes]    [Cocina Judía]    [Entendiendo el Judaísmo]   
[Cocina Judía]    [Festividades]    [Para Reflexionar]    [Januca]   
[Para Reflexionar]