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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Jukat-1
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

HABLANDO DE ROPAS 

“…si me vas a dar a este pueblo en mi mano…”  (Bamidvar 21,2)

Estudiamos en nuestra perasha, que cuando se apartaron las “nubes” de Hakadosh Baruj Hu, que rodeaban y protegían al pueblo de Israel, con la desaparición física de Aharon Hacohen, los amalekim pensaron que era un mensaje del cielo: que llegó el momento en que podrían luchar contra Israel y vencerlo.

Pero, sintieron miedo, no fuera a ser que los iehudim eleven sus oraciones al Bore Olam y ellos caigan en sus manos, cuando las plegarias fueran contestadas.

¿Qué hicieron? Cambiaron su lenguaje, y comenzaron a hablar como los kenaanim, para que los iehudim pidan en sus plegarias, que Hashem les entregue a los kenaanim en sus manos, y por cuanto que ellos no eran kenaanim sino amalekim, aunque las oraciones fueran recibidas por Hashem, no harían ningún efecto sobre ellos, que no eran kenaanim.

Y los iehudim, cuando se fijaron en ellos, vieron que se vestían como amalekim y pero utilizaban el lenguaje de los kenaanim, y no sabían cómo pedirle a Hashem. Enseguida, supieron de qué forma rezarían: vamos a rezar en forma general, así no importará ni la vestimenta ni el lenguaje. Entonces le pidieron así a Hashem: si me vas a dar a este pueblo en mi mano, y la oración fue recibida.

En el libro “Siaj Sarfe Kodesh” encontramos la pregunta maravillosa del gaon hakadosh escritor del libro “Jidushe Harim” ztz”l: ¿por qué los amalekim no cambiaron todo, también su lengua y también sus ropas, y en ese caso, los iehudim no hubieran cambiado su forma de rezar porque no habrían tenido dudas? De esta forma, los iehudim habrían pensado que se trataba de kenaanim, habrían pedido a Hashem que los libere de los kenaanim, mientras ellos eran los amalekim...

Y contesta espectacularmente. Si ellos cambiaban tanto su lenguaje como sus vestimentas, ese cambio no sería momentáneo, sino que tendrían que seguir así durante cierto intervalo de tiempo, y hasta podría suceder que en realidad se conviertan en kenaanim. Y si los iehudim, entonces, pedirían para que Hashem ponga en sus manos a los kenaanim, serían ellos mismos los que caerían en manos de Israel.

De aquí podemos tener una idea, de cómo la forma de hablar y de vestir pueden influir sobre un pueblo entero.

Un relato cercano a nuestros días encontramos en el libro “Peer Israel”: un muchacho joven que se “enfrió”, espiritualmente hablando, y se desvió alejándose de nuestro camino, sentía vergüenza de que sus parientes, amigos y vecinos vean su nueva forma de vida.

Decidió, entonces, viajar al exterior. Allí, donde nadie lo conocía, podía conducirse con mayor libertad. Fue a ver a su rab, el “Beit Israel” de Gur ztz”l, para recibir la bendición de despedida, la recibió y se fue.

Apenas se fue, llegó un enviado a la casa del muchacho, de parte del rab. Le preguntó a la madre si el hijo llevó consigo su “kapota” de Shabat. A la madre le extrañó mucho la pregunta, revisó en el cuarto del hijo y encontró la kapota.

Cuando llegó el primer viernes en que el muchacho estaba en el exterior, un iehudi desconocido golpeó a la puerta de la casa de hospedaje donde se alojaba el muchacho, pidió verlo, y cuando se encontró con él, le entregó un paquete y le dijo: el rebe me pidió que te entregue esto, y se fue...

Abrió el paquete y se encontró con la kapota que había dejado atrás, en su casa.

Entendió enseguida que las intenciones del rebe eran, no permitir que cambie sus ropas, con la esperanza de que su kapota lo cuide, también cuando se encuentre entre gente mala, y pueda volver a su estado espiritual anterior.

El pueblo de Israel cuidó su identidad en Egipto, porque no cambiaron sus ropas, su forma de hablar ni tampoco sus nombres. Y no porque allí había una gran estabilidad espiritual, ya sabemos que descendieron hasta la categoría más baja (o hablando de impureza, hasta la más alta de las impurezas), llegaron hasta la escala cuarenta y nueve de impureza, y un descenso más podría haber significado el fin, pero las vestimentas, los nombres y el lenguaje nos salvaron y fueron los que detuvieron el descenso y nos llevaron hacia la Salvación.

Y nosotros debemos saber que también en estos días estamos al borde de un pozo, todo lo que nos rodea pretende devorarnos: la educación extraña nos quiere envolver y lucha contra nuestra educación de siempre, empuja y ataca, pero tenemos con qué defendernos: cuidar nuestra lengua, hablando en forma limpia, en forma pausada, evitando las expresiones de la calle. Preocuparnos por nuestras vestimentas, cuidar nuestro recato al vestir, tanto para las mujeres como para los hombres...

Todo esto tiene un significado muy especial en estos días, en la época en que se acercan las vacaciones, cuando el peligro es mucho mayor, y nuestra obligación, por ende, se multiplica, para no romper las vallas de la vestimenta y el comportamiento, sin traer palabras “nuevas” a nuestro vocabulario.

Y no hace falta entrar en detalles, solamente recordar, para que no haya cambios, jalila, que nuestra salida de vacaciones sea como nuestro regreso al interior del Beit Hamidrash.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

León Ben Ezra ז0”ל




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