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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Shoftim
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

UN BUEN OJO

“y no tomarás soborno”

(Devarim 16,19)

Nosotros suponemos que esta orden fue dada solamente para los jueces y para los legisladores, y no es así. El gaon rabi Israel Misalant ztz”l enfatizó que cada uno de nosotros es legislador y a la vez juez, ya que siempre tomamos decisiones, siempre hacemos juicios y legislamos sobre lo que debemos hacer o sobre lo que hemos hecho.

Por esta razón, debemos tener mucho cuidado, y tratar de observar y resolver todas nuestras posiciones, en forma balanceada, en forma justa, sin que aparezca un soborno exterior, o, lo más peligroso, el auto soborno.

Un hombre de campo, cargó una gran cantidad de cosecha que estaba apilada en el campo sobre su carreta, con la intención de ingresarla a su depósito.

Cuando llegó hasta la puerta del granero y pretendió entrar, la carreta quedó atrancada contra la puerta. La montaña de granos superaba la altura del marco de puerta del granero, y no había forma de hacerla entrar. Golpeó al caballo para que haga un esfuerzo más, pero todo fue en vano.

Pasó por allí un hombre de esos que suelen burlarse de otros, y le dijo: ¿por qué le pegas a tu caballo, acaso no ves que tu carga es más grande que la puerta por donde quieres entrarla?

Preguntó el campesino: ¿y qué puedo hacer?

El burlador vio que se presentó la oportunidad para entrar en el espectáculo: si quieres, puedes comprarme estos prismáticos, que agrandan cualquier cosa varias veces por sobre su tamaño natural. Podrás mirar a través de ellos y verás cómo se agranda la puerta, y se hace también más alta, así podrás ingresar tu carreta sin ningún esfuerzo.

El campesino compró los prismáticos a un precio muy elevado, y el otro hombre siguió su camino. Miró a través de los prismáticos, apuntó hacia la puerta del granero, y vio, con mucho asombro, que era verdad, la puerta se ensanchaba y crecía en altura.

Entonces, comenzó a avanzar con su carreta, tomó las riendas de los caballos con fuerza, pero la carreta volvió a trabarse en la entrada del depósito… Miró a un lado y al otro, y vio que el burlador se alejaba rápidamente, lo llamó con voz desesperada y le dijo: amigo, dime por favor qué hacer, la puerta se agrandó, pero todavía no puedo hacer entrar mi carreta…

El hombre, desde la distancia, le gritó: trata de mirar la montaña de granos que tienes sobre la carreta a través de los prismáticos, y verás que también los granos de la cosecha han aumentado su volumen, por eso no pueden entrar, porque a pesar de que la puerta se agrandó, también los granos se han agrandado…

El campesino obedeció la orden y miró la cosecha a través de los prismáticos, comprobando que también había aumentado su tamaño. Entonces, los prismáticos no tenían ninguna utilidad para él, ¿para qué se los vendió ese hombre?

Ahora siguió gritándole pero con furia: me has engañado, devuélveme mi dinero!

Y desde la lejanía podía escuchar la voz del burlador que lo aconsejaba: tengo la solución para ti. Cuando miras a la puerta, la miras como hasta ahora, pero cuando miras a la montaña de la cosecha, das vuelta los prismáticos, y verás como la cosecha reduce su tamaño, y entrará por la puerta con mucha facilidad.

Los prismáticos tienen otro lado, y él no lo sabía… lo dio vuelta para observar la cosecha, y se convirtió en algo muy pequeño. Sintió una alegría inmensa, y otra vez orientó la carreta hacia la puerta y avivó los caballos, pero llegaron otra vez hasta la puerta y de allí no se movieron más.

Buscó desesperado al hombre que le vendió los prismáticos, pero ya era muy tarde, había desaparecido en la lejanía, y él quedó allí con su aparato misterioso…

Pasó por allí un hombre muy pícaro, y vio al campesino con su carreta atrancada en la puerta del granero. El hombre miraba la puerta a través de los prismáticos, y después daba vuelta los prismáticos y en el otro sentido miraba la cosecha… y así seguía una y otra vez… El hombre que pasaba le llamó la atención: eres un hombre sencillo y seguramente, por tu ignorancia, alguien te ha engañado. Tienes que comprender que los prismáticos no cambian la realidad, no pueden cambiar el tamaño real de las cosas, sólo pueden hacer que las veamos diferentes, y tampoco puedes hacer lo que haces, mirar cada cosa por el lado que te sea más conveniente, como queriendo agrandar la puerta del depósito y tratando de reducir el tamaño de la montaña de cosecha que llevas en la carreta…

El campesino acepto el consejo: ¿y qué puedo hacer?

Es muy fácil, contestó el visitante, tienes que quitar granos de la montaña que está en la carreta hasta llegar a la altura de la puerta, y así, la carreta entrará sin ningún esfuerzo.

Este fue el ejemplo, ¿y cuál es el mensaje para nosotros? Nosotros nos encontramos ahora en el mes en que Hashem nos trata con piedad, en el mes de las Selijot, acercándonos al Día del Juicio, en el cual nos investigarán nuestras acciones, y también decidirán qué hacer con nosotros. Puede ser que tengamos los méritos suficientes y seamos inscriptos para la vida, la salud, el buen sustento, satisfacciones y alegría.

Pero si somos un poco flojos con nosotros, si no queremos profundizar, no tendremos preocupaciones y tampoco sentiremos mucho temor. Nos sentimos conformes, satisfechos con lo poco o nada que hemos logrado, y tenemos una razón muy buena para pensar así: puede ser que nuestra carreta esté llena de pecados que hace a la carreta muy pesada: hablamos mal, no estudiamos Tora como se debe, desaprovechando el tiempo, y muchos otros pecados más. Pero el marco de la puerta está muy alto, el nivel de piedad que se usa en el Cielo es muy grande, y nosotros nos apoyamos muy pero muy fuerte, en las trece cualidades de piedad que tiene Hakadosh Baruj Hu.

Pero seguimos con un problema tremendo: nuestros pecados son muchísimos, y están muy por encima de cualquier altura y llegan hasta el cielo (Ezra 9,6), y existe un límite para las súplicas y el perdón. Pero, por cuanto que nosotros estamos muy cerca de nosotros mismos, podemos enjuiciarnos y juzgarnos de una manera muy suave, podemos inclinar la balanza del juicio a nuestro favor. Y aplicar para nosotros esos prismáticos tan maravillosos, que por un lado, pueden agrandar y llevar a una gran escala la piedad y las súplicas, y por el otro lado, pueden reducir nuestros pecados hasta la medida más pequeña.

Así nosotros suponemos que podremos pasar el Día del Juicio con tranquilidad.

¿Y qué podemos hacer? Sabemos que nos estamos auto engañando…

Debemos intentar ver la realidad tal cual es, y también saber que hay un solo camino que tiene un solo sentido: debemos achicar la montaña de los pecados, no usando prismáticos, sino reduciendo la cantidad de pecados, y arrepentirnos con sinceridad para hacernos merecedores en el Juicio.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat 

Lea (Luisa) Bat Sabri Halea Hashalom




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