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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Ki Tetze 2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

EL MAL OLOR DEL DINERO

“y no le cobrarás interés a tu hermano, para que Hashem te bendiga en todas las obras de tus manos”

 (Devarim 23,20)

La Tora nos hace una revelación muy importante: que en nuestro poder está la posibilidad de obtener la bendición y el éxito en todas las obras que ejecuten nuestras manos. Y resulta, aparentemente ser muy simple, sólo debemos cuidarnos de la prohibición de cobrar interés, la prohibición de “Ribit”.

La Tora le garantiza una bendición material y espiritual a todo el que se cuide de este terrible pecado, un pecado en el cual muchos se equivocan y lo cometen, o a veces no le prestan la atención debida, y caen en él sin darse cuenta.

La persona que presta con interés, dice la Guemara, perderá todas sus propiedades, si tiene una herencia por cobrar, no la cobrará, lo pueden acusar ante el gobierno, y muchas otras cosas malas le pueden suceder o se le pueden presentar por la gravedad de su pecado.

El dinero del que no sospechamos que sea proveniente de la prohibición de “Ribit”, que proviene de cosas permitidas, tiene una gran posibilidad de éxito, tanto material como espiritual. Y el relato a continuación puede mostrarnos lo que podemos esperar de un dinero ganado ilegalmente.

Los habitantes de Ierushalaim tenían grandes deudas porque habían tomado dinero prestado de los árabes, que cobraban un interés muy alto hasta que conseguían devolver todo el dinero prestado.

La congregación se había empobrecido mucho, y decidieron enviar al exterior a dos de las luces más grandes que iluminaban la ciudad, rabenu hagaon Maarit Algazi ztz”l  y rabenu Iaacov Jazan ztz”l, para recaudar el dinero que sería destinado a pagar las deudas, y recuperar el fondo de las congregaciones para ayudar a los estudiantes de la Tora.

En todo lugar fueron recibidos de muy buena forma y escucharon sus exposiciones, apreciaron la grandeza y la sabiduría, lo revelado y lo oculto. Lo mismo ocurrió en la visita a Franckfurt, donde el Jatan Sofer y un hombre que se ocupaba de la Kehila, rabi Dan Gognaim, se preocuparon en gran medida por el éxito de la misión de los enviados. Y también los acompañaron en la salida de la ciudad.

Ya cuando estaban a punto de separarse, el Maarit Algazi ztz”l, puso su mano en su bolsillo y sacó de allí una suma muy importante de dinero: este dinero lo recibí de un hombre llamado Lilental, y me parece que no es un dinero apto, no es mi voluntad impurificar la ciudad de Ierushalaim. La Santidad no se puede construir con dinero impuro, por favor, devuélvanle el dinero.

Aunque no quería recibirlo, no tuvo alternativa, y rabi Dan Gognaim tomó ese dinero y lo devolvió al donante. Y el donante no quedó conforme con que le hayan devuelto el dinero, y aparentemente con furia, proclamó: ¡este dinero lo usará el rab en su Beit Hamidrash! El hombre dejó sus ocupaciones y abandonó su tierra, y mientras el Maarit Algazi seguía recaudando dinero en las comunidades del exilio, el señor Lilental subió a la tierra de Israel, y ya en Israel se dirigió a Ierushalaim. Entró a la Ieshiva de los Mekubalim “Beit El”, donde el Maarit Algazi era el rab principal, y le dijo a los encargados del cuidado del Beit Hakneset que quería cambiar todos los muebles del lugar, mesas, sillas, etc., todo estaba tan viejo y roto, y lo cambiaría por algo nuevo, importante y costoso. Desde luego se alegraron mucho por la propuesta, y no había límite en la alegría de todos.

No pasó mucho tiempo, y el Maarit Algazi regresó de su misión, y llegó al Beit Hamidrash. Todavía no había entrado al salón, parado en la entrada del Beit Hamidrash, observó los muebles nuevos y dijo: ¡Sáquenlos de aquí! Olor a impureza sale de ellos, y no se puede estudiar en ellos Tora con Santidad…

Porque Lilental había construido su fortuna prestando dinero con interés.

Muchos cayeron en el pecado del Ribit, y podemos evitar caer en él por diversos caminos. Si nos conducimos con las directivas de los legisladores, y como primera medida, debemos reconocer que ellos tienen la razón, que saben del tema y siempre es necesario preguntar al rab que legisla, sobre cualquier problema que se nos presente.

Tratemos de prestar un poco más de atención a un tema tan delicado y tan importante como éste, para poder hacernos acreedores de todas las bendiciones que la Tora nos garantiza. Cuando le prestamos a nuestro compañero algunas monedas, un instrumento de escritura o inclusive, cuando un niño le da a otro una golosina, debemos tener mucho cuidado en no devolver más de lo que recibimos para que no parezca que fue un préstamo con interés, y la bendición estará en todas las acciones de nuestras manos, como lo garantiza la Tora: para que Hashem, Tu D-s te bendiga, en todas las obras de tus manos.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat  

Lea (Luisa) Bat Sabri  Halea Hashalom




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