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Shabat Shalom


La nueva hoja Nitzavim - Vayelej
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

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“…y se consumirán” (Devarim 31,17)

“Y los abandonaré, y ocultaré Mi Rostro de ellos, y se consumirán”, ¿qué significa “y se consumirán”? Estudiamos la traducción (Targum): que los enemigos los despreciarán, ¡Hashem nos salve!

Ha llegado el enemigo devorador… Pero, para el gaon rabi Zalman Sorotzkin ztz”l, la explicación del versículo es diferente: cuando un hombre cumple con la Voluntad de Hakadosh Baruj Hu, existe una finalidad en la vida, hay una meta que tratamos de alcanzar, un destino perfectamente determinado.

Este hombre, que cumple Su Voluntad, se elevará con la Tora, hará un cuidadoso pulido y lustrado de sus cualidades y aumentará en el cumplimiento de los preceptos.

Subirá peldaño tras peldaño, de una escalera cuya base está en la tierra y su otro extremo llega hasta el Cielo, en busca de la vida eterna del mundo venidero.

Pero, lo alenu, cuando el hombre se desconecta del Bore Olam, también el Bore Olam se desconecta del hombre. ¿Y cuál va a ser ahora la finalidad del mundo? “Y vamos a comer…” (así podemos traducir el versículo) y nada más que eso…

En una oportunidad, una persona estaba muy asombrada, y su asombro era muy grande pensando en una cualidad de la cultura francesa: ¡este es un pueblo, que tiene, o logró producir, cuatrocientas clases de quesos!...

Y nosotros no estamos aquí para despreciar, Jas Veshalom, a las cuatrocientas clases de quesos. La Guemara (Nedarim 50b) nos cuenta sobre un Din Tora (un juicio dirigido por un Tribunal Rabínico), en el cual Rabenu Hakadosh fue el juez.

Una de las partes aseguró a la otra, enseñarle a preparar mil clases distintas de condimentos, y no le enseñó sino solamente ochocientos…

Rabenu Hakadosh no salía de su asombro, ¿por qué hacer una demanda? Y dijo: vean, cuántos gustos distintos hay en los frutos de Hashem Itbaraj (Rashi).

Por el contrario, cada alimento, cada clase de queso, puede existir y debe existir para que reconozcamos, como es debido, para que aprendamos a agradecer por el bien que Hashem hace con nosotros, “que no falta en el mundo cosa alguna” (Berajot 43b). Y en el futuro, cada uno de nosotros, deberá rendir cuentas, presentarse en juicio, por cada clase de fruto que no hemos probado (Ierushalmi, Kidushin, al final). Porque teniendo toda la Creación frente a cada persona, ha dejado pasar las cosas que han sido creadas para él, en particular. Y si nos detenemos en cada pequeño detalle de la Creación, ¿para qué lo hacemos sino para agradecer al Bore Itbaraj?

Pero, a partir de esto, ¿puede construirse la cultura de una región?!...

¡Cuánto ruido hacen las palabras del Rambam! (en sus “ocho capítulos”, capítulo cinco): veamos qué sucede cuando una persona come un alimento sólo por el hecho de que está sabroso. Si ahora traemos a este hombre y a un animal frente al Rambam, el Rambam dirá: para mí, los dos son iguales.

La comida, en su esencia, es exactamente igual a la nafta (o gasolina o bencina): la nafta permitirá que un automóvil avance, o se mueva, ¿pero podemos encontrar alguna persona que tenga plena su capacidad de pensar, que afirme que el automóvil fue creado solamente para ser llenado de nafta? El automóvil fue creado para llevarnos de un lado a otro, donde podamos ser útiles y cumplir mejor todos los preceptos.

Ahora comenzamos a encontrar el rumbo y la finalidad de nuestra conversación, y vamos a tratar de ocuparnos y fortalecernos, pasando, inclusive, por sobre la finalidad… o sea, tratando de avanzar todavía más.

En el Bircat Hamazon (la bendición posterior a la comida) pedimos así: queremos poder sustentar nuestra familia con comodidad, dentro de una economía ordenada, y obtener muchas ganancias… y no permitas que tengamos la necesidad de pedir regalos de otras personas.

El gaon rabi Nissim Jadad ztz”l, de Gabas, en Tunez, trajo un hermoso ejemplo que leyó de un libro.

Un león, el rey de la selva, estaba muy débil. Sus presas se escapaban de él con extrema facilidad, y no podía alcanzarlas. Intentaba correr detrás de ellas, pero no tenía de dónde sacar fuerzas. Y si intentaba acercarse a su presa sin que ésta lo notara, en el instante final, el león se quedaba sin nada, prácticamente, se le “escapaba de las manos”.

El león sentía hambriento, hacía tanto tiempo que no comía una buena porción de carne. Su cuerpo estaba todo arrugado y caído, y lo único que podía distinguirse bien en él, era su piel pegada, sin exagerar, y sus huesos.

Iba caminando, sin rumbo y sin fuerzas, por el costado del camino, cuando de pronto sale a su encuentro un perro, fuerte y gordito.

Y el perro comenzó el diálogo en tono de burla: Shalom para usted, mi señor rey. ¿Por qué está usted tan flaco y débil? ¿Y por qué su cara está tan demacrada? Le puedo asegurar, que lo mejor para usted será asociarse a los grupos de personas, cuidar sus palacios y residencias, sus tesoros y sus campos, ayudarlos a transportar sus cargas y ser parte de sus sirvientes, y de esta forma, obtendrá comida en abundancia, y podrá comer la comida que más le guste, en lugar de deambular por donde lo lleve el viento, y vivir hambriento y sin fuerzas. Aprenda de mí, señor rey, que desde que soy el guardián aquí, engordé, y ahora soy más grande y más fuerte. Y aunque me vean atado y aparentemente encarcelado, recibo de quien me tiene atado, la comida que más deseo, carne y huesos…

El león, tomó fuerzas y le contestó: la gordura que tienes te cubre los ojos, hasta el punto en que no puedes diferenciar entre el honor y la vergüenza. Es preferible para mí ser libre, aunque esté hambriento y débil, que ser esclavo y venderme por un plato de comida.

Concluyó rabi Nissim:

Toda persona que piense, que su honor tiene algún valor para él, y que tiene sus manos limpias del pecado, comprende, y muy bien, que un hombre que extiende su mano para pedir prestado o regalado, para poder vivir una vida de tranquilidad y placer, se ve como un esclavo que pide un préstamo del hombre, y lo podemos comparar al perro de nuestro ejemplo, que mete su cabeza dentro de un collar, para conseguir huesos y carne, sin importarle que ahora está esclavizado…

Aprendamos del león, que prefiere estar delgado y hambriento, con la condición de permanecer libre. Y así dijo el sabio: confórmate con una cantidad pequeña que te libre de la pobreza, pero que hemos conseguido con nuestra voluntad y la Ayuda de Hashem, que es mucho mejor que una fortuna que llega con la vergüenza y la humillación.

Cuantas veces vemos, familias que no viven con gran abundancia, pero que valoran lo que tienen, ya que todo fue conseguido con esfuerzo, con muchas oraciones y con lágrimas derramadas al Creador. Estas personas cuidan cada moneda que tienen, porque saben que no les sobra, por eso, usan lo que necesitan, y cuando observan que no podrán darle utilidad a determinada cosa, intentan dárselo a otra familia que lo necesite.

Por otro lado, encontramos familias que viven con mucha bendición, pero esa bendición no llegó con plegarias, sino por una herencia. Y piensan que todo es propiedad de ellos, por eso, en contadas ocasiones y con mucho esfuerzo, logran desprenderse de una moneda para dar caridad.

Aprendamos del león, y al recitar el Bircat Hamazon, después de pedir sustento y ganancias, pidamos que todo esto, sí lo queremos, pero que llegue sin humillaciones, y sin tener que pedir prestado o regalado extendiendo nuestra mano, como si fuéramos pobres.

Traducido del libro Abotenu Sipru Lanu.

 

Leiluy Nishmat 

Lea (Luisa) Bat Sabri Alea Hashalom




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