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Shabat Shalom


La nueva hoja Hazinu
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

EL MUNDO AL REVES

“generación invertida”

(Devarim 32,20)

El Maran Hajatan Sofer ztz”l contó, que una mujer se presentó frente su rab, el gaon rabi Pinjas Baal “Hafloe” ztz”l, rab de la ciudad de Frankfurt, con una queja en contra de su esposo: despilfarra todo el dinero que pasa por su mano repartiéndolo en Tzedaka, y para las necesidades de la familia y de la casa, el dinero no alcanza y vivimos en una pobreza casi total. Cuando la mujer se prestaba a seguir con sus quejas, llega frente al rab un hombre muy pobre, que en este caso, presenta sus problemas acusando a su hermano, que es multimillonario, pero que no le da ni siquiera una moneda para ayudarlo, y lo deja allí tirado y con hambre, sin que nada le importe.

El rab mandó a llamar a las dos personas que habían sido denunciadas.

Le preguntó al primero: ¿por qué entregas tanto dinero en forma de caridad? Una cosa es repartir caridad y otra cosa ya es despilfarrar el dinero.

El hombre contestó con un versículo (Kohelet 9,12): el hombre no sabe cuál es su momento. Y hay que pensar que tal vez mañana mismo podría morir. Y cuando una persona se separa de este mundo, ¿quién lo acompaña? No lo acompaña ni el oro, ni la plata, ni las piedras preciosas, sino solamente los preceptos que cumplió, y las buenas acciones que realizó. Por eso, yo reparto Tzedaka con mucha generosidad, para cumplir con lo que está escrito (Tehilim 85,14).

El rab le preguntó al segundo: y tú, ¿por qué apartas tu mirada y no ayudas al necesitado?, y más, cuando el necesitado es tu propio hermano…

Y contestó con el mismo versículo: el hombre no sabe cuál es su momento, y puede ser que Hashem haya decretado que viviré muchos años, ¿y quién me dará el sustento cuando esté anciano y sin fuerzas? Por eso necesito juntar todas las riquezas que estén a mi alcance, porque con estas riquezas podré vivir cuando esté débil y viejo, sin tener que depender de la ayuda de nadie.

Y el rab escuchó y tomó su decisión: a cada uno de ellos, Hashem lo cuidará de lo que tiene miedo para su futuro. El primero tenía miedo porque pensaba que mañana mismo podría morir, y por eso, repartía todo el dinero que estaba a su alcance en Tzedaka. Por esto, Hashem lo ayudará para que consiga tener una larga vida y muchos años de bendición. El segundo que sentía miedo porque tal vez viviría muchos años, Hashem lo salvará de este miedo y en pocos días…

Termina sus palagras el Maran Hajatan Sofer ztz”l, con lo que dice el profeta Ieshaiahu: Y Hashem vio que el pueblo estaba enojado… y les dijo que ocultaría su presencia de ellos y que verá (Hashem) lo que ocurriría en los últimos días. Hakadosh Baruj Hu quería ver qué efecto produciría el recuerdo del fin del universo, en general y, en particular, el día de la muerte. ¿Y qué es lo que vi?, preguntó Hashem, vi una generación que vive al revés, que mira al revés, en lugar de que el recuerdo del fin provoque que cada uno de nosotros intentemos aumentar nuestro tiempo de estudio y el cumplimiento de los preceptos, provoca un efecto contrario y decimos: matemos una vaca y hagámosle “Shejita” a un corderito, comamos carne y tomemos vino, comamos y tomemos, porque mañana podemos morir…

Antes de haber sido nombrado como el conductor de la congregación, el rebe Mipshisja ztz”l conseguía su sustento comerciando en el puerto de la ciudad de Dantzig.

Cuando llegaba allí, se hospedaba en el hotel de un iehudi, pero, en esos tiempos, los vientos del la “haskala” (el iluminismo o reformismo), habían tomado la ciudad, y el dueño del hotel también había caído en el mismo pozo. Estar en ese lugar, ya no era muy de su agrado, por lo que intentaba estar allí el menor tiempo posible, apenas conseguía concretar algunos negocios que le permitían obtener las ganancias que necesitaba, emprendía el regreso para estar bajo la sombra de la Santidad de su rab, el “Iehudi Hakadosh” ztz”l.

En una noche de Shabat, que tuvo que pasar allí, el vino se terminó y era necesario subir del vino que estaba almacenado en la bodega. El iehudi, dueño del hotel, llamó a su empleado no iehudi y bajaron juntos a la bodega. Al cabo de unos instantes subieron: el dueño del hotel subía con la vela en su mano para alumbrar el camino, y el sirviente traía las botellas de vino.

Dijo el rebe: ahora comprendí perfectamente el concepto de “una generación dada vuelta”. Si el no iehudi regresaba con la vela en su mano y el dueño del hotel, el iehudi, con las botellas de vino, todo estaría en perfecto orden.

Pero cuando intercambiaron sus funciones, el iehudi está profanando el Shabat, y el vino ahora se hizo prohibido para nuestro consumo, cuando el no iehudi lo tocó.

Y todo esto resulta ser tan profundo, porque apunta a todos los aspectos de nuestra vida! Nosotros cumplimos a la perfección, con todos los detalles, el precepto de “Ishtadlut”, que significa, que cuando tenemos algo que hacer, debemos hacer sólo una parte, confiando en que Hakadosh Baruj Hu se ocupará del resto. También hay otro precepto que nos ordena tener “Bitajon”, tener confianza y estar seguros de la supervisión particular del Bore Olam hacia cada uno de nosotros. Y, desde luego, estamos llenos de Bitajon!

¿Cuál es el problema? Que invertimos los papeles, intercambiamos los momentos.

Toda cosa que tiene que ver con el sustento, la calificamos y la colocamos en el lugar donde debemos aplicar el Ishtadlut, pero no cualquier clase de Ishtadlut sino horas y horas sin descanso.

Pero cuando nos están pidiendo un esfuerzo para hacer o ayudar en un precepto, o en Tzedaka, nos tiramos a descansar, y nos liberamos de la obligación con unas palabras especialmente preparadas para el caso: “Hashem ayudará”. En este momento en que deberíamos aplicar el Ishtadlut para ayudar a nuestro prójimo, traemos el precepto del Bitajon, y nos liberamos de la carga. Lo mismo cuando existe un peligro inminente que puede hacer sucumbir la espiritualidad nuestra o de nuestros hijos, al ser “tragados” por las malas compañías, en lugar del Ishtadlut, aplicamos el Bitajon en su máxima expresión para que Hashem nos salve, ¡sin que nosotros nos preocupemos para nada!

Vemos lo que significa una generación invertida.

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

TODO BAJO CONTROL

“extiende sus alas (el águila), lo toma

y lo lleva sobre sus plumas”

(Devarim 32,11)

Rabenu Abraham Ibn Ezra ztz”l nos mostró, que el versículo comienza en modo plural: el águila despierta su nido, revoloteando sobre sus polluelos, hay muchas aguilitas en el nido. Y continúa diciendo: extiende sus alas, lo toma, en singular. Y explica que el águila, primero, pasa por sobre todo el nido, controlando que todo esté bien, y después, revisa si entre sus hijitos, algunos de ellos son débiles y no tienen fuerza para volar, y uno por uno, los lleva sobre sus alas. De la misma forma, el Bore Itbaraj ayuda a cada uno de nosotros, en forma particular, y nosotros debemos apegarnos a sus cualidades.

El gaon hakadosh rabi Iehoshua Basis ztz”l, escuchó, con “Ruaj Hakodesh”, que en el Cielo estaban nombrando a determinada persona, el dueño de una pequeña panadería, y decían sobre él, que el mundo entero estaba “a sus pies”. Lo que él decretaba se cumplía, y si bendecía a alguien, la bendición llegaba.

Le preguntaron: ¿qué precepto cumpliste o qué buena acción realizaste para hacerte merecedor de estos poderes?

Confundido, contestó: yo soy un hombre simple, trabajo y me esfuerzo para el sustento de mi familia. No tengo la menor idea de qué me están diciendo.

Dijo el rab: piensa, y trata de recordar…

Hay algo pequeño, puede ser que el rab esté buscando justamente esto. Los días viernes, después del horneado de los panes, cuando el horno todavía está muy caliente, los vecinos llegan con sus ollas, con la comida de Shabat, para aprovechar el calor de mi horno. Y poco antes de la entrada de Shabat, vuelven y se las llevan.

Un día, quise ayudar a una mujer a retirar su olla, y se me cayó y se rompió. En su interior había sólo un huevo, tan pobre era la mujer que no tenía otra cosa para comer en Shabat. Vi en ella el sufrimiento por la rotura de la olla y porque se sabría de su pobreza extrema. Le dije: toma, aquí hay otra olla, llévatela.

Le estaba dando mi propia olla. La miró y dijo: esta no es mi olla.

Muy bien, le dije, esperaremos a que se lleven todas las ollas, y desde luego que nadie vino a buscar mi olla, aparentemente alguien la abandonó, le dije, con lo cual aceptó llevarla.

Desde entonces, cada viernes, yo preparo dos ollas, una para mí, y la otra, que espera su dueño que nunca llega y queda para esta señora…

Rabi Iehoshua dijo: ahora sabemos bien por qué tienes esos méritos, cómo quisiera tener parte en tu parte.

Traducido del libro Abotenu Sipru Lanu

 

Leiluy Nishmat

Lea (Luisa) Bat Sabri Halea Hashalom




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