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Shabat Shalom


La nueva hoja Parashat Lej Lejá
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

LAS ESPOSAS SON PESADAS

(LO DIJO SHLOMO HAMELEJ) 

“Y siguió viajando…”

(Bereshit 13,3)

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita: todos los hechos, todas las historias que encontramos en el libro de Bereshit, sobre lo que ocurrió con nuestros padres, los Avot Hakedoshim, son una enseñanza para las generaciones, para los hijos (para los hijos pequeños y también para los hijos más grandes, que a veces ya son padres y abuelos). Abraham Avinu fue desterrado de su lugar de residencia, de la tierra en la que nació y de la casa de sus padres. Llegó, Baruj Hashem, a la tierra de Israel, pero, al poco tiempo en la tierra había hambre, y no tuvo alternativa, descendió a la tierra de Egipto para vivir allí, porque el hambre era muy fuerte en la tierra (Bereshit 12,10).

En su camino hacia las tierras egipcias durmió en modestos hospedajes, pero, no tenía dinero para abonar su estadía. Y después de ocupar un lugar para dormir, tuvo que irse sin pagar, “behakafa”, como se dice en hebreo. Llegó a destino y el faraón quiso desposar a Sara, su esposa, pensando que era la hermana de Abraham Avinu. Y Hakadosh Baruj Hu lo castigó muy duramente, con llagas y lepra, hasta que se dio cuenta de dónde provenía el castigo y envió a Sara con Abraham, y a causa de su tremenda equivocación, indemnizó a Abraham con regalos dignos de un rey. Abraham había llegado con una mano atrás y la otra adelante, y volvía a su casa con una gran fortuna, y el versículo lo atestigua: y Abraham estaba muy pesado, con ganado, oro y plata, y siguió viajando.

Y explica Rashi que cuando volvió a la tierra de Israel en su viaje desde Egipto, durmió en los mismos hospedajes en los que durmió en el viaje de ida. Y esto nos enseña una forma muy especial de conducirnos: no cambiar nuestro lugar, el lugar en el cual estamos.

Y tengo una pregunta, dice el rab Galinsky.

Yo no sé mucho sobre este tema, pero escuché que los hoteles se distinguen entre sí por la cantidad de estrellas. O sea, cuando recibimos la cuenta por nuestra estadía, la cuenta nos dirá cuántas estrellas tiene el hotel. Si vemos, entonces, que el hotel tiene cinco estrellas, significa que es un hotel costoso, si vemos sólo dos estrellas, el hotel será mucho más económico.

Muy bien, veamos, un hombre llega a la conserjería de un hotel muy lujoso, cinco estrellas, y le dice al conserje, después de saludarlo: usted sabrá que hay hambre en la tierra, y la gente no tiene ni siquiera pan para comer. Sin embargo aquí, en este hermoso hotel, Baruj Hashem, no solamente hay pan, hay todo tipo de confituras, tortas, frutas, verduras, carnes, pescados, en fin, no falta nada. Pero, debo decirles algo antes de ingresar al hotel, ¡no tengo dinero para pagar! Si D-s quiere, cuando Hashem me dé su bendición y tenga algo de dinero, no sé cuándo, pagaré mi cuenta.

¿Qué piensan ustedes que le dirán a este hombre? No creo que le vayan a decir nada, solamente le mostrarán el camino para salir del hotel. Ya que si usted no tiene dinero para pagar, ¿para qué viene al hotel más lujoso de la ciudad? Puede buscar un hotel más económico y posiblemente le permitan dormir allí sin pagar la cuenta en el momento, pero aquí, en este hotel, el que no tiene dinero para pagar, no puede ingresar…

Escuché de una persona, que estaba muy enferma, lo alenu, y fue a hacerle una consulta a un gran profesor, no conforme con el diagnóstico de su doctor, y porque los dolores seguían siendo muy fuertes. El profesor lo revisó, estudió el caso, analizó y cuando le iba a dar su opinión, junto a las medicinas que recomendaba, le dijo al paciente: son ochocientos dólares.

No tengo, fue la respuesta del paciente.

¿Qué quieres decir con “no tengo”?

No tengo, no tengo dinero, así de simple…

Muy bien, dijo el profesor, no pienso hacer negocios con este caso, puedes darme sólo quinientos dólares, hay gente esperando afuera y no quiero hacerles esperar…

Tampoco tengo quinientos…

Escucha querido, cuatrocientos dólares, es la mitad de lo que yo pido por una consulta. Y ya es suficiente…

Dicen que los profesores son inteligentes… estoy hablando en un español muy simple y no entiende: “no tengo”.

El profesor comenzó a levantar el tono de su voz: está bien, escucho, ¿cuánto tienes?

No tengo nada.

¿A qué obra social perteneces?, se interiorizó el profesor.

A Histadrut, pero, ¿qué interesa?

Yo no entiendo, siguió diciendo el profesor. Cuando no tenemos dinero, no vamos a consultar a un profesor. Cuando no hay dinero vamos a un doctor de la obra social.

El paciente le explicó: mi padre siempre me ha dicho, cuando el asunto tiene que ver con la salud, no debemos fijarnos en el dinero…

Seguro, tu padre te ha aconsejado muy bien, pero tú no has entendido su consejo. Quiso decirte que no debes preocuparte por gastar mucho dinero en temas de salud, porque la salud es muy importante. Pero no quiso decirte que concurras a un profesor y no le pagues la consulta…

Y todo esto es correcto. Pero si habría dicho desde el principio que no tenía dinero para pagar, se habría quedado con todas sus dudas. Y estamos completamente seguros, que Abraham Avinu advirtió apenas llegó que no tenía dinero para pagar. ¿Y cómo lo aceptaron?, ¿cómo le permitieron entrar al hospedaje y dormir allí sabiendo que no podía pagar? En los días en que había hambre en la tierra. Sin dinero. Un hombre extraño. Que llegaba de Israel proveniente de Jaran. Y camino hacia Egipto. Ninguna de estas características lo hacía confiable. Pero, con certeza, podemos decir que buscó un hospedaje de sólo una estrella, y hasta con la estrella que se está por caer…

Y en el regreso, estaba muy pesado, con ganado, con oro y con plata, y podría ahora elegir el mejor lugar para dormir, el más costoso no representaría nada para la gran fortuna que ahora poseía. Sin embargo, no cambió su hospedaje, no cambió de lugar, durmió en los mismos colchones, con las mismas almohadas que en el viaje de ida, eran tan incómodas. ¿Por qué? Porque no quería sentirse diferente, no quería levantar su nariz para que todos lo miren en su nuevo status. Ni tampoco deleitarse con manjares a los que no estaba acostumbrado.

Y Abraham estaba muy pesado, con ganado, con oro y con plata. Y son conocidas las palabras del Alshij Hakadosh, sobre el versículo del libro del rey Shlomo (Mishle 1,9), donde dice que las esposas (esas pulseras que usan los policías para atrapar a los delincuentes) son pesadas. Pero las joyas, no son pesadas. La alegría que proporcionan las joyas, y la belleza que tienen, no permiten sentir que tienen peso. Y Abraham Avinu, era pesado, muy pesado, en ganado, en oro y en plata. Hasta decir que era una carga para él. Entendemos que el ganado es pesado, pero también era pesado en oro y en plata, y acabamos de decir, que las joyas, gracias a su belleza y a la alegría que dan, no dejan sentir su peso, y Abraham sentía su peso, o sea, que era una cantidad demasiado importante, o era algo a lo que no le daba importancia…

Pero para Abraham era una necesidad, debía alimentar a sus alumnos, y a sus invitados, a los que les daba los alimentos más exquisitos, mientras que cuando se trataba de él, se conformaba con lo mínimo.

Yo ahora recuerdo, sigue diciendo rabi Iaacov Shlita, al Rosh Ieshiva Hagaon rabi Abraham Iafen ztz”l, yerno del Saba Minovardok ztz”l, cuando visitó la tierra de Israel. En esa oportunidad, dejé libre mi vivienda para él, y me pareció que sería un gran mérito para mí que el Rosh Ieshiva duerma en mi casa. Cuando terminó Shabat, me dijo: vamos a visitar al Staipeler, que había sido su alumno en Bialistok.

Fuimos a su casa y lo encontramos en la mitad de su Seuda Melave Malka, en su comida de Motzae Shabat: restos del pan de Shabat, con colitas de pescado salado y un vaso de agua.

El Rosh Ieshiva dijo: es el mismo Staipeler, tal cual como hace treinta años…

No había cambiado su lugar.

Y me dije, por eso establecieron en el Bircat Hamazon, el pedido de una “Beraja Meruva”, gran bendición, pero que la gran bendición sea “Babait Haze”, en esta casa, que la bendición no confunda nuestro pensamiento, y que no nos obligue a cambiar de casa. Y no sólo eso, sino también “Veal Shuljan Ze Sheajalnu Alav”, sobre esta mesa, en la que estamos comiendo, que ni siquiera sintamos la necesidad de cambiar nuestros muebles.

Traducido del libro Vehigadta.

 

Leiluy Nishmat 

Lea (Luisa) Bat Sabri Aleha Hashalom




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