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Shabat Shalom


La nueva hoja Parashat Vaierá
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

EL ABOGADO Y EL PERRO

“Porque lo conocí y sé que conducirá a sus hijos”

(Bereshit 18,19)

Escuchamos del rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita:

Me encontré con un abogado de Ramat Gan, que no se conducía en el camino de la Tora y los preceptos. Después de saludarnos se interiorizó en lo que yo hacía y me preguntó: ¿de qué te ocupas?

Y le contesté: yo hablo para la gente, hago disertaciones.

Me preguntó: ¿dónde?

Pues, donde me inviten, cuando me llaman de algún lugar para que hable, voy.

¿Y con esa ocupación es posible vivir?

Ya puedes ver… Estoy vivo, Baruj Hashem.

Al parecer el tema seguía siendo interesante: ¿y cuánto recibes por cada conferencia?

No lo sé. Me pagan solamente al final.

Seguro, ¿pero cuánto te pagan al final?

Y volví a decir lo mismo: no lo sé, cuando llegue “allí”, podré saberlo…

¿Acaso quieres insinuarme que trabajas gratuitamente?

Yo no entiendo, tú eres un abogado, ¿y además eres sordo? Lo dije muy claramente, dije muy claramente que me pagan, pero al final. Porque es muy Honesto nuestro empleador y te pagará lo que corresponda por tu trabajo (Pirke Avot 2,14).

Yo no estaría dispuesto a trabajar gratis, jamás, ¿quién haría algo así?

Aunque no le gustara, tuve que informarle: sin embargo, ¡tú sí trabajas gratis!

No entiendo, no elegiría para mí un trabajo como el tuyo.

Y le dije: en realidad, ahora recordé. Yo tampoco trabajo gratuitamente. Casi siempre, cuando invitan al público a una conferencia, sirven algo para comer y beber, unas masitas con algunas bebidas. Y tampoco se olvidan de mí. Me acercan un vaso con algo fresco y un platito con alguna masita…

Eso no se considera un pago, argumentó. Lo que te ofrecen allí no es nada. ¿Con qué te presentas en tu casa, para alimentar a tu familia?

Ehhhhh, esa no es forma de hablar, ¿y tú con qué llegas a tu casa?

 

Y el abogado siguió sin comprender…

Muy bien, si cada uno de nosotros habla con un lenguaje diferente, escucha esto:

Un relato, todos estamos dispuestos a escuchar una historia, pero entenderla, es otra historia…

 

Un conductor de taxi llevaba a un rab a la casa del Maran Rosh Ieshiva, harav Shaj ztz”l.

En el camino, el rab le contaba al conductor sobre la grandeza del rab Shaj. Sobre lo justo que era, la sabiduría y la inteligencia, sobre sus grandes virtudes y por sobre todas las cosas, su gran corazón y su entrega hacia todas las personas. Todo esto no era algo importante para el conductor. El quería saber solamente una cosa: ¿ese rab da bendiciones?

Seguro, también eso…

¿Qué significa que “también”? El necesitaba solamente de las bendiciones, lo demás no le interesaba o no le aportaba ninguna información.

Preguntó si podía acompañarlo y entrar a la casa del rab para pedirle una bendición.

¿Por qué no? Y subieron juntos a la casa del rab.

Cuando entraron, el conductor se adelantó y besó la mano del rab: ¡Rab! Necesito una bendición con urgencia…

Muy bien, dijo el rab, la bendición es tuya, que Hashem te bendiga en todo…

No rab, no es para mí…, es para mi perra, que está muy enfermita, ¿el honorable rab podría hacerle un “mi sheberaj”?, la bendición para la curación de un enfermo.

El rab que entró junto al conductor pensó que éste saldría volando por la ventana, después de haber escuchado lo que pidió, pero el rab Shaj, tomó su mano con cariño: seguro que puedo, cuando se trata del sufrimiento de un animal. Enseguida, por favor, que alguien me alcance un Sidur.

Y el rab Shaj se incorporó, se levantó, con sus noventa años, abrió el Sidur y comenzó a buscar después de la parte donde está la lectura de la Tora, el “mi sheberaj” para el enfermo.

Se acercó para ver mejor y leyó: Mi Sheberaj Abotenu Abraham Itzjak Veiaacov, Moshe Veaharon, David Ushlomo, Hu Iebarej Et Hajole..., El que bendijo a nuestros padres, Abraham, Itzjak, Iaacov, Moshe, Aharon, David y Shlomo, El, que le dé la bendición al enfermo…, y allí el rab giró hacia el conductor que ya estaba llorando de tanta emoción, y le preguntó:

¿Cuál es el nombre…, el nombre de la perra?

Lassie.

Lassie, ¿hija de…?, y el rab volvió otra vez a preguntar, nuuu, ¿cuál es el nombre de la madre?

Ahora el conductor estaba confundido. ¿La madre de mi perra?, ¿quién puede saber su nombre?

El rab Shaj no tuvo alternativa que decirle: entonces, no podemos continuar el “mi sheberaj”, y cerró el Sidur, pero con seguridad que podemos bendecirla, ya que en la Tora está escrito que no podemos permitir el sufrimiento de los animales.

¿Ahora entiendes?, le pregunté al abogado.

¿Entender qué?, me preguntó él a mí, con lo que comprobé que no entendió nada.

Y le expliqué: tienes que entender, yo estoy conectado con mi padre, y conectado con mis hijos, yo soy uno de los eslabones de la cadena de las generaciones. Abraham Avinu, fue alguien tan grande, que no tenemos la posibilidad de describirlo con nuestras palabras. Hashem lo probó con diez pruebas, y se sobrepuso a todas. ¿Y cuál fue el mérito que tuvo Abraham para que Hakadosh Baruj Hu sienta tanto amor por él? Está escrito en la Tora: porque ahora sé (y Rashi explica ahora lo quiero más), porque ahora Yo sé, dice Hashem, que Abraham seguirá el camino y también hará que sus hijos y sus hijas sigan por el mismo rumbo, enseñándoles los caminos de Hashem para hacer justicia y verdad.

Y dijeron nuestros sabios (Eruvin 70b): el hijo es como las piernas del padre. Y cada vez que yo cumplo algún precepto, le estoy agregando méritos a los padres que me educaron y me enseñaron los caminos de Hashem, y a través de mis padres, también a los padres de mis padres, y siguiendo así hasta llegar a nuestros patriarcas, a los Avot Hakedoshim.

Y yo, enseño a mis hijos a estudiar la Tora y a cumplir con los preceptos que Hashem ordenó. Y de esta forma yo estoy completamente seguro que mis méritos seguirán creciendo y creciendo con el correr de las generaciones.

Y no sólo eso, nuestros sabios afirmaron que nuestros alumnos son considerados como hijos. Entonces, cuando yo dicto una conferencia, y un iehudi “despierta”, vuelve al camino, se ocupa del estudio de la Tora y cumple los preceptos, esto también aumenta mis méritos.

No porque sí, cuando se llama a un iehudi a subir a la Tora, se lo llama agregando el nombre del padre (ashkenazim) o el nombre de la madre (sefaradim), y cuando llaman a uno de mis hijos a la Tora, continua diciendo el rab Galinsky, lo llaman con su nombre, y agregando mi nombre a continuación. Y yo no viviré por siempre, al igual que nadie podrá hacerlo, pero cuando yo llegue al mundo venidero, el mundo de la eternidad, no solamente mis méritos estarán allí esperándome, sino también todos los méritos de mis hijos y de mis alumnos, y de las personas que escucharon mis conferencias y agregaron algo en su espiritualidad, todo eso aumentará mis méritos, y el de mis padres, por supuesto…

Pero un perro, no tiene conexión, ni con sus padres, ni con sus hijos, después de que ellos crecen. El perro vive su vida, solamente su vida, aquí y ahora. Y cuando esta vida termina, termina todo. Yo soy un hombre, ¿y tú qué eres?

Y el abogado me contestó enseguida: Un hombre, no menos que tú.

Ya lo dije, no has entendido nada…

Traducido del libro Vehigadta.

Leiluy Nishmat

Lea (Luisa) Bat Sabri Aleha Hashalom




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