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Shabat Shalom


La nueva hoja Parashat Toldot
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

¿QUE QUIEREN LOS PAYASOS?

“Abraham tuvo un hijo, a Itzjak” 

(Bereshit 25,19)

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita: se me presentó la siguiente pregunta: en la Tora está escrito: esta es la descendencia de Itzjak, el hijo de Abraham, Abraham tuvo un hijo al que llamó Itzjak. Y explica Rashi: que todos los burladores que había en esa generación dirían que Sara, la esposa de Abraham, quedó embarazada gracias a Avimelej, ya que Abraham y Sara vivieron juntos muchos años y no tuvieron hijos. ¿Qué hizo Hakadosh Baruj Hu? Hizo la cara de Itzjak una copia exacta a la cara de Abraham y todos pudieron atestiguar: Abraham es el padre de Itzjak.

Y no se entiende bien. Sabemos que Abraham no era estéril, ya que en el pasado había sido el padre de Ishmael. En cambio Sara, sí era estéril, por naturaleza, y cuando fue informada de que quedaría embarazada, ella misma se burló, ¿después de envejecer volveré a ser joven? (Bereshit 18,12), y comentó el Seforno: porque volver a la juventud después de haber envejecido es como regresar a la vida después de la muerte (tejiat hametim). Y cómo se le puede ocurrir que Hashem le haga un milagro para que quede embarazada de Avimelej, y no de Abraham Avinu, resulta demasiado exagerado.

Lo que ocurre, es que así es la naturaleza de la gente que se pasa el día burlándose de los demás. Ellos no buscan la lógica, y a cada cosa le buscan un punto para burlarse de ella, y tienen tanto éxito e influencia sobre la gente, que a veces resulta ser un milagro poder hacerlos callar, aún cuando en este caso, Abraham e Itzjak eran exactamente iguales.

Vemos que ni siquiera los milagros los afectan, podemos preguntarles a estos payasos, ¿cómo se las arreglaron con el tema de la tienda de Abraham, siempre abierta hacia todas las orientaciones, o con la bendición en la masa, o la vela que permanecía encendida desde la víspera de Shabat hasta la próxima víspera, una semana completa?

Lo que a ellos les molestaba era la continuidad de las generaciones.

Ellos no querían que el mundo sepa que Abraham era el padre de Itzjak, que la moneda de Abraham Avinu tenga de un lado a un anciano y una anciana, y del otro lado a un muchacho y a una señorita (Baba Kama 97b). Y explicó Rashi: Abraham y Sara de un lado, Itzjak y Rivka del otro lado, y esas serían las dos caras de una misma moneda.

Y esta es la finalidad de los burladores, que entran en guerra con nosotros, en todas las generaciones, y también en nuestros días, cortar la cadena, romper la continuidad de las generaciones.

Y esta cadena, esta continuidad tan nuestra, les molesta muchísimo, les hace abrir bien los ojos, y no los deja descansar con tranquilidad.

Y de la misma forma, diremos que así como ellos están preocupados por romper nuestra continuidad, nosotros debemos preocuparnos mucho más por mantenerla, sabiendo que debemos seguir siendo una copia exacta de nuestros Avot Hakedoshim, desde luego que no lo seremos en el rostro, pero debemos tratar de serlo en nuestras acciones.

Y traje sobre esto las palabras del Talmud Ierushalmi, en el Perek Jelek, donde dice que Ajaz, fue un rey muy malvado, y no fue contado entre los reyes que no tuvieron parte en el Olam Haba. O sea, a pesar de ser tan malvado, fue merecedor del mundo venidero, ¿por qué? Porque su padre fue un rey justo, y su hijo, Jizkiahu, también fue un justo, y fue llevado entre los justos, por haber sido padre e hijo, por estar entre dos tzadikim.

Vamos a hacer ahora una prueba, para ver cómo no cortar la cadena de las generaciones.

Y recordamos qué largo es el camino que atraviesa un medicamento, hasta llegar a ser apto para el uso en los seres humanos. Antes de darle la medicación al público, es necesario tomar un grupo de varios miles de personas, elegirlos con mucho cuidado, y hacer una prueba que a veces puede ser mala y amarga, ¿y quién puede juzgar a estas personas? Nos referimos a las personas que inventaron las nuevas medicinas, y después de realizar varias pruebas de laboratorio, e incluso con animales, tendrán que hacer la prueba también con distintos grupos de seres humanos…

Y mi pregunta es, ¿existieron antes, entre los iehudim, piratas o asesinos, como hoy?

Me invitaron una vez a dictar una conferencia en una cárcel. Antes de comenzar, conversé con el encargado del lugar, que me dijo: nosotros no tenemos problemas con el cinco por ciento de los ladrones y asesinos que están aquí. Nuestro problema más grande es el noventa y cinco por ciento de los que todavía no pudimos atrapar.

Entendí que este hombre estaba dispuesto a colgar, en un lugar bien visible en el ingreso del aeropuerto: “Estado de Israel, Servicio Penitenciario”, y esto solucionaría todos los problemas.

Me presenté frente a los presos, y les dije: todos ustedes son buenos iehudim, hasta podría decir que son maravillosos. Hay un versículo que dice: y sentían el olor de sus ropas (Bereshit 27,27), y sobre él, está escrito en la Guemara (Sanhedrin 37a): el olor de sus traiciones (begued es ropa, bogued es traidor), y Rashi explica que era como el olor que se siente en el Gan Eden.

Y así como las prendas exteriores se denominan: vestido, de la misma forma que ellos se pueden sacar y poner, lo mismo ocurre con la infidelidad y con los pecados. Y la libertad no será algo que forma parte de nuestras vidas, sino que es algo que depende del tiempo, algo que puede ser muy posible, cambiar de la prisión a la libertad.

Y les conté un relato sobre un ladrón que encontró la forma de entrar a todas las casas de la ciudad, para robar.

Pero para eso debería despertar la atención de todos ellos, para que escuchen atentamente todos los detalles.

Este hombre se subía a los techos de las casas, y bajaba por las chimeneas. En los días de verano, no había problema, porque las chimeneas estaban apagadas, solamente se manchaba con la ceniza adherida a sus paredes, y lo que quedaba amontonado en el piso. No cabía ninguna duda, de que este hombre terminaba negro como un carbonero, después de deslizarse por las paredes de la chimenea, pero, de esta forma, llegaba a la parte principal de la casa, y tenía acceso a todas las pertenencias y valores de los dueños.

Una noche, como todas las noches, comenzó a pasear por el pueblo, observando las chimeneas, y todo estaba oscuro, como siempre. Ese día, eligió la casa del rab. El rab estaba sentado junto a la mesa, y una única vela iluminaba una montaña de libros que se amontonaban frente a él, estaba muy concentrado preparando lo que diría en la conferencia de Shabat Hagadol, ya a menos de una semana de la fiesta de Pesaj.

Escuchó unos ruidos y levantó la vista. Y una figura, la figura de una persona, cubierta de cenizas, salía de la chimenea. ¿Qué es lo que deseas?, preguntó el rab.

Después de que pasó el primer instante, con susto y sorpresa a la vez, comenzó el diálogo entre ellos: Ahhh… quisiera formularle una pregunta…

Desde luego, puedes preguntar, hijo, llegaste a la dirección correcta. Pero me parece, que esta es la primera vez, que alguien baja por la chimenea, a las tres de la madrugada, para hacerme una pregunta…, pregunta hijo, le dijo el rab con cordialidad.

Quería preguntarle…, ¿cómo puedo salir de aquí?...

Espera, espera…, no vayas a volver por el mismo camino por el que llegaste. Vamos a lavarnos la cara, sacudirnos toda la ropa, y salir por el camino más recto…

Y les dije: no son ustedes los que deberían estar aquí, en la cárcel, sino los que les dieron la educación equivocada y los que los vistieron con estas prendas que ellos mismos deberían vestir, quitándoles toda la fe, y todo gracias a esta herencia maravillosa que se llama “cultura”…

Y no hay otra cosa que decir, y, por supuesto, ellos aceptaron cada palabra que dije.

Pero ahora puedo decir, sin ninguna relación a la aceptación o no aceptación de mis palabras, por parte de los presos, mi corazón es un corazón, y yo estoy pensando qué es lo que pasa por las mentes de esos educadores: por favor, vean a los grandes que ustedes hicieron crecer…

Y, lamentablemente, ellos creen que tuvieron éxito, Hashem nos guarde. Tuvieron éxito en hacer crecer una generación desconectada, que no tienen la menor idea de lo que es un precepto, sin ninguna relación con el iahadut.

Me invitaron a disertar en un colegio secundario, en el último año, con muchachos de dieciséis o diecisiete años, justo antes de ingresar al servicio militar. Traté de investigar para saber, antes de hablar, qué pensaban, qué buscaban, qué conexión tenían con las tradiciones.

Me acerqué a uno de ellos, y le pregunté: ¿En qué momento tu madre enciende velas en tu casa?

Y me dijo: cuando cortan la luz…

¿Puedo preguntar algo más?...

 

Traducido del libro Vehigadta.

Leiluy Nishmat

Lea (Luisa) Bat Sabri Aleha Hashalom

 

 

 




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