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Shabat Shalom


La nueva hoja Parashat Vayishlaj
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

¿EN QUE SILLA ME PUEDO SENTAR?

“Viví con Lavan…” 

(Bereshit 32,5)

Escribió Rashi, “garti”, viví, tiene el valor numérico igual a la palabra “tariag”, o sea, seiscientos trece. Y dice Iaacov Avinu que viví con Lavan, el malvado, y cumplí con los seiscientos trece preceptos que la Tora nos ordena, los cuidé y no aprendí de sus malas acciones.

Y tengo una pregunta, dice el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita: ¿Acaso Esav estudió el versículo con la explicación de Rashi?

Y si estudió el versículo con la explicación de Rashi, ¿qué puede enseñarle el significado del versículo?, ¿qué le importa si Iaacov cumplió con los seiscientos trece preceptos, y si aprendió o no de las acciones de Lavan? Y si realmente le importara, ¿por qué Iaacov no se lo dice en forma directa, en lugar de darle señales y enigmas?

Pero es esto, exactamente esto, lo que Iaacov Avinu quiere mostrar y transmitir a todas las generaciones que vendrán…

Que para nosotros, los que estudiamos la explicación de Rashi, lo más importante es el cumplimiento de los seiscientos trece preceptos. En cambio para Esav, los intereses tienen que ver con otra cosa: si hay toros, si hay burros, si hay ovejas, esclavos o sirvientas. Si esta persona tiene, entonces vale algo.

Y les voy a contar: el Gaon, rabi Aharon Kotler ztz”l, llamó a todos los rabanim una reunión urgente, para tratar el tema del momento, para fortalecer y advertir sobre un posible problema, un agujero, que estaba perforando las vallas del cumplimiento. Allí había un “presidente”, un hombre que sustentaba a una de las comunidades, que estaba muy interesado en algo, y preguntaba en voz baja: ¿en qué silla está sentado?, ¿tiene un volante americano? En otras palabras, quería saber a cuánto ascendía el salario del rab.

¿Quién puede saber?, le contestó uno de sus amigos, también en voz baja, mil, o tal vez dos mil por mes…

¿Cómo se atreve a hablar en público una persona que no tiene dinero?, continuó diciendo en voz baja y con maldad, ¿acaso no sabe que aquí hay gente mucho más importante que él, que ganan más de treinta mil por año?

A eso lo llamamos educación, la cultura de un pueblo…

¿Ustedes se ríen? Hay un versículo que dice esto en forma contundente, en el libro donde se encuentra la sabiduría más grande del mundo (Kohelet 9,16): la sabiduría del pobre es despreciada, y sus palabras no se escuchan. Y cuando la Guemara dice (Shabat 92a) que la profecía no reposa sino en el sabio, fuerte y adinerado, el Ran pregunta: puedo entender que el profeta deba ser sabio, ya que debe entender con absoluta claridad lo que está profetizando. Fuerte, que no se deje asustar por nadie y que pueda decir sus palabras sin cambiar nada. Pero que sea adinerado, ¿por qué?, ¿para qué? Y contesta, para que sus palabras sean escuchadas. La gente escucha al rico, y no escucha al pobre. Para que nadie pregunte ¿en qué clase de silla está sentado?...

Y vean lo que me ocurrió cierta vez…

Me invitaron a pasar Shabat en un barrio de gente muy adinerada de los Estados Unidos de Norteamérica, y me honraron para hablar en el Beit Hakneset. Después de la Havdala, el dueño de casa me dijo: en el Beit Hakneset reza un señor, que tiene una fortuna inmensa, que se sintió muy emocionado con sus palabras y quiere saber si usted podría conversar unos minutos con él.

Muy bien, contesté, ¿por qué no? Nos levantamos, fuimos hasta su casa y fuimos recibidos de muy buena forma.

El honorable rab habla muy bien, sus palabras son muy agradables, dijo ese hombre tan poderoso, lo que sale del corazón, entra en el corazón. Por eso me había llamado, quería saber si tal vez yo tenía gente conocida que estudiaba Tora y que necesitara algo de dinero para fortalecer sus estudios. El estaba dispuesto a donar una cantidad de dinero muy importante para ese fin.

Estaba muy sorprendido, jamás, un hombre tan poderoso, me había ofrecido dinero sin que yo pida nada, y menos, pensar en una suma importante. Cualquiera, que esté en condiciones parecidas a las mías, sabe cuánto esfuerzo tenemos que hacer para conseguir cualquier cosa que tenga santidad, y cada escalón que usamos para elevarnos en Tora es muy costoso.

Y la sorpresa fue más grande, cuando extendió sobre la mesa un resumen bancario, del Chase Manhattan Bank, que atestiguaba que, en la cuenta de este hombre, había un saldo de once millones de dólares.

Tengo un solo hijo, dijo, elegante, inteligente, y lo hice entrar en mis negocios.

Qué tengas muchas satisfacciones de él, intenté bendecirlo.

Amen, contestó, él está a punto de contraer matrimonio con una chica no iehudia, y mi corazón está destruido. Le pedí, le rogué, le lloré, le ofrecí darle toda mi fortuna ahora mismo, con tal de que abandone esa idea, pero nada resultó.

¡Rabi!, si usted consigue convencerlo, yo le escribiré un cheque a su nombre por la suma de cinco millones y medio de dólares, la mitad de mi patrimonio.

Le dije: escúcheme bien, por favor. Yo junto dinero para el fortalecimiento de la Tora, no para mí, para otras personas. En lo personal, yo no necesito de sus monedas…

Tendrían que ver cómo se puso cuando a su fortuna la llamé “monedas”.

Mi patrimonio personal está por encima de los cien millones de dólares.

¿Qué pasó? Ahora, este hombre me comenzó a mirar de otra manera. En forma inmediata cambió su forma de tratarme, y además, ahora quiere interiorizarse: ¿cómo hizo semejante riqueza?

Ahh, muy simple. Veamos, si su hijo se arrepiente y abandona a esa muchacha, ¿con que chica iehudia se va a casar, ah?, ¿qué educación iehudi recibirán sus nietos, y cuántas satisfacciones, “idishe najes”, podrá ver de ellos, ah? Todo esto vale para usted, solamente, cinco millones y medio de dólares. No, para usted, en verdad vale mucho más.

Pero en mi caso, Baruj Hashem, que tengo muchos niños, y todos se casaron con hijas de Israel bien preparadas, y además tengo muchos más nietos que siguen el camino de Hashem, sumergidos en el mundo de la Tora, y que Baruj Hashem, me dan muchos idishe najes, ¿y esto no vale cien millones?

De todas formas yo le agradezco mucho, que abrió mis ojos para hacerme reconocer y también entender, hasta dónde llega mi riqueza. ¿Me permite llamar a mi casa para darle esta noticia a mi esposa?

En ese mismo momento llamé a mi esposa, y mi emoción me hizo olvidar la diferencia horaria. La desperté en la madrugada para informarle que éramos millonarios. Y no solo millonarios, sino multimillonarios.

Y al padre destrozado le dije: yo no quiero arrojar sal sobre una herida abierta, pero el Jafetz Jaim ztz”l contó una vez sobre un padre que buscó una profesión para su hijo, y lo envió a la universidad de Petersburg. A los pocos días, el muchacho volvió con la cabeza descubierta…

El padre aplaudió y exclamó: cuánto habría dado para verte volviendo de Voloshin y con una Guemara en las manos.

Y la esposa agregó: si tú lo enviaste a Peterburg, ¿cómo pretendes que vuelva de Voloshin?

¿Qué podemos hacer? Cuando la inteligencia aparece después. Se levanta y lo acompaña afuera, de la misma forma en que el millonario acompañaba a los enviados.

De pronto, me pongo a pensar que yo también soy millonario, y puedo pararme o sentarme en una posición más erguida. Mirando hacia adelante, con la frente alta. ¿Por qué? Porque al fin y al cabo, tengo generaciones de hombres rectos, con una gran bendición, conseguí que crezcan naturalmente, y en el camino de nuestros padres…

No resulta agradable decir, usando la mirada de Esav, que cuidé el cumplimiento de los seicientos trece preceptos, esto es gracias a las palabras de Rashi, para él, lo principal resulta ser cuántos toros, cuantos burros tiene Iaacov Avinu. Y fundamentalmente, ver la silla en la cual se sienta…

Traducido del libro Vehigadta.

Leiluy Nishmat 

Lea (Luisa) Bat Sabri Aleha Hashalom




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