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Shabat Shalom


La nueva hoja Parashat Miketz
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

EL MICROFONO HAY QUE USARLO 

“Y ahora el faraón deberá buscar un hombre sabio y confiable…”

(Bereshit 41,13)

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita: el faraón tuvo un sueño, y se sintió mal, triste, con miedo.

Llamó a los sabios que lo rodeaban, a sus brujos, reconocidos como los brujos más especializados de todo el mundo, el honor del imperio más poderoso del planeta, y, con todas las posibilidades que le barajaron, no se quedó tranquilo. De pronto le hablaron de las virtudes de Iosef… y lo llamaron, lo trajeron rápidamente al lado del faraón.

Y Iosef explicó el sueño del faraón. Y agregó: Y ahora, el faraón deberá buscar un hombre sabio y de confianza, que gobierne sobre la tierra de Egipto… que reúna todos los granos durante los años de bendición… para que el hambre no arrase con toda la tierra.

Y escribió el Ramban: y Iosef dijo todo esto para que el faraón lo elija a él. Porque ahora, frente al faraón, él era un hombre muy sabio, el único que pudo explicar sus sueños, y que consiguió tranquilizarlo.

Y pregunta el “Or Hajaim” Hakadosh ztz”l: ¿quién le pidió a Iosef que siga hablando?, ¿por qué Iosef se convirtió en consejero del rey? Lo único que le pidieron fue que explicara el sueño del faraón…

Contestaremos la pregunta con un relato:

Después de la guerra de los seis días hubo un gran “despertar” en la tierra de Israel. Se pasó de un estado de pánico a otro de euforia, ya que en los días previos a la guerra, el miedo desarmaba a cualquiera que pensara en las consecuencias de una guerra contra los millones de árabes que nos rodeaban.

De pronto, conquistamos Ierushalaim, el monte del Templo de Ierushalaim estaba en nuestras manos, pudimos volver al Kotel Hamaaravi, a la tumba de Rajel Imenu, y a la Mearat Hamajpela, donde reposan cuatro parejas, Adam y Java, Abraham y Sara, Itzjak y Rivka, Iaacov y Lea.

El rab de Ramat Hasharon, hizo una reunión para agradecer a Hashem por este gran regalo, y me invitó a decir unas palabras. Había allí mucha gente del ejército, y cuando llegué, me informaron que debía cambiar la forma o el sistema de mi conferencia: no querían una disertación, sino un debate, preguntas y respuestas. A mí, personalmente, ese tipo de cosas no me agradan, porque a mí me resulta más cómodo fijar los temas que debían tocarse.

Me levanté y dije: me invitaron para hablar, y ahora quieren que yo dirija un debate, díganme, un relato, ¿están dispuestos a escuchar un relato?

Seguro, contestaron todos juntos, un relato, sí…

Comencé con una historia conocida. En Pozna, la ciudad en la que vivía el gaon rabi Akiva Iguer ztz”l, había un hombre que hacía muchos años que era el encargado de tocar el Shofar en las oraciones de Rosh Hashana. Este hombre se dejó influenciar por los reformistas de la época y las bases de su fe comenzaron a tambalear. Rabi Akiva Iguer lo sacó de su posición, y este hombre fue a quejarse con el gobernador de la ciudad con estas palabras: yo sigo cumpliendo con la Tora y los preceptos, solamente me hice amigo de los “maskilim” (los que supuestamente tienen “sejel”, cerebro). En verdad, dijo junto al gobernador, que no era iehudi, el rab no está viendo la realidad, la luz, y por eso me sacó de mi posición, que ocupo hace tantos años…

El gobernador le aseguró estudiar su caso. Llamó a su despacho a rabi Akiva Iguer, y le preguntó por qué removió de su cargo al encargado de tocar el Shofar.

El rab no quería que el gobernador entrara en asuntos que no le incumbían. Y le contestó: al revés, no lo saqué de su posición, sino que lo elevé, le di una misión más sagrada…

Hasta hoy en día, él tocaba el Shofar en Rosh Hashana, pero el gobernador seguramente sabe, que el día más sagrado para los iehudim es Iom Hakipurim. Los iehudim ayunan desde el crepúsculo hasta la noche siguiente, caminan descalzos, y visten ropas blancas, pidiendo que se les perdonen sus pecados.

El gobernador sabía todo esto…

Entonces, el momento más sagrado, más sublime, es cuando ese día está por concluir. Comenzamos a rezar, sobre el final, una oración especial, que no existe ninguna como ella, y que rezamos por única vez en el año, la Tefila de Neila. Con el Aron Hakodesh abierto, con todos los rollos de la Tora a la vista durante todo el transcurso de la oración… Y al terminar la oración, en la cima de la cima, en el momento más fuerte, ¡tocamos el Shofar!

Y le encomendé al señor que se está quejando, que toque el Shofar en ese momento tan especial.

El gobernador vio que ese hombre había recibido un gran honor, y lo calificó de negativo y desagradecido…

El gobernador le agradeció mucho la visita a rabi Akiva Iguer y se disculpó por molestarlo y hacerlo concurrir a su despacho, dudando de él. Mandó a llamar al hombre que se había quejado y lo reprochó: el rab te subió de categoría, en lugar de tocar en Rosh Hashana, te asignó tocar en Iom Hakipurim, ¿y tú te estás quejando en lugar de agradecer?

Fue y le explicó al no iehudi, que el rab se burló de él. Porque los sonidos de Rosh Hashana están ordenados por la Tora, mientras que lo que se toca en Iom Hakipurim, a pesar de que se toca en el momento más especial del día, es solamente una costumbre, por eso al rab no le importa quién será el encargado de hacer lo que sólo es una costumbre…

Esto no era algo que el gobernador pudiera entender con facilidad, qué ordena la Tora, qué dicen los jajamim o qué es solamente una costumbre… Por eso lo explicó de la forma que el gobernador entienda sin pensar: no se pueden comparar, en Rosh Hashana se emiten cien sonidos del Shofar, mientras que en Iom Kipur se emite uno solo.

La paciencia del gobernador se terminó, y le dijo: ¿acaso no tienes el Shofar en tus manos? Puedes tocar todos los sonidos que se te ocurran…

 

Todos se rieron y di mi conclusión: muy bien, queridos amigos… el micrófono está en mi mano, y no tienen otra alternativa que escuchar lo que les digo…

Les hice escuchar cosas de las que no estoy muy seguro que estuvieran acostumbrados a escuchar. Les conté sobre el gaon rabi Jaim Oizer ztz”l, que reunió personas adineradas para levantar un hospital iehudi que le proporcione comida Kasher a sus pacientes, en lugar de “nevelot y terefot” (animales muertos en forma natural, sin “Shejita” o animales no aptos). Le pidió a cada uno que mantenga una determinada cantidad de “camas”, de acuerdo a la posibilidad de cada uno. Mientras hablaba con ellos, llegó un grupo de estudiantes de Tora para ver al gran rab del pueblo de Israel. El rab volcó su atención hacia ellos, lo que no fue del agrado de los hombres que estaban con anterioridad con el rab. El rab se percató de esto y les dijo: no miren mal a estos muchachos, ¡ellos mantienen la mitad del hospital!

Y preguntaron: los estudiantes de Tora son pobres, ¿de dónde sacaron tanto dinero para mantener medio hospital? El rab les dijo: con la Tora que ellos estudian, evitan malos decretos, evitan enfermedades y accidentes, y el resto, lo aportan ustedes…

¿Qué quieren decir todas estas palabras? En nuestros días hay muchos muertos en atentados, asesinatos, guerras, Hashem tenga piedad de nosotros. Permitieron abrir nuevos lugares para enterrar a nuestros muertos, ¿esa es la solución?, ¿así arreglamos un problema?

Lamento decir así, pero la solución no está en donar hospitales y abrir con rapidez un lugar para enterrar a un muerto. El éxito resultará de evitar enfermedades y muertes por el mérito del estudio de la Tora.

Y pudieron escuchar lo que dije, hasta el final, sólo porque el micrófono está en mi mano…

Lo mismo sucede aquí, con Iosef.

En verdad, él no quería aconsejarle al rey, pero sí quería ser el elegido, y el “micrófono” estaba en su mano, todos estaban escuchándolo, ¿podía despreciar esa oportunidad?

Y la Tora siempre, como sabemos, nos da indicaciones. Y tanto nos obliga…

Los padres, tienen el “micrófono” en sus manos.

Los educadores, tienen el “micrófono” en sus manos.

Los rabanim, tienen el “micrófono” en sus manos.

Tenemos el permiso para hablar, todos escuchan nuestras palabras, aprovechemos el momento en la forma apropiada, transmitiendo ideas que sean útiles y necesarias, para conducir, para ejercer la influencia que nuestros hijos, nuestros alumnos, deben recibir.

Traducido del libro Vehigadta.

 

Leiluy Nishmat

Lea (Luisa) Bat Sabri Aleha Hashalom

 

 

 




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