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Shabat Shalom


La nueva hoja Parashat Vayejí
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

ESTE QUIERE PLATA

“y bajó su hombro para cargar”

(Bereshit 49,15)

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita: llegué a los Estados Unidos para recaudar fondos para los institutos de enseñanza de Tora y no sabía a quién recurrir para poder saber qué persona dona y qué otra no dona dinero. Pero, sabemos que siempre podemos esperar del favor de Hashem, y encontré allí buenos iehudim que estaban dispuestos a ayudarme.

En cada lugar existen iehudim que conocen a “todos”, y ellos pueden ayudar e incluso conducir a los visitantes, diciendo: este hombre es un piadoso, amante de las novedades y puedes “comprarlo” con alguna linda explicación o un hermoso relato de su rebe. A este otro le gusta hablar siempre de tal rab, y si mencionas algo de su libro podrás pedirle lo que quieras. A este le encanta hablar de la perasha y al otro sólo le interesa la hoja de la Guemara del día…

A estas personas las llaman “driver”, y yo encontré uno muy bueno, y cada consejo suyo valía oro, así como lo digo. Le pregunté sobre un millonario, ya que quería visitarlo para pedirle una ayuda, pero me dijo que no pierda el tiempo con él, porque no daba ni un centavo cuando el dinero se dirigía para el fortalecimiento de la Tora.

Este hombre resultaba ser muy conocedor del Pirke Avot, pero usaba lo que sabía para “no dar dinero”, y cuando alguien le pedía dinero para la Tora, le hacía escuchar las Mishnaiot: la Tora cuando no está acompañada con el trabajo, termina anulada y provoca pecados (Pirke Avot 2,2), o que la Tora es linda con un trabajo, ya que al ocuparse de ambos hace desaparecer los pecados, o así es el camino de la Tora, pan con sal comerás, y tomarás una cantidad de agua, y en la tierra dormirás, y vivirás con sufrimiento (Pirke Avot 6,4).

Le dije a mi “dirver”: de todas formas, quiero intentarlo, pero, tengo un pedido que hacerte, que me acompañes y entres conmigo a su casa…

El se asombró de mi pedido y me dijo: ¿Para qué quieres que te acompañe?... ¿Para ver cómo te avergüenzan y cómo sales con las manos vacías? Pero si así lo quieres, te acompañaré…

El millonario nos recibió con mucha amabilidad, escuchó nuestras necesidades y me dijo: hay una cosa primordial: el que se esfuerza, come, y el que no se esfuerza, no come. Yo no me ocupo de darle a la gente pan como favor. Hilel Hazaken cortaba leña, rabi Iojanan era zapatero, rabi Itzjak, soldador, Rashi, vendedor de vinos, el Rambam y el Ramban fueron doctores. El Jafetz Jaim ayudaba a su señora en el almacén y rabi Menajem Zamba tenía una herrería. El Rashash era banquero y rabi Efraim Zalman Margaliot fue vendedor. Tambíén el “Jaie Adam” era comerciante y el Iaabetz tenía una imprenta.

Muy bien, pensé, este hombre ya está preparado para rechazarme, pero lo que no sabía es que yo también enfocaría mi pedido hacia el mismo lado…

Estoy muy contento de saber que eres un hombre con criterio, le dije. A quien le corresponde, le corresponde, y a quien no, pues no. Pero vamos a juzgar entre mi “driver” y yo.

Me miró con intriga, y también mi “driver” puso una expresión de sorpresa, porque incluso no sabía para qué me acompañaba.

Yo junto dinero para el fortalecimiento de la Tora, y la gente dona de su dinero sabiendo que el dinero tendrá una finalidad elevada. Mi “dirver” también es conocedor de la Tora, y me ayuda en forma voluntaria. Pero, me pide que al menos cubra sus gastos de combustible. En pocas palabras, él no gana, pero está donando su tiempo, y no está obligado a perder. Yo ahora pregunto, el dinero que yo recibo de las donaciones, es dinero que la gente entrega para fortalecer la Tora, y no para los gastos de combustible. Tú eres un hombre con criterio, ¿puedes decirme si tengo razón?... No, no contestes todavía, no quiero que el “driver” piense que decides sobre él tan rápidamente, toma tu tiempo para meditar.

Los dos me miraban con asombro. El “driver”, porque tampoco me había pedido dinero para el combustible. El millonario dijo: seguro que tienes razón. Las donaciones que te dieron, las obtuviste gracias a él. Y él es un hombre muy justo al no pedirte ni un porcentaje ni cobrar un salario, pero los gastos de combustible no tiene por qué pagarlos...

¿Esto es justo?, pregunté.

Esto es justo y es correcto, afirmó. Si él no tiene combustible, ¿cómo podrá seguir brindando su ayuda?

Yo también pensé así, ¿tienes por allí el tratado de Berajot de la Guemara?

El hombre frunció el ceño, y comenzó a sospechar. Sabía que yo estaba tramando algo. Abrí la Guemara al final del segundo capítulo y leí: todos los días sale una Voz del Cielo, en el monte Jorev, que dice: “todo el mundo se sostiene gracias a mi hijo Janina, y Janina, mi hijo, se mantiene sólo con una medida de algarrobo, desde la víspera de Shabat hasta la próxima víspera de Shabat”.

Y relata la Guemara (Julin 85b) que un gusano cayó sobre la vestimenta de rabi Jia y se introdujo en su interior. Rabi Jia le preguntó qué hacer a Rabenu Hakadosh, que le dijo que lave la prenda en agua y que degolle un pollo sobre ella. El gusano no puede soportar la sangre del pollo y escapará. Y la pregunta: ¿cómo pudo ocurrirle eso a rabi Jia? Cuando él y sus hijos subieron a Israel desde Babel, cesaron los truenos y relámpagos, los vientos y los temblores de tierra, el vino no se avinagró…

Y la respuesta: el mérito de ellos defiende al mundo pero no a ellos mismos.

Le dije al millonario: es verdad que tú trabajas, te esfuerzas y ganas dinero, pero los estudiantes de Tora son tus “driver”, tú ganas dinero gracias a ellos. Y ellos no te piden porcentajes ni tampoco un salario. Yo sólo te pido que hagas una donación para el combustible, para que ellos puedan seguir ayudando a todo el mundo.

¡Le gané!... Lo reconoció y me hizo una fantástica donación. Pero, me dijo: yo no entiendo, si todo el mundo se alimenta por los méritos de ellos, ¿por qué ellos se conforman con tan poco?

Esa es una gran pregunta, le dije, y la respuesta está en nuestra perasha.

Zevulun, el comerciante que sostiene la Tora, sale al mar, se ocupa de sus negocios, y se alegra en su trabajo. Issajar, estudia Tora, es como el burro con su carga, soporta el peso como el burro fuerte que tiene sobre su lomo una pesada carga. ¿Por qué?, ¿acaso no tiene el deseo o la necesidad de descansar, y de vivir una vida tranquila y buena? Seguro que sí, seguro que lo desea.

¿Y qué ocurre entonces? El sabe reconocer todos los valores, y todos los placeres del mundo. Pero también sabe que el mundo continúa sólo por su mérito. Y sabe que no existe nada tan valioso ni placer tan grande como la riqueza de la Tora.

Traducido del libro Vehigadta.

Leiluy Nishmat

Lea (Luisa) Bat Sabri Aleha Hashalom




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