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Shabat Shalom


La nueva hoja Kedoshim
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

TRES SOCIOS

 

“un hombre debe sentir temor por su padre y por su madre, y debe cuidar los sábados”

 

(Vaikra 19,3)

 

Tiempo atrás, hace unos cuarenta años, contaba el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l, la tierra tembló y rugió. Una empresa “secuestradora de jóvenes” realizaba seminarios para lavar el cerebro de nuestros buenos hijos y llevarlos a un mar revuelto. Los pobres padres veían como en ellos se cumplía una de las maldiciones de la perashat Ki Tavo, tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos verán… (Devarim 28,32).

En esos días me encontré con uno de los dirigentes del partido laborista, una de las personas que torcían más las mentes de la gente que llegaba a la tierra de Israel. Yo lo conozco desde hace tiempo, cuando estábamos en Krinik, en Polonia, antes de la guerra.

¡Galinsky!, me llamó, levantando la voz, ¿cuándo te hiciste “religioso”?

Bien, recibimos la verdad de quien la dice, pero, me pregunté, ¿en qué pequé para tener una infección a mis espaldas?

Ustedes nos roban a nuestros niños, se quejó. También un amigo nuestro cayó en las garras de “tus amigos”, y su hijo volvió en Teshuva.

Le dije, esto es una rueda que gira alrededor del mundo, consolándolo.

Pero no recibió mis palabras…

En Beer Sheva fundó una organización, la unión de padres afligidos, para luchar contra el impulso del movimiento de Teshuva.

Me encontré con rabi Arie Shejter, que me contó que estaban por hacer un gran acto en Ramat Gan, una especie de debate público. Se sentarían varias personas juntas y comenzaría una discusión: un juez, uno de los padres afectados, un abogado, un fiscal, y hablarían desde el corazón. Buscarían también un abogado para que la demostración parezca completa y el juicio se vea como un juicio justo.

Le conté lo que estaba pasando al Staipeler, y él me dijo que ya había propuesto mi nombre para el abogado que nos defendería…

Por favor, no me hagas esto, le pedí.

¿Por qué?, preguntó, ¿acaso no tienes nada para decir?

Tengo mucho para decir, y también cómo decirlo. Pero todos sabemos que un abogado no puede emparejar la balanza cuando el juicio está arreglado, la gente está en contra, el juego está vendido, y todo viene como envuelto para regalo.

Bueno, me dijo, esto lo dirás después de que suceda. El Staipeler aprobaba…

Un momento, ¿y quién sería mi abogado delante del Staipeler después de la derrota? Debería ir a pedirle perdón, por no representar bien nuestra parte…

Fui, pero no me ayudó en nada. No sé bien qué fue lo que me dio, si una orden o una bendición: debes ir, ¡y tendrás éxito!

Llegué, subí al estrado, y pude comprobar que todo estaba dispuesto como era de esperar: los jueces eran laicos, el público laico, el conductor del debate, laico. Abrieron el debate describiendo, con pocas palabras, la tragedia que estaban atravesando los padres de los niños que sufrían de esta epidemia.

Ahora, trataban de mostrar lo terrible de esta catástrofe, y para eso, harían escuchar la voz “viva” de uno de los padres. Llamaron a uno de los abogados, el cual se adelantó, con una expresión sencilla, como sin saber de qué hablarían, y de esa expresión pasó al asombro. Del lado del público se escuchaban rumores.

Y de pronto, subió al estrado un muchacho “religioso”, estudiante de Ieshiva, e hizo una reverencia a modo de saludo hacia el abogado, que se puso pálido. Después giró, y no sé si fue en dirección al padre, al juez o al público: yo soy el hijo que volvió en Teshuva. Escuché que aquí se desarrollaría un juicio, con fiscal, defensor y jueces, entonces, yo soy el acusado. ¡Papá!, sigue por favor.

El hijo se paró a un lado, y dije para mí: la manzana no cae lejos del árbol. El se vende a sí mismo como muy bueno, seguro y elocuente. Yo, en cambio, estoy de sobra aquí.

Algo raro pasaba aquí. Si el hijo escucha y está preparado para contestar, nadie podrá acusarlo, y menos, esta gente que lava los cerebros de los jóvenes. Todos pueden ver que se trata de un joven maduro, que sabe cómo manejarse en forma independiente.

Pero enseguida cambiaron el rumbo. El padre comenzó a hablar sobre un precepto muy importante que está en los “Aseret Hadiberot” (Diez Mandamientos): honrarás a tu padre y a tu madre (Shemot 20,12).

Este es un precepto universal, y a la vez, la piedra fundamental del judaísmo. Y vemos, continuó el padre, que los hijos, que, digamos, vuelven al judaísmo, reniegan permanentemente a este precepto y lastiman sin pausa el honor de sus padres. No comen de su comida, no salen con ellos de paseo, y desprecian la forma de vivir que sus padres tuvieron desde siempre…

¿Qué pasó aquí?, ¿borraron este precepto de las Tablas de la Ley?

Escuchamos sobre ese tema, dijo el conductor del debate. Son palabras que salen del corazón, y se puede apreciar que están dichas con mucho dolor. ¿Qué puede decir el abogado, ah… el rab Galinsky?

Me levanté. Todo el mundo me estaba mirando. Nadie le prestó atención al hijo, que se paró y se adelantó sobre el estrado, diciendo: ¿para qué hace falta un abogado?, ¡yo puedo defenderme solo!

Como ya lo había pensado, yo estaba de más…

Volví a sentarme.

Papá, dijo, no existe un hombre al que yo más quiera en el mundo que tú. Tú y mamá. Me parece que ella está entre el público.

Y avanzó hacia el padre con los brazos extendidos.

¡Cómo se abrazaron! Todo el público estaba llorando.

Se quedaron tomados de las manos y el muchacho continuó: papá puede atestiguar, que cuando entra al cuarto, yo me levanto en señal de respeto. Cuando pide cualquier cosa, voy corriendo a buscarla. Yo no estoy seguro de haberme comportado así, de esta forma, antes de volver en Teshuva.

Pero, ya dijeron Jazal, que hay tres socios en el hombre: Hakadosh Baruj Hu, el papá y la mamá (Kidushin 30b). Hashem fue el que nos ordenó honrar a nuestros padres, pero también nos indicó que Su Honor está primero. Como está escrito que el hombre temerá a su padre y a su madre, y cuidará los sábados. Y explicó Rashi: las dos expresiones aparecen juntas para indicarnos que si el padre le dice al hijo que profane el Shabat, el hijo no debe escucharlo, a pesar que está obligado a honrarlo. Y lo mismo, con todos los demás preceptos.

Terminó de hablar y volvió al estrado. Sin dudas, el muchacho “se robó el debate”.

Bien, ahora era mi turno.

Me paré otra vez, y comencé a hablar:

Aquí tenemos un choque entre dos valores. El Honor al Bore por un lado, y el honor al padre, por el otro. Y siempre, cuando hay un choque, también hay indicaciones para saber hacia qué lado inclinarnos.

Cuando se pueden cumplir las dos cosas y quedar bien con las dos partes, no hay problema, pero podemos buscar si existe una posibilidad para cumplir con los dos, honrar a Hashem y también a los padres, de seguro todos estaríamos felices si logramos esto, ¿cierto?

Observé que logre mi objetivo, todos estaban expectantes, querían escuchar la propuesta.

Les dije: no hay nada más simple, si queremos que todos estén contentos, que los padres también vuelvan en Teshuva.

Se levantó una tormenta terrible, no entendí por qué, tal vez sería porque ahora estaba diciendo la verdad.

 

 

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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