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Shabat Shalom


AYER, HOY Y MAÑANA
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

AYER, HOY Y MAÑANA

 

“Si se van a conducir en mis leyes”

 

(Vaikra 26,3)

 

El rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l, comenzó su disertación con las palabras de Rashi: si se conducirán en mis leyes, podríamos pensar que se refiere al cumplimiento de los preceptos. Pero, el versículo continúa diciendo que van a cuidar mis preceptos, con lo cual, las primeras palabras deben significar otra cosa. Nos queda decir que conducirnos en las leyes de Hashem significa que debemos esforzarnos por y para la Tora. Pero también diremos que cuidar los preceptos será: esforzarnos en la Tora para cuidar y cumplir, como está escrito (Devarim 1,5): y las estudiarán y las cuidarán para hacer…

 

Ahora debemos entender la intención de estas palabras.

Un muchacho vino hacia mí para aconsejarse. Estaba estudiando en una Ieshiva pero se sentía estancado. No conseguía avanzar, no podía elevarse.

Así como estaba anteayer, igual estaba ayer. Y como estuvo ayer, estaba hoy. Y no hace falta explicar cuál era la esperanza para mañana.

Finalmente, cansado y frustrado por su estancamiento, rompió el círculo, abrió la brecha y salió de la Ieshiva.

 

¿A dónde? A trabajar, pero antes debía pasar por el ejército, del que había sido exceptuado para estudiar en la Ieshiva.

Le dije: para una cosa hay dos respuestas…

 

Una, “si se conducirán en mis leyes”, o sea, se esforzarán en el estudio de la Tora. Y la pregunta que puede surgir es: ¿por qué la Tora relaciona el estudio de la Tora con la expresión “mis leyes”? La palabra “Bejukotai”, mis leyes, es una palabra parecida a “Jakika”, que es una legislación que tiene una sola opción, como un camino recto y alisado. ¿Y qué queremos decir con esto?

Un hombre quiere llegar a Ierushalaim. Se dirige a la parada de autobuses, se ubica en la fila esperando que llegue el autobús. El autobús llega, sube, abona su pasaje y busca un lugar para sentarse.

 

El autobús sale de la ciudad, y después de avanzar unos minutos, el tránsito se puso muy cargado, y aquí estamos, detenidos en medio de la ruta. Podemos ver, hacia adelante, una inmensa víbora de automóviles, y nosotros, ni siquiera avanzamos a paso de hombre.

 

Baruj Hashem, el asiento es muy cómodo, el aire acondicionado nos proporciona una temperatura casi ideal, pero, seguimos sin avanzar…

¿Qué podemos hacer?, ¿le podemos pedir al conductor que abra la puerta para descender?

¿A dónde? El sol está tan fuerte que hasta quema, y más en el medio de la ruta… seguro que esa no es la opción.

 

Entonces, nos queda hacer uso de la paciencia, con toda nuestra pena y amargura, con esa impotencia de saber que nada podemos hacer para avanzar, sino sólo esperar, y estar tranquilos.

Los nervios no van a aliviar el embotellamiento.

 

Paciencia y tranquilidad. Y esperar a que el embotellamiento se disuelva, y de a poco, todos comencemos a avanzar hasta llegar al destino prefijado.

 

De la misma forma, la Ieshiva es como una estación de autobuses, que nos lleva por un camino recto, predeterminado. “Si nos vamos a conducir por sus caminos”, hay veces en las que tenemos obstáculos, embotellamientos, y no tenemos otra opción que detenernos. Hay que pensar cómo hacer para seguir adelante, para seguir en nuestro avance, pero para eso hace falta pensar, meditar la situación, pero no bajarnos del autobús, porque de seguro, al final, llegaremos…

 

El muchacho entendió el ejemplo, pero recordó algo: el rab me dijo que había dos respuestas, ¿cuál es la segunda?

Voy a explicarte…

 

Un estudiante de la Ieshiva, fue a ver a su rab, el Jidushe Harim Migur ztz”l, con una pena en su corazón. El no sentía ningún avance en sus estudios. Se sentía estancado y envuelto en una rutina que daba vueltas, sin ninguna salida visible: oración, comida, estudio y dormir.

 

Una y otra vez, cada día volvía sobre el mismo ciclo. Como ya dijimos. Como anteayer fue ayer. Como ayer fue hoy. Y como hoy será mañana. Estaba atrancado y sin esperanzas.

 

El Jidushe Harim le contestó con una Guemara (Avoda Zara 5b): siempre debemos relacionarnos con las palabras de Tora, como un toro lo hace con su yugo y como el burro lo hace con su carga.

 

¿A qué queremos llegar con estas palabras?

Un hombre sujeta su toro al arado. Pero el toro no se pone triste por sentirse atado, al contrario, está alegre de ser útil para el patrón, como ya lo escribió el rey Shlomo (Mishle 14,4): la mayoría de las cosechas provienen de la fuerza del toro.

 

El toro levanta su cuello y sale al camino arrastrando el arado. El patrón sujeta desde atrás las riendas, hace un pequeño movimiento y el toro comienza su trabajo.

 

El toro avanza y avanza, arrastrando el arado sin pausa. Llega hasta el otro extremo del campo, y el patrón comienza a forzarlo a dar vuelta, para que vuelva sobre el camino que ya anduvo, de forma que continúe arando la segunda fila.

Pero el toro no entiende: yo ya vine por este camino, ¿y ahora tengo que volver por el mismo? Bueno, así podré acercarme al lugar donde me espera la comida…

 

Otra vez, el toro hace su trabajo con energía, llega al final del campo, y, para su sorpresa, el patrón intenta nuevamente hacerlo girar, para arar la tercera fila.

 

Y el toro, es eso, sólo un toro. No entiende. Ya hice este camino, y no una vez, sino ida y vuelta, ¿por qué tengo que hacerlo otra vez?

Pero las correas son las que lo dirigen, y si no hace caso, puede aparecer el látigo. Así que una y otra vez, va y viene, con su corazón puesto en la comida que lo espera al terminar, y a su parecer, está haciendo todo su esfuerzo gratuitamente, ya que repite siempre lo mismo, yendo y viniendo por el mismo camino.

 

El toro no tiene alternativa, así debe hacer y así hace, mueve el arado para que se pueda sembrar, y el grano florecerá…

 

Después, llegará la bendición de Hashem, para que podamos obtener una buena cosecha. Y la cosecha, finalmente, llegará a las bolsas. Ahora es el turno del burro, que deberá cargar las bolsas de grano y transportarlas a los depósitos.

 

Le colocamos en su lomo dos bolsas, las lleva y lo liberamos de su carga. Vuelve al campo, otras dos bolsas, hace su camino y bajamos las bolsas. Y otro viaje, y otro…

 

Y el burro comienza a quejarse: estoy haciendo un trabajo en vano. Estas bolsas de grano, ¿qué importa si están aquí o si están allí?, ¿por qué tengo que hacer un trabajo que no aporta nada a nadie?

 

Pero, ¿qué podemos pedirle a un burro? No le exigimos que piense, ni esperamos nada más de lo que el burro debe hacer. Y el patrón sabe muy bien, que las bolsas de grano necesitan guardarse en los depósitos…

 

Así, dijo el Jidushe Harim, nosotros debemos hacer de esta forma con el estudio de la Tora. No tenemos que tratar de entender por qué ayer tuvimos que estudiar como anteayer, ni buscar explicaciones del por qué hoy estudiamos como ayer. Como el toro que recorre con el arado una hilera tras otra, o como el burro que carga bolsa tras bolsa.

 

Hasta aquí las palabras del Jidushe Harim, tan exactas…

 

Pero hay una diferencia. Fundamental. El toro y el burro trabajan para el patrón, pero sin saber si el patrón tiene mucho o poco provecho del trabajo que hicieron. Tampoco saben si gracias a tanto esfuerzo el patrón se siente satisfecho o no.

 

Nosotros nos esforzamos para nuestro propio beneficio, hacemos crecer nuestra cosecha, como se suele decir: “para cosechar debemos sembrar”, y así llenamos nuestros depósitos.

 

Y a veces no entendemos cómo, pero crecemos: y cuidarán todas mis leyes y las harán (Vaikra 19,37). Si se conducen por mis caminos, como el toro y el burro, que sienten que no están haciendo nada productivo, así el hombre está “comprando” su mundo, construyéndose a sí mismo en cada paso.

Agradecemos a Hashem, porque el muchacho continuó sus estudios en la Ieshiva. Y se construyó y construyó un hogar, y su vida se embelleció. Y cada vez que nos encontramos, él me recuerda con una sonrisa los embotellamientos de tránsito, o al toro y al burro. Y las personas que escuchan lo que me dice no entienden. Solamente él y yo

 

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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