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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Beahalotja
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

¿QUE PEDIMOS?

¿QUE RECORDAMOS?

 

“recordamos los pescados…

los zapallitos y las sandías”

 

(Bamidvar 11,5)

 

 

Escuchamos al rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l: en la Ieshivat Novardok, cuando un muchacho subía a un cuarruaje que lo transportaría a la Ieshiva, hacían siempre la misma pregunta: ¿en qué está pensando el estudiante, en qué está pensando el conductor y en qué está pensando el caballo?

Y contestaban: el estudiante está pensando en la elevación que, seguramente, conseguirá con el estudio en la Ieshiva, en el ambiente lleno de espiritualidad que lo espera. En su crecimiento como persona, y en la Tora que podrá aprender. Todo esto lo llena de emoción y expectativas, sabiendo que su vida se encamina por una buena senda, que su futuro no podría ser mejor. La Tora es tan grande, porque le da vida a los que se ocupan de ella, en este mundo y en el mundo venidero (Pirke Avot 6,7), y nos lleva a subir más y más…

 

 

El conductor del carruaje, está pensando en el dinero que recibirá por efectuar el viaje, con el que podrá aportar un poco más de dinero para el sustento de su familia, obtener una ganancia adicional que le permita vivir mejor, con la esperanza de poder realizar más viajes y continuar alimentando a los suyos con salud, sin que el sustento sea una preocupación, Jalila.

 

 

Y el caballo, el caballo piensa sólo en una cosa: llegar al fin del día al establo y poder sumergir su cabeza en la montaña de paja. Y también el caballo reza. Reza para que el conductor no le tire muy fuerte de las riendas y que no tenga la necesidad de usar el látigo, y si lo usa, que sea con mucha suavidad…

 

¿Esto qué nos enseña? Que cuanto el hombre es más grande, también sus pretensiones son más elevadas, sus objetivos, y en especial, esto tiene que ver con lo espiritual.

Un estudiante de Tora aspira a una vida llena de luz, y quiere elevarse cada vez un poco más. El conductor del carruaje ya deja de lado la espiritualidad, sueña con que sus ganancias le permitan una vida más placentera.

Y al caballo solamente le interesa que al fin del día tenga una buena cantidad de paja, y que al día siguiente el conductor lo trate con suavidad.

 

Contó el Jafetz Jaim ztz”l, sobre la época en que gobernaba un emperador en Rusia. La comida estaba racionada y era muy escasa. El hambre estaba presente en todos los hogares. En los diarios, se burlaban de los iehudim, y una de las burlas mostraba el pedido de un iehudi que reclamaba un adicional de dos papas al día…

 

Y todo eso mostraba el contraste entre la opresión que existía hacia los iehudim y el lujo que ostentaba la realeza.

El gaon, rabi Jaim Brim ztz”l, le pidió en una oportunidad un consejo al Jazon Ish ztz”l. Quería una ayuda para frenar su deseo de comer. Y si nos ponemos a pensar, ¿cuánto era lo que podía comer un estudiante de Tora en esos días cuando la comida era tan escasa?

Pero, de todas formas, el Jazon Ish lo aconsejó: mira, le dijo, consejo no tengo, pero yo no puedo creer que el “Ketzot Hajoshen” haya sentido alguna vez el gusto de los guisos que comía… Sus escritos de Tora tienen una dulzura tan grande, que cualquier comida o cualquier cosa dulce pasa desapercibida. Nada ocupa lugar frente a sus escritos extraordinarios…

Y son conocidas las palabras del Jidushe Harim Migur ztz”l, cuando explica el versículo: y dijo Hashem… haré caer para ustedes pan del cielo, y saldrá el pueblo a juntarlo cada día, y sabré si están en los caminos de Mi Ley o no… (Shemot 16,4).

 

Está escrito en la Guemara (Ioma 75a), que el Man tiene el gusto de todas las comidas que existen en el mundo. Y el tema resulta ser maravilloso, porque todo el día podremos disfrutar de lo que más nos guste. Veamos: un hombre bendice “Hamotzi Lejem Min Hashamaim”, que sacó el pan del Cielo, e inmediatamente prueba el Man.

 

Esa era la bendición del Man, según consta en el Sefer Jasidim.

Cuando prueba el Man, siente gusto a miel, ya que en eso estaba pensando el hombre. Y está escrito en la Guemara (Berajot 57b), que la miel es sólo una parte en sesenta de lo que es el Man.

 

Ahora, pensemos en un helado de chocolate y vainilla. Lácteo, por supuesto. Una delicia. En el próximo paso vamos a ir perfeccionándonos: queremos que el chocolate sea con almendras. Y la vainilla con trocitos de guindas. Ahora ya es exquisito. Seguimos: cambiamos la vainilla por un helado de banana, no parece mejorar, pero si le agregamos un poco de nuez, se verá diferente… No, mejor volvemos a la vainilla, pero veremos si queda mejor con un granizado de chocolate…

 

Estamos seguros que el “Ketzot Hajoshen” no santificaba el Man con tantos pensamientos. Comía, saciaba el hambre, recitaba la bendición y seguía estudiando, porque para él la Tora era dulce como la miel o más que la miel.

En el versículo está escrito que irían todos los días a buscar el Man, y Hakadosh Baruj Hu agrega “para probar” si siguen Mis Caminos o no. Para ver dónde está apoyada nuestra cabeza, si va detrás de las Leyes de Hashem o no…

 

¿Ustedes quieren saber cuál fue la primera conferencia de reproche que hubo en el mundo?

“Aieca”, ¿dónde estás?, una conferencia muy especial, de una sola palabra (en hebreo), y cuánto encierra esta sola palabra, ¡un mundo entero!

Y Hashem llamó al hombre y le dijo: ¿dónde estás? (Bereshit 3,9). Y el Midrash explicó estas palabras (Bereshit Raba 19,9): ¿en qué te has convertido? Ayer estabas de mi lado, y hoy estás del lado de la serpiente. Ayer (tu altura) llegaba desde un extremo del mundo hasta el otro (Sanhedrin 38b) y ahora (te escondes) detrás de un árbol del jardín (Bereshit 3,8). Antes del pecado, tu sabiduría te permitió ponerle nombre a todas las creaciones. Tú has podido comprender la función de cada especie, y de acuerdo a la función de cada uno, asignaste sus nombres. Ahora toda tu altura espiritual se esconde en un árbol, todo ese manantial quedó dentro de una manzana…

 

El hombre, el primer hombre no iba a morir, viviría eternamente, sólo tenía que cuidar una cosa. Todo le pertenecía, pero Hashem le puso un pequeño límite, y no supo cuidarlo.

Es increíble, ¡cómo pudo disminuirse por sí solo!

La generación del desierto, recibió la Tora. ¿Y qué duda tenían?: ¿quién nos dará de comer carne? Sentían envidia: recordamos los pescados. Sus pensamientos estaban en ¡la paja! (que era la comida de los animales), cebollas y ajo.

 

¿Y después podemos sorprendernos cuando Hashem se enoja?

Lo vimos en el primer hombre, lo vimos en la generación del desierto, y seguramente, lo vimos muchas veces más.

Y nosotros, o mejor dicho, nuestros pensamientos, ¿qué anhelan y qué recuerdan?

 

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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