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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Shlaj
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

LA VIDA Y LA MUERTE:

EN NUESTRA BOCA

 

“de acuerdo a los días

en los que recorrieron la tierra”

 

(Bamidvar 14,34)

 

Encontramos un relato en la Guemara que se relaciona con nuestra perasha. Y además, también podemos encontrar una conexión con nuestro tiempo, con nuestras vidas, con cada uno de nosotros.

Así está escrito:

 

Rab Idi, padre de rabi Iaacov, acostumbraba viajar a pie desde su casa hasta la Ieshiva de rabi Iojanan. El viaje duraba exactamente tres meses. Salía de su casa cuando terminaba la fiesta de Sucot y llegaba a la Ieshiva en el medio del invierno. Estudiaba un día completo en la Ieshiva y ya no podía quedarse más tiempo. Necesitaba emprender el camino de vuelta, ya que le había asegurado a su esposa, que estaría de regreso en la noche del Seder de Pesaj.

Otra vez, cuando terminaba la fiesta de Pesaj, salía rumbo a la Ieshiva. Otros tres meses de viaje, y en pleno verano llegaba a la Ieshiva. Estudiaba un día completo y nuevamente, la obligación de volver y emprender el camino de regreso, porque su esposa sabía que su marido estaría en casa para las fiestas…

Los alumnos de la Ieshiva se burlaban de él. ¿Qué puede estudiar una persona en un día? Y lo peor, para estudiar un día estaba viajando durante seis meses. Hasta le habían puesto un nombre especial. Lo llamaban “el alumno de un día”.

Y se sintió muy mal por las burlas. Y se lo tomó muy en serio. Rabi Iojanan, el Rosh Ieshiva, se preocupó porque pensaba que la reacción de rab Idi, su pena y su enojo, podría provocar el duro castigo de Hashem a los alumnos de la Ieshiva.

Por eso, el mismo rabi Iojanan se disculpo con rab Idi y dio una conferencia en la Ieshiva para todos los alumnos: dijo el profeta que “estarán conmigo día a día…” (Ieshaia 58,2). Para enseñarnos que toda persona que se ocupa de la Tora, aunque sea un solo día en el año, se le considera como si se hubiera ocupado todo el año.

 

Y lo mismo en la cualidad inversa, y así está escrito en nuestra perasha: como los días en los que recorrieron la tierra. El pueblo de Israel fue castigado y tuvo que deambular por el desierto durante cuarenta años, frente a los cuarenta días que los espías utilizaron para recorrer la tierra. Y podemos preguntar, ¿por qué el castigo de cuarenta años, si ellos estuvieron solamente cuarenta días, pero en el mismo año? Para enseñarnos que toda persona que realiza un pecado, lo alenu, aunque sea un solo día en el año, se le considera como si pecó todo el año completo…

 

Esto es necesario entenderlo, no resulta tan simple. Un hombre anda por los caminos durante todo un año menos un día. Ese día lo dedica completamente al estudio. Entonces ese día tendrá la importancia de un año, porque todo el año (durante el viaje) fue una preparación para ese día.

¿Y qué pasa si ahora ese hombre viaja todo el año menos dos días? Debemos decir que también, esos dos días serán considerados como un año, y no serán considerados como dos años. Porque si una persona estudia todo el año, ¿qué consideramos?, lo mismo, que estudió todo el año…

 

Pero no. Los espías nos muestran otra cosa. Ellos anduvieron por la tierra durante cuarenta días, y fueron considerados como cuarenta años. Entonces de aquí deberemos decir que la persona que estudia todo el año tendrá un premio equivalente a más de trescientos años!!!

Por cada hora de estudio recibirá un premio equivalente a un mes y por cada dos minutos de estudio, el premio equivalente a un día de estudio. Con lo que vemos cuánto vale cada minuto de estudio!

 

Por otra parte, en nuestra perasha podemos descubrir y ser testigos del poder destructor que está escondido en nuestras bocas. Vimos de qué forma los espías se autodestruyeron y destruyeron a un pueblo entero, solamente con sus bocas.

 

Y a la inversa, y para bien, la fuerza maravillosa del estudio de Tora, las bendiciones, la oración, el adelantar el saludo y el establecimiento de la paz entre las personas. Todo esto está en la palabra, en nuestras bocas.

Y no sólo esto, dijo rabenu “Ben Ish Jai” ztz”l. Puede ser que haya otras cosas, otros elementos o también otras partes del cuerpo en los que encontramos la fuerza para hacer el bien o el mal. El fuego, calienta y a veces quema, el agua quita la sed pero puede provocar inundaciones y avalanchas.

 

Pero hay una característica muy especial en el habla. En todas las demás cosas, cuando se produce algo malo, el arreglo se hace siempre con otra cosa. Por ejemplo, cuando un fuego está quemando y exterminando, es necesario apagarlo, con agua o con otros medios. Pero el fuego mismo no puede solucionar o detener lo que el fuego dañó.

 

Lo mismo con el agua, cuando se produce el desborde de un río, necesitaremos bolsas de arena o piedras para levantar terraplenes y detener el ingreso del agua en lugares donde pueda causar daños.

Pero qué ocurre con el habla. Cuando hablamos y causamos daño, el arreglo se puede hacer única y exclusivamente con el habla. Una persona que lastima a otra con sus palabras, deberá disculparse con palabras. Una persona que dijo cosas que están prohibidas, deberá aumentar en oraciones y en palabras de Tora para evitar repetirlas y para pedir perdón a nuestro Bore Olam. Así está escrito (Mishle 15,4): el remedio para la boca, es el árbol de vida. Y el árbol de vida es la Tora (Arjin 15b).

Y sobre la fuerza de la palabra, nuestros sabios nos trajeron un ejemplo (Ialkut Shemoni, Tehilim 34): un rey se enfermó, y sus médicos le indicaron que debía tomar leche de leona para curarse.

¿Quién podría conseguir leche de leona? El rey ofreció una buena recompensa para el hombre que pueda traerle leche de leona.

Un hombre sacrificó su vida por el rey, como seguramente lo haría por cualquier otra persona. ¿Qué hizo? Todos los días iba al bosque y se acercaba a una leona ofreciéndole un ternerito para que la leona se lo coma. Así fue tomando confianza, acercándose cada día un poco más hasta que la leona le permitió al hombre que le extraiga de su leche.

 

En su camino de vuelta, se acostó a descansar. Se durmió y en sus sueños se produjo una pelea entre todos sus miembros. Todos argumentaban ser el medio del éxito en el emprendimiento. La mano decía que ella había extraído la leche, las piernas sostenían que ellas acercaron al hombre hasta la leona, los ojos la vieron…, en fin, cada miembro del cuerpo tenía su argumento, el haber sido el principal protagonista.

Durante toda la discusión, el habla se mantuvo en silencio, y cuando todos expusieron sus cosas, dijo: ya verán quién es el principal…

Cuando el hombre llegó al palacio del rey, se presentó ante él y le dijo: señor rey, aquí le traje lo que usted necesitaba: leche de perra…

 

Cuando escuchó esto, el rey se sintió burlado, y ordenó que maten al hombre. Todos sus miembros comenzaron a llorar y la voz, victoriosa, preguntó, ¿y, dónde está la sabiduría de todos ustedes?

Todos los miembros contestaron juntos: ¡tú eres el rey, sálvanos!!!

La voz los tranquilizó y les aseguró que así como los condenó, de la misma forma podría salvarlos. Volvió con el rey y le preguntó: señor rey, ¿por qué me pagas mal por bien?, ¿acaso no sabes cómo puse mi vida en peligro para conseguir esta leche?

Te burlas de mí, trayendo leche de perra en lugar de leche de leona, ¿cómo no voy a enojarme?

Puedo prometerte, señor rey, que esta es leche de leona, sólo que en mi vecindad, a la leona la llamamos perra. Puedes comprobar, llama a los doctores y que verifiquen mis palabras.

 

Así lo hizo el rey, y le dio la recompensa que ofreció…

Vemos que la palabra, puede corregirse con otras palabras.

Muchas veces, usamos la palabra para atacar a otras personas. Y lo peor es que creemos que nos estamos defendiendo, creemos tener la razón y la necesidad de decir algo, “es nuestro derecho”, pero somos egoístas, pensamos en nosotros mismos, y después de herir a nuestros semejantes, nos lamentamos, pero las palabras ya salieron de nuestra boca, ahora es tiempo de pensar, primero, disculparnos, porque debemos cerrar la herida que abrimos, y después, reflexionar, para no volver a cometer el mismo error.

Estudiamos Tora, ¿para qué? Para corregir nuestras cualidades, en especial para transformar nuestras malas cualidades en buenas. No lo olvidemos, para eso estamos en el mundo, para hacer el bien a los demás, para dejar nuestros intereses de lado.

 

Aumentemos en palabras de Tora, en oraciones, con intención, y así estaremos utilizando este gran instrumento, para la vida.

 

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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