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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Jukat
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

בס"ד

 

 

EL SEÑOR Y LA SEÑORA

“MOSQUITO”

“y el pueblo habló (mal) de Hashem y de Moshe… y Moshe rezó por (el perdón) el pueblo”

(Bamidvar 25,7)

 

Este versículo nos enseña, dice el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l, y nos lo confirma la explicación de Rashi: cuando alguien nos pide perdón, no debemos ser duros y no perdonar.

Y agrega rabenu Bejaie: esto también lo encontramos en las oraciones de Abraham Avinu, que rezó por el bien de Avimelej (Bereshit 20,17), a pesar de que le había hecho un mal. Y lo mismo con Iob, que elevó sus plegarias para que Hashem haga el bien a todos los que le hicieron mal (Iob 42,10).

Y cuando no perdonamos, seremos llamados pecadores, lo alenu, como está escrito en el libro de Shmuel, que se pregunta, cómo él no va a perdonar y rezar por las otras personas. Porque puede suceder que en algún momento él sea el pecador y necesite de las plegarias de sus semejantes…

Los escritos recuerdan el tema de Shmuel, al que le informaron que el pueblo de Israel pecó, y los perdonó y además rezó por ellos para que Hashem los perdone…

Pero hay más, y todo puede ir unido. La razón por la cual debemos perdonar rápidamente no tiene que ver solamente con nuestros compañeros. El perdonar será muy útil también para nosotros. Para que no tengamos después que llevar la carga de que Hashem sea meticuloso con nosotros hasta el extremo, para que Hashem también nos perdone con facilidad. Ya dijeron nuestros sabios que Hashem se comportará con nosotros de la misma forma que nosotros nos portemos con nuestros compañeros… ¡Ojo por ojo!

Y encontramos un relato en la Guemara que nos dará una idea mejor de esta situación…

Es sabido que una creación que no tiene huesos dentro de su cuerpo, no puede vivir más de doce meses. Pero hay una clase de mosquitos, que se llama “baka”, que no alcanza a vivir ni siquiera un día completo. Nace, vuela, deposita los huevitos, y muere.

Dijo rab: pobre de la “baka” que vive sólo un día. No encontramos en esa especie ni un ser que pueda completar un día. Pero, también es una “Creación” de Hashem.

Le dijo rab Papa a Abaie: ¿cómo puedes decir que la “baka” no vive nada más que un día? Hay un dicho popular que conocemos muy bien, que dice que la mosquita se enojó con el mosquito durante siete años… Ella le dijo a él: ¿cómo es posible que me hayas hecho semejante cosa? Viste a un hombre gordo que salía del río, lo picaste, le sacaste de su sangre, ¿y no fuiste capaz de invitarme a comer contigo? Si comiste solo, entonces también podrás vivir solo…

Fueron siete años los que pasaron enojados, separados por esa pelea…

Entonces volvemos a preguntar, ¿cómo podemos decir que esta especie de mosquitos vive menos de un día?

Contestó Abaie: estamos hablando de los “años” de ellos, los “años” de los mosquitos. Un hombre vive setenta años, y siete años es la décima parte de su vida. Una “baka” vive unas diez horas, y los “siete años” de esos mosquitos equivaldrán a una hora nuestra…

Estudiamos un párrafo de la Guemara, y con eso cumplimos un precepto de la Tora, que nos ordena, justamente, estudiar y ocuparnos de la Tora. Cada palabra que estudiamos equivale a un precepto.

Y nosotros podemos preguntarnos: ¿para qué necesitamos saber cuánto tiempo vive esta especie de mosquitos? (Maharam Shif) Y si resulta digno de saber, Rab ya atestiguó sobre ello, que con seguridad no vivirá doce meses, porque así lo afirmó la Guemara al principio: que ninguna especie sin huesos puede vivir más que eso.

¿Y para qué viene rab Papa con el dicho popular? Nosotros no vivimos de los dichos de la gente. ¿Acaso alguien escuchó las quejas de la señora mosquito y su pelea?, ¿alguien estuvo en su casa o espiándola para saber cuánto tiempo estuvo enojada y separada de su marido?, o diremos que tal vez, alguien pretendió hacer la paz entre los mosquitos e intervino, tratando de hacer renacer el amor en la pareja…

Nada de eso, desde luego…

Pero, tratemos de pensar: supongamos que en verdad así fue, que la señora mosquito se sintió herida, sintió que el señor mosquito no fue capaz de compartir no un poco de la escasa comida que encontró, sino una comida de lujo en el mejor de los salones de comida.

Su marido se encontró a un hombre gordo (bien llenito de sangre). Y se encargó de chupar su sangre. Pero lo hizo solo. No llamó a su esposa. ¿Acaso faltan personas en el mundo para poder sacarles sangre? Y debemos pensar también en el tamaño del mosquito y en el tamaño de su esposa, además de que viven solamente menos de un día, ¿de qué cantidad de sangre estamos hablando para esa gran comida en la que los dos pueden sentirse más que satisfechos? Tal vez estamos hablando de una gota de sangre…

Entonces, ¿qué importancia tiene si el hombre que encontró el señor mosquito era gordo o flaco?

Un instante antes, ellos vivían juntos y en armonía, eran felices, y sus vidas eran buenas. ¿Y por qué se despertó esta pelea? ¿Para qué buscar un acusado y un acusador? ¿Para qué hace falta castigar? Con el castigo que aplica la señora mosquito ella está despreciando su propia vida, una vida tan corta y a veces, parece que el tiempo nos sobra…

Nos duele el corazón al pensar en el señor mosquito y su señora, sobre la tontería de la pelea y la dureza del castigo.

Bien, podemos decir que la señora mosquito fue una tonta, ¿y nosotros qué?... Somos sabios e inteligentes.

Claro, nosotros vivimos setenta años, por eso nosotros sí tenemos derecho a pelearnos, podemos despreciar nuestras vidas y las vidas de los que nos rodean, con peleas tontas, con discusiones sin sentido y con castigos que son un boomerang, que lo lanzamos lo más lejos posible pero que siempre cae a nuestro lado…

Nos burlamos de nosotros mismos. ¿Cuántos son setenta años? Pasan tan rápido como un sueño. No es una lástima desperdiciarlos siendo meticulosos, orgullosos y otras tantas cualidades por demás tontas…

Cuánto podemos ganar si cuando escuchamos alguna palabra que puede ofendernos la dejamos pasar y hacemos de cuenta que no la escuchamos. Y más también, cuando antes de hacer algo que nos gusta, en lugar de pensar en nosotros, pensamos en que a nuestro compañero no le gusta y que podemos hacerlo sentir mal… O al revés, que a nuestro compañero también le gusta y podríamos compartirlo…

Vemos que la señora mosquito se castigó a sí misma, y el castigo que recibió no fue menor que el recibido por el señor mosquito… Y el motivo fue tan pequeño e insignificante.

Muchas veces, nosotros preguntamos “por qué” nuestro compañero nos hizo tal o cual cosa. Y aunque a veces tenemos razón, ese “por qué” nos castiga más a nosotros que a nuestro compañero.

Pensamos que si volcamos la culpa a nuestro compañero, pondremos una carga sobre su espalda que tendrá que cargar, que lo amargará, sin saber que nosotros estamos llevando la misma carga, la misma amargura.

¿No será mejor perdonar? Liberar a nuestro compañero y a nosotros mismos de esa carga inútil, borrar la tontería de nuestra cabeza, pero borrarla completamente, sin guardar nada, y perdonar, con el corazón. Para mi bien, y si no pienso así, para el bien de mi compañero.

Son muy conocidas las palabras del Rambam (Halajot Taaniot 1,3): quien no reacciona frente a un sufrimiento, se está conduciendo con crueldad. ¿Hace falta decir así? Tal vez sea una persona que ve con frialdad las cosas, pero, ¿crueldad, con quién?

Esta persona es cruel consigo misma. Porque le agrega al sufrimiento nuevos sufrimientos. De la misma forma, cuando una persona nos pide perdón y no perdonamos, nos estamos comportando con crueldad, y la crueldad es también contra nosotros. ¿Para qué llevar esa carga tan pesada, reaccionar y “saltar” ante cualquier cosa? ¿Por qué no dejamos “pasar de largo” las cosas que nos harán mal?

Ya lo dijo el Jafetz Jaim, el que quiere tener una larga vida, que se aferre a la paciencia… que deje pasar…

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom

 




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