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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Balak
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

LA MULA HABLA CON EL BURRO

“y Hashem abrió la boca de la mula…”

  (Bamidvar 22,28)

 

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz"l: vamos a usar nuestra imaginación. Un hombre, estudiante de la Tora, lleva a sus hijos a pasear en Jol Hamoed. Decidieron ir al Zoológico, y a cada paso, los niños se asombraban con las numerosas especies y con las cosas que hacían cada uno de los animales. Fueron de jaula en jaula hasta llegar al lugar donde estaban los chimpancés, esos simios gigantes y muy peludos. Uno de los chimpancés nos daba mucho miedo, por su tamaño y por la forma en que se movía. Chupaba las rejas de la jaula, retrocedía y volvía a avanzar. Comenzó a mirarnos fijamente y dijo: ¡Qué niños tan dulces!, ¿en qué Talmud Tora estudian?

En el Jeider Tashbar, contestó el padre, dándose importancia.

¿El rab Turchin todavía es el encargado?, se interesó el chimpancé.

No. Hace un tiempo lo reemplazó el rab Halevi, lo actualizó el padre.

Ah, ¿y allí siguen estudiando en Idish?, el chimpancé parecía estar muy informado respecto al Jeider del Talmud Tora.

Seguro, contestó el padre, pensando para sí mismo y hasta rezando, para que el chimpancé no intente evaluar a los niños sobre sus conocimientos de Idish, ya que el Idish de los niños no era lo que se dice muy avanzado…

Todo esto suena extraño, ¿no es cierto?

Podríamos remarcar aquí que se produjo un milagro y el chimpancé comenzó a hablar, ¿acaso podemos encontrar una persona que entable con él una conversación interesante y amena, de igual a igual, como si estuviera hablando con un amigo? Cualquiera que vea al chimpancé hablando se quedaría mudo…

Entonces, ¿cómo es posible que Bilaam no se haya desmayado ni tampoco se quedó mudo cuando la mula comenzó a hablar? Podemos ver en los versículos, que le prestaba atención y le contestaba a cada pregunta, como si se tratara de una conversación entre grandes amigos.

La respuesta a este interrogante la encontramos en un versículo del libro de Bereshit. Cuando Abraham Avinu se dirige al lugar donde Hashem le indicará que sacrifique a su hijo Itzjak, iba acompañado de Ishmael y Eliezer. Al llegar a cierto punto, Abraham seguirá viaje sólo con Itzjak, y les dice: quédense ustedes aquí, con los burros, y nuestros sabios continuaron estudiando “un pueblo que se compara con el burro”. Y en especial Bilaam, del que se dice que la carne de los burros es como la propia (Iejezkel 23,20).

Por eso, si un burro puede hablar, ¿por qué una mula no puede hablar? No tenemos por qué extrañarnos ante esa situación.

Existe una forma de pensar, aparentemente un poco fuera de la realidad, pero que nos sirve para aclarar ciertos puntos. Encontramos que “no hay ningún agregado entre el hombre y el animal”, como diciendo que los dos tienen exactamente las mismas características.

Por un lado, esta afirmación nos resulta útil para no permitir jamás dañar a los animales, y ser sensibles ante el sufrimiento de un animal. ¿Por qué no?, si son iguales a los hombres. Por otra parte, jamás hemos visto que los animales hayan sufrido por soportar a los seres humanos. Por ejemplo, si está permitido para una persona exterminar o pisar mosquitos, también los animales deberían tener permiso para exterminar a los hombres que los molesten.

Bilaam, para mostrar un caso, quiso exterminar, con su boca, a un pueblo que se acusaba de conspirar contra Moab, algo que era solamente un temor sobre lo que podía ocurrir (Nazir 23a), y eso llevó a Balak a pedir que lo maldiga para aniquilarlo (Tosafot, Berajot 7a).

Cuentan sobre rabi Ierujam Mimir ztz”l, que estaba en Berlín, la capital de Alemania. Los hechos sucedieron muchos años antes del comienzo de la segunda guerra mundial, y los alemanes eran considerados como el pueblo de la cultura, por excelencia. Cuando en el mundo alguien hablaba sobre la educación y la cultura, todos pensaban en Alemania.

Era un día de invierno nevado y muy frío. Y vio un alemán que corría por la calle, y llevaba en sus brazos un perro bien envuelto en un abrigo. De pronto ve como el alemán se inclinaba y buscaba la cabeza del perro que sobresalía en uno de los extremos del abrigo. Se acercaba y besaba al perro…

Le alcanzó ver este cuadro para dar su opinión: está a la vista que este pueblo, en un futuro, asesinará a otras personas, sin ningún motivo especial, sólo porque son malvados…

Nadie entendía la predicción de rabenu Ierujam, por eso comenzó a explicar:

Esto está mencionado en un versículo (Oshea 13,2): los sacrificios humanos, ¡cómo los terneros del Mishkan!

¿Alguien podía ver o predecir la terrible Shoa?

O los seis millones de iehudim que santificaron el Nombre de Hashem.

O los ochenta millones de soldados que formaban parte de los ejércitos que lucharon durante la contienda.

Ya en los últimos días de la guerra, el Satan nos hacía permanecer atrincherados en cada bunker de Berlín. La ciudad estaba cercada y entonces, el rab pudo saber, que su terrible sueño, se haría real. Que ese hombre malvado (Imaj Shemo Vezijro), sentía que podía matar con absoluta libertad a otros hombres, simplemente porque eran molestos.

Ya que él sostenía que el pueblo alemán era el pueblo de la cultura, y que los demás pueblos, inferiores en capacidad, no tenían derecho a seguir con vida.

Y afirmaba que lo que hacía era para el bien de la humanidad, y así programó terminar con sus vidas. El pueblo que no demostraba tener una cultura como los alemanes, no merecía seguir con vida, y ese hombre terrible, solamente nos hacía un favor: matarnos y borrar de la memoria todo vestigio de una cultura inferior…

Pero su maldad no terminó allí. También exterminó alemanes. Fue capaz de enviar decenas de miles de muchachos alemanes para intentar detener a los tanques de los aliados con sus propios cuerpos…

O sea, enviaba a sus propios compatriotas a que sean pisoteados y aniquilados. ¿Por qué?, porque a sus ojos eran como moscas. Esto es exactamente, un pueblo que se parece a un burro…

Y nosotros, supuestamente, “ustedes son hombres” (Malaji 6,8), ustedes son llamados hombres (Iebamot 62a). Esto nos obliga a comportarnos de otra forma, nos obliga muchísimo y debemos pensar sobre eso, pensar, primero en lo que hacemos, en cuidar el honor de nuestros semejantes, y en especial, de las personas que están más cerca.

 

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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