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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Vaetjanan
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

LA LLAVE DEL JUDAISMO

“Shema Israel”

(Devarim 6,4)

 

En la “guerra fría” y en la primera guerra mundial, encontramos que había soldados iehudim en los dos bandos que se enfrentaban. Esta fue una forma de pago que fue el producto de nuestra “emancipación”. Queríamos libertad, queríamos nuestros derechos, y tuvimos que pagar esta nueva deuda en efectivo.

El antisemitismo no disminuía, y encontraba nuevas formas de hacerse efectivo mucho antes de la segunda guerra mundial. Pero no es el tema del que queremos hablar esta vez.

Los iehudim entraron a las filas de los ejércitos de Rusia, Prusia, Austria y Hungría. Decenas de miles de iehudim estaban en los frentes de combate, de ambos lados. Cada país vestía su uniforme de guerra, pero no siempre los soldados pertenecían a ese país.

Las estrategias de guerra de ese entonces eran muy distintas a las de hoy. Lo que más prevalecía era la lucha cuerpo a cuerpo. El soldado de un país mataba a su enemigo, y escucha que el soldado que está a punto de morir exclama: “Shema Israel, Hashem Elokeinu, Hashem Ejad”, el versículo que se dice antes de que salga la Neshama. Y el soldado que lo mató acaba de enterarse que no mató a su enemigo sino que mató a su hermano. Y esto pasó mucho más de una vez, Hashem nos salve…

“Shema Israel”, es un versículo eterno. Lo escuchó Iaacov Avinu de sus hijos, antes de partir hacia el Olam Haba. Este versículo lo dijo Moshe Rabenu en nuestra perasha, antes de morir. Es el versículo que demuestra nuestra fe, y que está en boca de todo iehudi en su vida y en su muerte.

Cada día, en la mañana, cuando salimos de nuestras casas, ponemos la mano en la Mezuza y recitamos el Shema (Mishna Berura 6,7 en nombre de rabi Iehuda Hajasid). Al comenzar las oraciones decimos el Shema, también en la oración de la mañana. Al colocarnos el Tefilin de Rabenu Tam, y ya en el final del día, en la oración de la noche y en el “Keriat Shema Al Hamita”. En las confesiones, Shema. En un Brit Mila, Shema. En las Selijot, Shema. En Rosh Hashana, Shema. En la oración de Neila de Iom Hakipurim, Shema. Toda la vida del iehudi está rodeada por el Shema, una fuente de fe.

Cuando Israel salió a la guerra, el Cohen decía: Shema Israel, ustedes se acercan a la guerra con sus enemigos, y la Guemara pregunta: ¿por qué abre con “Shema Israel”? Dijo rabi Shimon Bar Iojai: así le dijo Hakadosh Baruj Hu a Israel: aunque de todos los preceptos, solamente hayan cumplido recitar el Shema en la mañana y en la noche, alcanza para que no caigan en manos de sus enemigos. Porque con eso están proclamando que ustedes pertenecen al Dueño del Mundo, que puede “todo”, el Señor de las guerras, que es el que puede traer la Salvación…

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz"l: “¡Quién como tu pueblo Israel, un pueblo único en la tierra!” (Divre Haiamim 1 17,21). ¿Qué es lo que nos hace un pueblo único?, ¿qué es lo que puede asociar a los iehudim en cualquier lugar del mundo, al este, al oeste, al norte o al sur? “Hay un pueblo”, dice el Midrash, un pueblo que todos los días dice: “Shema Israel, Hashem Elokeinu, Hashem Ejad”.

Y yo soy testigo de esto…

Cuando escapábamos de los territorios conquistados por los alemanes, lo hice atravesando parte de lo que en ese entonces era Rusia. Llegué a una estación de trenes y esperé. El tráfico de trenes estaba un poco alterado y el tren que yo quería tomar se retrasaba. Se acercaba la noche, y en esos lugares la noche era muy peligrosa. Toda persona que estuviera en un lugar público podía ser asaltada y atacada. Los atacantes sabían que si encontraban a alguien, de seguro que no habitaba el lugar, ya que todos los habitantes estaban prevenidos y no se arriesgaban a salir de noche. Y yo, era un pobre polaco, sin permisos ni visas, perdido en la Rusia de Stalin.

El sol estaba acercándose a su ocaso, ¿qué hacemos?

En el otro extremo de la estación estaba sentado un limpiabotas con barba. Eso no dice demasiado, pero valía la pena hacer el intento. Me acerqué y le dije: “Shema Israel, Hashem Elokeinu, Hashem Ejad”. Si no es iehudi no entenderá ni una palabra..

Levantó los ojos y me dijo: “Baruj Shem Kevod Maljuto Leolam Vaed”. Más que eso, no sabía.

Yo hablaba Idish y él hablaba ruso y otro idioma de la región. Pero los dos éramos iehudim y eso nos unía mucho más que el idioma. Me llevó a su casa y estuve allí durante once días, hasta que tuve la posibilidad de seguir mi camino. “¡Quién como tú pueblo Israel, un pueblo único en la tierra!”

Cuánta tristeza, cuánto llanto se puede ver en nuestros rostros, cuando después de tres mil trescientos años llegamos a una situación tan terrible. Si hoy le decimos a un niño israelí “promedio” (desde luego que no hablamos de un niño que viva entre gente que cumple con la Tora y sus preceptos) estas dos palabras “Shema Israel”, puede quedarse mirándonos y hasta preguntarnos qué queremos…

Le podemos pedir: por favor, completa la frase…, y se va a encoger de hombros…

La frase iehudi básica, lo que nos identificó como iehudim en todas las generaciones, la llave de la fe, desapareció para la mayoría de nuestro pueblo.

Cuánto trabajo nos espera para que la fe vuelva en toda esta gente, y que sea nuevamente nuestra herencia, la herencia de un pueblo.

Escuché un hecho real, de boca del mismo protagonista. Un muchacho, que había retornado a nuestras raíces, me contó cuál fue el factor que lo hizo regresar.

Un día vio una película sobre la primera guerra mundial. Allí, un soldado ruso peleaba con un soldado alemán. Lo tenía atrapado a punto de atravesarlo con una flecha. El alemán, vio que la muerte estaba tan cerca, dijo: “Shema Israel”. Era iehudi, y dijo sus últimas palabras antes de morir. El soldado ruso bajó su flecha y dijo: “Hashem Elokeinu, Hashem Ejad”. El también era iehudi. Esas fueron las únicas palabras en hebreo de toda la película.

Y yo vi eso, cuenta el muchacho, y me puse a pensar. Nunca había escuchado algo así, las palabras eternas de nuestro pueblo. Y seguí pensando: esta frase nos identificó y atravesó decenas de generaciones. Y además, puede salvar vidas. ¿Por qué nunca me la enseñaron? ¿Por qué a nuestra generación le han arrancado sus raíces? Y salí a buscar las raíces…

Dichoso este muchacho y dichoso su legado, pero, ¿cuántos puede haber como él?

¿Y qué hacer con el millón de niños que no saben recitar “Shema Israel”?

 

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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