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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Ki Tavó
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

MI VIEJO SOMBRERO

“y las conseguirás”

(Devarim 28,8)

 

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz"l: esta es una bendición muy especial e importante. El versículo dice que vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán. ¿Qué quiere decir que “te alcanzarán” o que las conseguirás?

Veamos cómo es la costumbre de la gente: cuando un hombre resulta bendecido, casi siempre “sube de categoría”, ocupa el siguiente escalón de la escalera, hacia arriba. Cambia de casa y de automóvil. A veces, también cambia su forma de hablar, porque su “status” es superior…

Si llega una bendición adicional, ahora tendremos que llamar a un servicio de informaciones para localizar a esta persona, que alguien nos descubra su nueva dirección y su nuevo teléfono… y al llegar a la nueva casa alguien comenzará a espiarnos a través de la mirilla de la puerta o tal vez, con las cámaras de circuito cerrado. Desde luego, ahora resultamos desconocidos para él, ya que nosotros seguimos en la misma condición social de siempre, no hemos subido de categoría a la par de él. Por eso, nos informarán a través de los parlantes que el dueño de casa no está…

Esta no es la forma ni el camino. Dijimos que es necesario “no cambiar”. Mantenernos en el mismo lugar. No cambiar los lugares que frecuentamos, ni la gente que frecuentamos…

Una vez yo estaba al lado del Staipeler ztz”l. Entró una de sus nietas y le mostró un chicle. ¿Ustedes saben qué es un chicle? Un trozo de plastilina que se mastica y se mastica… Abuelo, le preguntó, ¿este chicle tiene supervisión rabínica?

El Staipeler me miró y me dijo: ¡esta es la nueva generación! No preguntan si es necesario comer esto, si es digno de comer o no. Sólo preguntan si tiene supervisión…

Cuenta la Guemara (Ketuvot 66b) sobre un hombre que se presentó delante de rabi Nejemia. Rabi Nejemia le preguntó: ¿de qué te alimentas?

De los mejores cortes de carne y vino añejo.

¿Quieres que te invite a comer de mis lentejas? (Rabi Nejemia le ofreció cambiar su costumbre, y comer lentejas en lugar de carne y vino).

El hombre aceptó.

Fue a comer las lentejas con él, y murió.

Dijeron: pobre el hombre que Nejemia mató…

En cambio, la Guemara quiere demostrar que Nejemia no es culpable. Y dice que la frase debería expresarse mostrando el significado contrario: pobre Nejemia, que ese hombre murió a su lado…

Finalmente, la Guemara dio su conclusión: pobre el hombre que se acostumbró tanto a los manjares, hasta que murió cuando le faltaron…

Subí a un autobús y me alegré mucho al ver en su interior caras conocidas. Me acerqué a uno de ellos, un hombre de mi barrio. Le adelanté un cálido saludo y recibí como respuesta las “leyes” de Tisha Veab. Parecía la respuesta al saludo que le hacemos a una persona ignorante, que en general, cuando le preguntamos, no sabemos qué tipo de respuesta nos espera. Pensé, pero este no era el caso, Hashem nos guarde, aquí había otro problema...

Le pregunté cómo se sentía.

Me contestó: ¡No preguntes!..., sabemos que no se acostumbra a dar malas noticias, ¡vendí mi automóvil!

Bueno, al parecer no era un asunto tan grave, pero, de todas formas, sabemos que existen leyes que nos enseñan la forma de consolar a las personas. Le dije: que Hashem te haga recuperar lo que ahora te falta… (Berajot 16b). Pero no quiso recibir las palabras de consuelo. Como dice la gente: un automóvil no muere sino para su dueño… que lo recuerda con nostalgia, cuántas cosas buenas le dio mientras vivía, un automóvil “casher” que hacía sólo la voluntad de su dueño, ¡qué tristeza, qué dolor!, ¿quién podrá compensar semejante pérdida?

Intenté decirle que Hakadosh Baruj Hu siempre anticipa el remedio a la enfermedad. Para eso le ofrece un servicio de autobuses muy cómodo. No hace falta suministrarle gasolina. Tampoco buscar lugar para estacionar. No tienes que detenerte ni hacerte problemas en los embotellamientos. Los conductores nerviosos que gritan y protestan no pueden adelantarse ni tampoco pueden hacer sonar sus bocinas para molestarte. Tienes un conductor que hace todo por ti, y tú puedes estudiar en el camino, o dormir, o disfrutar del paseo.

Mi discurso fue maravilloso, pero no había con quien hablar. Estaba tan acostumbrado a conducir su automóvil que no había forma de demostrarle que el asunto carecía de gravedad.

Pensé un momento: ¡qué dichoso que soy! Nunca tuve un automóvil ni muchas otras cosas que producen esta terrible dependencia…

Escuché que los hombres que sostenían económicamente una congregación fueron a hablar con el rab. Le comunicaron que hablarían con el dueño del negocio de sombreros. El rab entraría al negocio y elegiría para él un sombrero a la altura de su categoría. Un sombrero que sea acorde a su prestigio, es el rab de la congregación y su honor es también el honor de la Kehila.

Hasta entonces, el rab usaba el sombrero que sus padres le habían comprado cuando se casó, no era un sombrero de una marca renombrada ni tampoco algo lujoso. Los hombres de la comunidad no estaban a gusto con el sombrero de su rab y trataban de convencerlo para que compre un sombrero nuevo.

El rab les contestó que la idea resultaba tentadora, pero que él sabía que podría traer problemas. Parecía haber aceptado, pero les pidió que le permitan seguir vistiendo su antiguo sombrero.

Ellos ya estaban preparados para dicha respuesta: si el rab quiere decirnos que “el que odia los regalos vivirá”, le ofrecemos que pague un precio simbólico, para que no se considere un regalo, por ejemplo, dos o tres dólares…

El rab sonrió: yo sé que mi sombrero se ve espantoso y además, yo dispongo de los medios para pagar el precio completo de uno nuevo. Tengo la posibilidad. Pero al final, también sé que el cambio de sombrero puede costarme un millón, y para pagar un millón, no justifica…

¿Un millón?, ¿de qué está hablando el honorable rab?

Yo les voy a explicar. Cuando cambie el sombrero por uno tan delicado, todo se verá distinto y hasta ridículo. Imagínense la combinación entre el sombrero nuevo y mi traje viejo y arrugado, parece como un anillo de oro en la nariz de ustedes saben quién… No hay opción, yo no quiero que todo el mundo se burle de mí, así que tendré que comprar un traje nuevo para que el sombrero pueda lucirse.

Y ahora vean ustedes lo que se puede observar bajando un poco la vista. El traje y el sombrero relucientes, junto a los zapatos abiertos por ambos lados, a punto de desarmarse. Habrá que comprar también un buen par de zapatos.

Bien, sólo eso me faltaba. Ahora se me puede ver como a un rey, caminando al lado de la rabanit, que con su viejo vestido no parece ser la rabanit. Hay una Mishna que todos conocen: la mujer antecede al hombre en las vestimentas (Horaiot 13a).

Quiere decir, que antes de comprar para mí, debí haber comprado un lujoso vestido para la rabanit, con un par de zapatos, una cartera, algo para cubrir su cabeza y algunas joyas. Así ella se verá como una reina, antes de que yo pueda verme como un rey…

Todo parece perfecto, el rab y la rabanit lucen sus prendas dignas de la realeza, y se sientan en las sillas chuecas y despintadas del salón de la casa, apoyándose en una mesa que sólo espera el momento de caer.

No hay problema. Compraremos sillas cómodas y acolchadas, y una mesa nueva para el salón. Miraremos la nueva mesa sin girar la vista para observar la biblioteca armada con cajones de una empresa de productos lácteos.

Eso tampoco es problema. Compraremos una biblioteca espectacular, con puertas de vidrio. Ahora sí, faltaría sólo un detalle. El piso viejo y gastado no se lleva muy bien con los nuevos muebles, pero eso se arregla muy fácilmente, cubriendo el piso con una alfombra de pared a pared…

Señores, ¿cuánto llevamos gastado hasta el momento?

Los tesoreros de la comunidad eran expertos en cálculos. Era su mundo. Sólo unas decenas de miles, no es tan grave. Y vale la pena, realmente es muy conveniente cambiar todo el salón, en honor a la Tora. Ellos ya creían ver el nuevo salón en todo su esplendor y belleza…

Vengan conmigo, les dijo el rab, acompáñenme a la cocina. ¿Se puede dejar así la cocina al lado de semejante salón?

Discutieron, y uno de ellos dijo: no es conveniente invertir tanto en arreglos, lo mejor será cambiar de casa…

¡Esto es lo que yo les quería decir!, dijo el rab. Quiero que me den permiso a quedarme con mi sombrero viejo…

En verdad, nosotros estamos dispuestos a cambiarle al rab la casa, ¿por qué no?

“Cuando todas las bendiciones vengan sobre ti… y las conseguirás”, es mejor que nos quedemos con el mismo rab, con su misma personalidad.

Traducido del libro Vehigadta.

 Leiluy Nishmat

 Israel Ben Shloime z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom




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