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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nitzavim-Vayelej
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

LO QUE APRENDE UN NIÑO JAMAS LO OLVIDARA

 

“Congregarás al pueblo, hombres, mujeres y niños…”

(Devarim 31,12)

 

Rabi Elazar Ben Azaria, formuló una pregunta muy fuerte: si los hombres van para aprender y las mujeres van para escuchar, ¿para qué van los niños? Y la respuesta: para que reciban su recompensa por ir y estar presentes (Jaguiga 3a).

Y preguntaron más: la Guemara (Pesajim 64b) explica que subieron a Ierushalaim, en las fiestas, más de doce millones de personas. Y todos, hombres, mujeres y niños, debían subir hasta el monte del Templo, para allí escuchar la lectura de la Tora, de la boca del rey. Y escucharon, y así está escrito: “leerás esta Tora frente a todo Israel, en sus oídos”. ¿Cómo se explica esto?

Lo explicaremos con un relato, cercano a nuestros días.

Rabenu Iosef Jaim Mibagdad ztz”l, el Ben Ish Jai, dictaba sus conferencias en el Shabat Kodesh, en la ciudad de Bagdad, frente a cuatro mil hombres que lo escuchaban... ¡Y todos lo escuchaban!

Cuando el Ben Ish Jai dejó nuestro mundo para dirigirse al Mundo de la Verdad, pusieron a su hijo, el gaon rabi Iaacov ztz”l, en su lugar. Rabi Iaacov fue conocido por su libro “Hatzitzim Uprajim”. Las cuatro mil personas se reunieron para escucharlo, al igual que lo hacían con su padre, y no escuchaban… Le pidieron que levante la voz, pero fue inútil. Y entendieron que la “Shejina”, la Divinidad, hablaba desde la garganta de su padre.

Y en este caso, cuando Hakadosh Baruj Hu “habla”, desde la garganta de una persona, no existe la diferencia entre cuatro mil personas o doce millones…

Pero, cuando esos doce millones de hombres traen consigo a sus niños, la cosa cambia mucho. El solo hecho de pensar en millones de niños revoltosos, que no entienden lo que se está hablando, que se sienten aburridos, y por eso, algunos se ponen a jugar, otros a llorar, otros tironean de las prendas de sus padres, nos muestra que aquí el milagro era mucho mayor. No faltan tampoco los que quieren comer, o tomar algo, otros se han manchado y hay que cambiarlos, otros se han lastimado, y otros, simplemente, sienten ganas de gritar…, y gritan… Unos pocos niños aburridos hacen mucho ruido, millones…

Y es cierto, con la Voz de Hashem, con la utilización del milagro, podemos superar todos los obstáculos. Pero en el caso de los niños, el problema no es solamente el ruido que hacen. Ellos necesitan atención, los padres deben demostrarles que ellos son importantes, y como los padres no lo hacen, lo hacen ellos mismos. Para auto-sentirse importantes, no nos dejan pensar, se ponen en nuestro camino y tampoco nos dan permiso para movernos…

Y en nuestro caso, se trata de un acontecimiento muy importante, que se desarrolla una vez cada siete años. Sería digno pedir que haya disciplina, un silencio absoluto, para que todos puedan escuchar, que ni siquiera se escuche volar a un ave, como ocurrió en el “Gran Acontecimiento”, en la entrega de la Tora. ¿Por qué aquí se permitió tanto ruido?

Si los hombres vinieron a aprender y las mujeres vinieron a escuchar, ¿los niños para qué vinieron? Solamente molestan.

La respuesta ya la mencionamos: para que reciban su recompensa por haber venido…

¿Y cuál será la recompensa? Explica el Saba Mikelem ztz”l, que no existe un premio más grande para los padres, que educar a sus hijos en el camino de la Tora, y hacerlos sentir el temor a Hashem. Este acto tan sublime, se graba en los corazones de los niños, aunque ellos aparentemente se ven aburridos y molestando, de todas formas todo queda grabado. Se graba en el alma de cada pequeño y prepara el camino para educarlos mejor.

Y los escritos nos revelan la verdad de estas palabras: y vuestros hijos, los que todavía no saben, escucharán y aprenderán a temer a Hashem, vuestro D-s, durante toda la vida. Y explicó rabenu Haramban y el Seforno ztz”l, que nos estamos refiriendo a los niños más pequeños.

Algo parecido escribió rabenu Haor Hajaim Hakadosh ztz”l: estamos hablando de los niños pequeños, esos que todavía no llegaron a la edad de aprender y estudiar, que a pesar de todo, igualmente escuchen, y así aprenderán a sentir temor por Hashem.

En otras palabras: les enseñamos a los más pequeños a sentir temor por Hashem. Porque cuando a un niño, se le enseña desde bien pequeño a temer a Hashem, ese temor a Hashem lo acompañará toda la vida.

Vemos que es algo maravilloso, y sabemos que es así, y lo más terrible, sabemos que no hacemos lo suficiente, que podemos hacer más…

Y si queremos una demostración para nuestras palabras, algo que realmente nos sorprenda, veamos el caso de rabi Iehoshua. Y no cualquiera da el testimonio, nada menos que su rab, raban Iojanan Ben Zakai. Así lo describe: rabi Iehoshua, ¡dichoso quién lo hizo nacer! (Pirke Avot 2,8). Y toda la grandeza de rabi Iehoshua fue atribuida a los méritos de su madre. ¿Por qué? Porque ella hizo que su hijo “amamante” la Tora, colocando su cuna en el mismo Beit Hamidrash, para que penetren en sus oídos las palabras de Tora (Ierushalmi Iebamot 9,6).

Deberíamos pensar en esto, no sólo hoy, sino durante todo el año, todos los años…

Una maestra jardinera se presentó frente al Maran Hajazon Ish ztz”l. Le contó que querían contratarla en un Jardín de Infantes que no seguía el camino de la Tora. Pero para contratarla, debería aceptar ciertas condiciones: nada de “Keriat Shema”, nada de “Mode Ani”…, nada, no queremos esas cosas…

Dijo el Jazon Ish: y si quieres decorar las paredes a tu voluntad, ¿aceptarán?

Sí, contestó.

Entonces, colgarás de las paredes cuadros con las fotos de hombres justos y de los grandes rabanim de generaciones anteriores.

No tenemos la menor idea de la influencia que una foto puede ejercer sobre el alma de un niño. Y más todavía, cuando se acercan los días en que se acumulan cosas y más cosas que aumentan la fuerza de esas influencias. Ya se acercan los “Iamim Hanoraim”, los días terribles, y comenzamos a pensar en Jag Hasucot y Simjat Tora. Una sensación tras otra, sin pausas, sin descanso. El toque del Shofar, el “Col Nidre”, la oración de Neila, las cuatro especies, las Hakafot, los bailes con el Sefer Tora…

Los que dicen que los niños molestan, tienen razón, ellos necesitan saber que son el centro de atención en su casa, con sus amigos. Necesitan comprobar que son importantes para nosotros.

Esto es real, y también es necesario y justificable. Y no solamente para los niños, sino también para los padres: darles su premio por el hecho de estar presentes. Esta presencia facilitará, en el futuro, el aprendizaje, enseñarles el camino de la Tora con Irat Shamaim, preparará el camino para que podamos tener más satisfacciones de ellos, para llenarnos de alegría y felicidad.

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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