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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Haazinu
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

EL SECRETO DEL VINO

“y del jugo de las uvas, tomarás el vino”

(Devarim 32,14)

 

Dijo el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz"l: vamos a profundizar y a tratar de entender. Esta es una perasha muy difícil, que encierra enseñanzas sorprendentes.

Contaron sobre el dueño de una bodega que producía vinos de excelente calidad, que se enfermó, y con el paso del tiempo, la enfermedad se fue agravando. Los médicos le dijeron a la familia que se acercaban las últimas horas, y los familiares, en especial, los descendientes del agonizante, se agruparon a su alrededor, para despedirse de él.

Juntó el resto de sus fuerzas para dar a sus hijos el último consejo (o tal vez la última orden): queridos hijos, estoy aquí, y siento que en muy poco tiempo me separaré de este mundo. Toda mi vida guardé mi secreto, pero no quiero llevármelo a la tumba.

Se hizo un silencio mortal (no porque se murió, sino porque todos querían conocer ese secreto). Los oídos se aprestaron a escuchar ese secreto tan valioso.

Al hombre le pesaba su propio cuerpo. Descansó un instante, y siguió: les revelaré el secreto que guardó nuestra familia durante muchas generaciones. Mi abuelo se lo reveló a mi padre, antes de su muerte, y cuando llegó el momento de mi padre, él me lo reveló a mí. Ahora es mi turno, y lo revelaré a ustedes.

Tomó un lápiz para comenzar a escribir.

Sepan ustedes, que el secreto está en nuestras manos…

Sus palabras se cortaron. Intentó tomar aire. Uno de los hijos le secó la frente sudada con un pañuelo, y el padre le hizo una señal de agradecimiento.

Respiró hondo y sintió que podía seguir: el secreto que está en nuestras manos es que “hay una forma de producir vino, también con uvas”.

Ya está, ahora todo sería más fácil. El secreto había sido transmitido a la próxima generación de vitivinicultores. El hombre podía morir con tranquilidad en su corazón. Reveló el secreto a sus hijos: se puede hacer vino a partir de las uvas. Y no como todo el mundo sabe, que para hacer vino hace falta azúcar, y esencias, algunas que proporcionan gusto, otras que dan un buen olor y otras que cambian el color de las comidas y bebidas.

Desde luego, el vino que se hace a partir de las uvas, lo hacemos sólo en momentos de apremio, ya que tiene muchos problemas de Halaja.

Cuando tenemos entre nuestras manos el vino preparado a base de uvas, comienzan los problemas halájicos, que con el vino artificial no existen: el vino no se hace “nesej” (prohibido cuando un no iehudi lo toca), y también estará limpio de la sospecha de “Orla” (que proviene de un árbol de más de cuatro años), “Tevel” (que no sacó del maaser), ni “Sheviit” (que no son uvas del año de Shemita).

Estos hombres, al parecer no saben lo que dijeron nuestros sabios: “que no existe ninguna cosa que no esté nombrada en la Tora”. Quiere decir que también este secreto, se puede encontrar en la Tora, precisamente en nuestro versículo: y del jugo de las uvas, tomarás el vino, o sea, que también a partir de las uvas, podremos producir vino…

Desde luego, los escritos hablan de la época futura. Hasta ahora, tomamos vino, solamente después de ver el sello que lo identifica como apto. Resulta ser una consecuencia de lo que está escrito en la Guemara (Berajot 34b): ¿qué quiere decirnos el versículo: el ojo no vio? (Ieshaiah 44,3). Dijo rab Iehoshua Ben Levi, este es el vino que está guardado, que fue hecho con las uvas (guardadas) desde el día de la Creación.

¿Podemos imaginarlo? Vino, hecho con uvas…

Por supuesto, esto fue sólo un ejemplo.

La Tora fue comparada con la leche, como está escrito en la Guemara (Eiruvin 54), y en las palabras de Shlomo Hamelej (Mishle 5,11) encontramos que es la bebida que hace vivir a los bebés…

La Tora escrita fue comparada con la leche. La leche es una bebida muy especial. La denominaremos primaria, porque es lo primero que puede tomar el bebé recién nacido, y la tomará en estado natural, sin ningún tipo de agregados, sean naturales o químicos.

Y la Tora oral fue comparada con el vino. La podremos adquirir cuando hagamos la inversión adecuada, y si no hay inversión no habrá nada. Por eso, las palabras de nuestros sabios: si no te esforzaste y encontraste (aprendiste lo estudiado), no le creerás (Meguila 6b). Y el hombre alegre, cuida y protege lo alcanzado, y la voz de nuestros sabios le resulta agradable.

La Ieshiva se llama Kerem, como dicen Jazal (Eduiot 2,4): cuando nuestros sabios entraron al Kerem Iavne. Los Talmide Jajamim fueron comparados a los racimos de uvas (Julin 92), y la Tora (oral, la Guemara), con el vino (Pirke Avot 4,2).

En Jag Hashavuot recibimos la Tora escrita, y dijimos, para recibirla: “Naase Venishma” (Shemot 24,7), haremos y escucharemos. En cambio, no vemos esa tremenda voluntad en el recibimiento de la Tora oral.

En la Tora oral encontramos los detalles para el cumplimiento de cada precepto, tanto sean simples como los preceptos más fuertes. Algunos de ellos, tienen precisos detalles que son indispensables para poder decir que los hemos cumplido. Y aquí hay sólo una cuestión de amor, que es la que inclina la balanza. La Guemara la estudia la persona que ama al Bore Olam con todo su corazón, su alma y sus posesiones, como recitamos en el Keriat Shema.

Y no hubo un “haremos y escucharemos” para recibir la Tora oral. Hakadosh Baruj Hu tuvo la necesidad de amenazarnos, y poner sobre nuestras cabezas el monte que arrancó de su asentamiento, hasta que finalmente, recibimos la Tora oral con nuestra voluntad, en los días de Ajashverosh (Shabat 88a).

Por este motivo, en Shavuot, comemos alimentos lácteos, porque sólo recibimos la Tora escrita por nuestra voluntad, la Tora escrita que se comparó con la leche.

Y en Purim, todos estamos obligados a tomar “un poco más” de vino de lo que habitualmente tomamos (Meguila 7b), y uno de los preceptos que debemos cumplir es la realización de una comida festiva, donde debemos tomar, porque es un “día de tomar”, ieme mishte (Ester 9,22), y porque la Tora oral, que en Purim recibimos con voluntad, se comparó con el vino.

Y como dijeron nuestros sabios (Ierushalmi, Avoda Zara 2,7): y se cubrió con el buen vino, para enseñarnos que las palabras de Jazal (la Tora oral) son tanto o más queridas que las mismas palabras de la Tora.

Y esto fue lo que quisimos decir: existió un tiempo en el que aplastábamos las uvas para producir con ellas el vino, cada muchacho que ingresaba a estudiar en una Ieshiva tomaba en sus manos una Guemara, y desmenuzaba cada palabra, una y otra vez, para tratar de comprender qué fue lo que estudió Rashi.

Una vez entendida la intención de Rashi, debemos cuidar su postura ante las preguntas punzantes de los Tosafot. Ahora, con los distintos puntos de vista, hay que saber por qué Tosafot estudió así, y por qué discutió con Rashi. Y también, por qué Rashi prefirió mantenerse en su idea. Podemos volver a la Guemara para estudiar con meticulosidad y llegar a alguna conclusión, y saber por qué cada uno estudió a su manera. Después de tener a Rashi y Tosafot en nuestras manos, podemos pasar al Maarsha, y a las opiniones de los Rishonim, y a las conclusiones de los legisladores, hasta llegar a los sabios de nuestros días.

Vemos que un tema, aparente simple, florece y se expande, y se sirve en una mesa como si estuviera preparada para que se desarrolle allí un banquete. Ese tema, que en la Tora escrita aparece mencionado con unas pocas palabras, con la naturalidad de la leche sin agregados, se abre en la Guemara, transformándose en un vino elaborado con mucho cuidado, con un suave aroma y un gusto muy especial.

Pero hoy, no todos los muchachos se toman este trabajo. Algunos, con suerte, abren el “Ksot Hajoshen”, para extraer directamente las conclusiones, un pequeño resumen…

¿Cómo podremos decir en el futuro?, ¿de dónde tomaremos el vino? Volvamos a las fuentes, al vino fino y añejo, elaborado con uvas, no con esencias y colorantes. Porque… ¿acaso hay alguien que no nos permite vivir una vida que sea como el Olam Haba? (Baba Batra 17). Para vivir una vida así, nada mejor que estudiar la Tora como se estudió en todos los tiempos!!!

           

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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