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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Rosh HaShaná
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

A LA LUZ DEL DIA DEL JUICIO

Disertó el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz"l: El Rambam, en la introducción de su libro “More Nebujim”, trae el ejemplo de un hombre que camina en la oscuridad de la noche, y siente miedo porque puede caer en un pozo o tropezarse quién sabe con qué cosa, ya que, en la oscuridad absoluta, no puede distinguir nada. De pronto, un rayo atraviesa el cielo, y se genera un instante de luz, donde se puede vislumbrar la verdad.

Todavía no amanece, pero es posible aprovechar este pequeño destello de luz para reconocer lo que sucede alrededor, prevenirnos de los pozos y de otros obstáculos, tratar de ver por dónde sigue el camino, por dónde debemos seguir avanzando.

Pero esto no es útil para todos. Sobre los malvados está escrito “no saben ni entienden, caminan por la oscuridad” (Tehilim 82,5).

¿A qué se comparan los malvados? A una persona que camina por la oscuridad, se encuentra con una piedra, y se la lleva por delante. Se encuentra con un pozo, y se cae dentro de él. Y así está escrito: el camino de los malvados es como la oscuridad, ellos no saben con qué se tropiezan (Mishle 4,19).

¿Y a qué se comparan los justos? A una persona que camina con una antorcha en su mano, cuando se acerca a una piedra, cuida de no tropezar con ella. Se acerca a un pozo, y se cuida de no caer dentro.

Un conductor de carruajes escuchó una charla muy emotiva de su rab, que incitaba al hombre a salir de su individualidad para pensar un poco más en las demás personas. Cada uno tiene algo para dar a sus semejantes, y deberíamos pensar qué podemos hacer para ayudar a nuestro amigo y qué podríamos poner en marcha en su favor.

Si una persona es sabia, podría fortalecer a los demás con sus conocimientos. Si es rica, podría ayudar a los pobres y fortalecer el estudio de la Tora.

Y cuando un hombre se apiada de otras creaciones, desde el Cielo, se apiadarán de él. Si ayudamos a nuestros semejantes, recibiremos ayuda desde el Cielo.

Las palabras llegaron hasta su corazón. Puede ser que no tenga conocimientos de Tora, y que tampoco sea rico, pero ya lo dijo el rab: no existe un hombre que no pueda ayudar o dar. Y él también encontró la forma…

Las calles de la ciudad no estaban muy transitables. En el verano, molestaban los rellenos de los baches. Y en invierno, los excrementos de los animales. La iluminación tampoco estaba presente, con lo cual la oscuridad era total.

En la carreta, había una antorcha que funcionaba a kerosene, que servía para iluminar el viaje a los que utilizaban la carreta, mientras le daba luz al camino para que los que volvían a sus casas en la noche, no tropiecen con los obstáculos. Su corazón sentía alegría, había hecho el bien a otras personas.

Llenó el pequeño tanque de combustible y encendió la antorcha. La luz inundó el espacio y la carreta parecía una gran linterna, iluminando a la gente que volvía de sus trabajos, y evitando así, que alguno de ellos se encuentre con un gran tropiezo.

Recordó lo que había escuchado del rab: que Shaul, logró llegar a ser rey porque utilizaba su barba para encender velas en el interior de las cuevas oscuras, para iluminar el camino de muchas personas. El conductor pensaba: nadie puede saberlo, tal vez gracias a lo que hago, mis nietos reciban algo en un futuro próximo…

Sentía una gran alegría. Y veamos, cuando se levantó por la mañana para ir a rezar la oración de Shajrit, sus ojos se oscurecieron. La antorcha estaba rota y desparramó todo el kerosene en los asientos de la carreta, que quedaron pintados de negro. Gracias al favor de Hashem no se desató un incendio, que podría tener consecuencias gravísimas.

Ahora su corazón estaba indeciso, su sacrificio fue desplazado, se sentía como Kain, cuando Hashem no recibió su ofrenda.

Subió al Beit Hakneset y le preguntó al rab por qué le pasaba todo esto.

El rab lo calmó: tú no sabes cuánta alegría hay en el Cielo gracias a tus acciones, y qué gran recompensa te están preparando por esto. “La persona que piensa cumplir un precepto y por un imponderable no pudo hacerlo, en el Cielo se considera que lo ha hecho”.

Por eso, no te preocupes, en el Cielo no dejaron de lado tu ofrenda, porque desde las alturas, jamás saldría algo malo. Pero, tú debes entender, así como existen personas buenas, que buscan ayudar a todos los que están alrededor, para que nadie salga dañado, también existen personas que no son buenas, ladrones y engañadores, que trabajan en la oscuridad, porque la luz les molesta. Ellos fueron los que hicieron explotar la antorcha…

Y en lo que concierne a nosotros: así dijeron nuestros sabios (Vaikra Raba 21,3) “Ledavid Hashem Ori”, en Rosh Hashana, “Veishi”, en Iom Hakipurim. Este es el salmo que recitamos durante el mes de Elul. Para iluminar el Día del Juicio investigamos las cosas que hicimos en el año que está terminando. Cuántas piedras nos llevamos por delante, en cuántos pozos nos caímos… ¿Dónde estamos y dónde está el camino del rey? Busquemos el sendero que nos conduce a la Casa de Hashem. Debemos corregir el rumbo, y hacer un mapa nuevo, con el nuevo camino. Pero hay una condición, podemos alegrarnos, pero tengamos cuidado, ya que hay gente que hace su trabajo en la oscuridad y pueden hacer explotar la antorcha o cerrar nuestros ojos…

Mi padre y maestro, rabi Abraham Tzvi ztz”l, era uno de los alumnos de la Ieshivat Radin. Me contó que un día escuchó que su compañero fue a ver al Jafetz Jaim con una pregunta que lo atormentaba: está escrito en el Zohar Hakadosh (Tikune Hazohar 25,1), que todo precepto que cumplimos sin la intención y concentración correspondientes, sin el temor y el amor a Hashem que se requieren, no suben al Cielo… Si es así, ¿qué será de todos nuestros preceptos?, ¿todos se quedarán en el camino?

El Jafetz Jaim lo tranquilizó y le dijo: permíteme contarte un hecho real.

Antes de la primera guerra mundial, en el año 5674, me encontré con un panadero. Por costumbre, le pregunté cómo estaba con su trabajo, y comenzó con sus lamentaciones: toda la noche me ocupo del horneado de los panes, y por la mañana llegan las mujeres, las amas de casa, que comienzan a quejarse y así, tirar todo mi esfuerzo al tacho de basura: este pan no está cocido lo suficiente, este otro está quemado, aquél perdió la forma, uno está pesado, otro liviano… Finalmente, la mayor parte de mi trabajo no sirvió y debo venderla con pérdidas, como si fuera comida para animales. Esperaba tener una bendición con mi esfuerzo y esto recibí…

El Jafetz Jaim lo bendijo con todo su corazón…

Se desató la guerra. La situación se puso muy difícil en Europa. No había trabajo y los precios de la comida llegaban hasta el cielo. Los jóvenes debían enrolarse en el ejército, y muchos dejaron de ser ciudadanos para convertirse en refugiados. Los robos y los saqueos eran cosa de todos los días.

Volví a encontrarme con el panadero, y él me dijo con mucha alegría: rabi, su bendición se cumplió…

Mi sorpresa fue extrema: todos están destrozados por la situación, por la guerra, y, ¿tú estás contento?

Me explicó: rabi, cuando hay escasez la gente se lleva todo, sin que importe ni el estado ni el precio. Lo importante es que tengan algo para llevarse. No hay quejas, no hay devoluciones, no revisan la mercadería. Y todo lo que hago, se vende. Ahora veo la bendición por mi esfuerzo…

Entonces puedes entender, concluyó el Jafetz Jaim, cuando los tiempos eran normales, todo el pueblo de Israel cumplía grandes cantidades de preceptos. En el Cielo elegían los mejores. Como la oferta era muy grande, revisaban cada uno de los preceptos y aceptaban sólo los que habían sido cumplidos con integridad, con toda la intención, con todos sus detalles, y en especial, con temor a Hashem y en nombre de Hashem.

Hoy por hoy, estamos en época de emergencia, escasez y pobreza. En tiempos como estos se reciben todos los preceptos, sin revisar más de la cuenta.

En otros tiempos, posiblemente, algunos de nuestros preceptos que no fueron cumplidos con exactitud, provocaron abandono y alejamiento, pero ahora, todos los preceptos aumentan nuestro amor al Creador y nos acercan a El.

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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