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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Parashat Bereshit
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

CON BUENAS CUALIDADES YA TENEMOS TODO

“hagamos al hombre”

(Bereshit 1,26)

 

Rashi formula la pregunta conocida, por qué está escrito “hagamos”, cuando sabemos con certeza que nada ni nadie ayudó al Bore Olam en la creación del hombre ni en ninguna otra creación. Y lo más grave: al escribirlo así, en plural, da lugar a que los renegados se equivoquen y digan que hay más de un Creador, Jalila.

Y la prueba que este temor es valedero, la tenemos en la Guemara: cuando le pidieron a los setenta ancianos que tradujeran la Tora, todos ellos escribieron “Eese Hadam”, haré al hombre, ya que tenían la sensación de que el rey Talmai podría llegar a imaginar que existen dos poderes, Jalila (Meguila 9a).

Contesta Rashi, que a pesar de todo lo que pudiera ocurrir, que también es muy peligroso, la Tora no dejó de enseñar buenos modales y cualidades, y, en especial, la cualidad de la humildad. Que la persona “grande” se haga a un lado y le dé lugar al más pequeño. Si estuviera escrito “haré al hombre”, no podríamos aprender que Hashem está hablando con su tribunal o con los ángeles, sino con El mismo.

El Maran, harab Shaj ztz”l, en una de las conferencias que dictó en la Ieshiva, se detuvo en este versículo con una fuerte pregunta: ¿acaso por una cuestión de cualidades, como buenas costumbres o humildad, Hashem le puede dar lugar a los renegados a equivocarse?

Si alguien nos pregunta cómo sería mejor escribir, diríamos, y nadie puede dudar al respecto, que lo mejor es evitar confusiones. Para nosotros, las cuestiones de cualidades, no parecen ser algo tan grave, y la posibilidad de que algún malvado se equivoque la consideramos más importante que fortalecernos y mejorar nuestras propias cualidades. Por eso, escribiríamos igual que los ancianos en los tiempos de Talmai Hamelej.

Vemos entonces, contesta el Maran Rosh Ieshiva, que cuando hay buenas costumbres, humildad y buenas cualidades, no hay lugar a confundir nada. Porque para el hombre que persigue la humildad, cuando se le pasa por la cabeza renegar, Jalila, estaría dispuesto a escuchar las opiniones de los demás, en especial, las opiniones que le harán recordar que “existe un Juicio y existe un Juez”, y de esa forma, al saber escuchar, podrá alejarse también de la confusión.

Utilizando otras palabras, las buenas cualidades abren las puertas a todo lo bueno, a mejorar más y más todas nuestras cualidades. Y si hay cualidades, ya dimos un paso adelante, y sólo podemos esperar obtener buenos resultados.

Y en verdad, cuando nos fortalecemos en las cualidades, esto incluye muchas cosas más, y también el premio será mucho más importante.

Un estudiante de Tora que vivía en Rejasim, contó una historia asombrosa, que ocurrió con un vecino, gracias al fortalecimiento en sus cualidades: él mismo fue parte importante del relato, hasta podríamos decir que todo sucedió gracias a él, o hablando más correctamente, gracias al jardín de infantes que la esposa pretendía abrir en el patio de la casa en que vivían.

Todo comenzó así: yo soy un Abrej (estudiante) que trata de invertir todo su tiempo en el estudio de la Tora, y mi esposa es la que se preocupa y hace todos los esfuerzos para traer el sustento a la casa.

Después de que, Baruj Hashem, nacieron en nuestra casa dos parejas de mellizos, mi esposa decidió abrir un jardín de infantes, ya que las necesidades de la casa iban en aumento.

Nosotros vivimos en la planta baja de un pequeño edificio, y de la casa tenemos salida a un patio. Con seguridad sería muy fácil organizar allí una pequeña escuelita…

Se entiende, que pedimos permiso a todos los vecinos, que sabían de nuestras dificultades económicas. Después de pensar en nuestra situación, todos aceptaron y escribieron una carta firmada por cada uno, apoyando nuestro emprendimiento.

Todo fue muy bien hasta que un buen día, uno de los vecinos cambió de opinión y se puso en contra de nuestro proyecto. Explicó que tenía dos motivos: el primero, la esposa sufría de ataques de presión, y el ruido de los niños podía causarle molestias, haciéndole subir la presión, y, por consiguiente, agravando su enfermedad. El segundo, debido a que tiene tres hijos que se han apartado del camino de la Tora. “Hice todos los esfuerzos para tratar de volverlos al mejor camino, pero tengo la sospecha de que si ellos ven que ningún vecino se preocupa por la elevada presión de la madre y permiten que se abra el jardín, ellos se enojarán y dirán que la gente que cumple la Tora es fría y sin sentimientos, y jamás volverán al buen camino”.

El estudiante contó que el cambio de posición del vecino lo hizo sentir muy mal y se dirigió a uno de los rabanim de la ciudad para contarle la situación.

El rab estableció, que a pesar de que la esposa del vecino sufra de alta presión, él no puede ahora volverse atrás, después de la aceptación que ya firmó, porque una aceptación de este tipo entra en la clasificación de promesa, que se debe cumplir aunque sólo se haya hecho con el pensamiento, y es imposible arrepentirse de lo que ya está aceptado.

El estudiante volvió con la respuesta del rab. Se encontró con el vecino y éste le pidió hablar personalmente con el rab. El rab volvió a decir las mismas cosas que ya había dicho antes y le explicó, con claridad, que no podía arrepentirse de lo que ya se dio por aceptado.

En forma sorpresiva, el rab sacó una botella de vino de un armario, y le dijo al vecino: si tú apoyas la apertura del jardín, tendrás el mérito de usar este vino para tomarlo en las tres bodas de tus hijos, que se celebrarán muy pronto, después de que retornen completamente al buen camino.

Cuando el vecino escuchó estas palabras de la boca del rab, decidió fortalecerse y ser complaciente con el proyecto, firmando nuevamente su aceptación a la apertura del jardín de infantes.

El estudiante, quiso remarcarme algo, que en este momento volvía del casamiento del tercero de los hijos del vecino…

La bendición del rab se cumplió completamente…

El estudiante estaba convencido de que le preguntaría quién era el rab que tenía semejantes poderes como para que su bendición se cumpla con tanta fuerza, pero yo no le pregunté, porque, en verdad, aquí no hay ninguna cosa mágica. Toda persona que se fortalece y que deja su voluntad en favor de sus semejantes, recibirá una gran recompensa proveniente del Cielo. Y cuando hacemos cosas que caen en gracia al Bore Olam, no resulta asombroso que nos hagamos merecedores de las mejores bendiciones.

 

           

Traducido del libro Barji Nafshi.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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