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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Lej Lejá 1
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

¡PELIGRO!

¡ESCORPIONES!

“Y se fue de allí hacia el monte…”

(Bereshit 12,8)

 

Esto ocurrió en Nueva York. Un matrimonio recibía frecuentemente en su casa a un hombre pobre. Este hombre comía en la casa, y esto representaba una gran acción, ya que aparte de ser tan pobre, estaba completamente solo, sin ningún familiar. Traerlo a la casa le proporcionaba ese calor de hogar que todos necesitamos.

Sólo existía un problema: cada vez que llegaba a la casa tenía la misma costumbre, le contaba al matrimonio todo lo que le había sucedido en el pasado. Y así cada vez, desde el principio, una y otra vez. De esta forma, hasta que llegaba el momento de lavarse las manos (Netilat Iadaim) para comenzar a comer, pasaba una gran cantidad de tiempo, y siempre debían esperar a que termine su conocida historia…

De tan molestos que se sentían, muchas veces pensaron decirle que no venga más a la casa, pero no se atrevieron a hacerlo. Sabían que el sentarse con ellos bajo el mismo techo, le proporcionaba vida y alegría, ¿cómo podían quitarle a este hombre su más preciada posesión?

Los años fueron pasando, y, Baruj Hashem, la familia fue creciendo. La casa donde vivían ya les quedaba pequeña, y decidieron buscar una vivienda más amplia. Antes de mudarse a la nueva casa, se les ocurrió que este era el momento adecuado para hacer las cosas con inteligencia. No le darían al hombre pobre la dirección de la vivienda que habían adquirido, y así se podrían librar del sufrimiento de tener que escuchar siempre la misma conocida historia.

Y cuando el hombre llegara a la casa, como era su costumbre, y no encontrara a nadie, entenderá que la familia cambió su lugar de residencia. Y al no conocer la nueva dirección, no podrá encontrarlos y así se habrían librado de él de una vez y para siempre…

Hicieron tal como lo habían pensado.

Abandonaron la propiedad sin revelarle al hombre pobre a qué lugar se iban. Pero, antes de cambiarse de vivienda, le pidieron también a los vecinos que si ese hombre se mostraba interesado por saber a dónde se habían mudado, que no se lo digan.

Ellos querían vivir con un poco de tranquilidad, sin escuchar una y otra vez la misma grabación del hombre pobre.

Pero la tranquilidad duró muy poco tiempo. Sólo unos días después del cambio de casa, se escuchó, de repente, un grito de pánico de la mujer, que estaba en la cocina. El marido, al escuchar semejante grito, corrió a la cocina y encontró a la esposa desesperada, señalando un escorpión de gran tamaño, que estaba frente a ella…

El marido también se asustó, pero no perdió el control. Agarró una escoba y golpeó al escorpión hasta matarlo.

A las pocas horas, apareció otro escorpión. El marido también mató a este otro, pero varios compañeros siguieron apareciendo. Uno tras otro, hasta transformar la casa en un lugar de miedo y terror.

El matrimonio supuso que se trataba de una plaga de escorpiones, que tenía su origen en alguna de las paredes de la casa. Contrataron a un experto en estos temas para que revise toda la casa. Llegó, comenzó a trabajar, y a pesar de toda su profesionalidad y experiencia, afirmó que esta vez no podía saber de dónde provenían los escorpiones.

Los escorpiones seguían con la invasión de la casa, y la calma que tanto anhelaban, había desaparecido hace tiempo. Eso les hizo tomar una gran decisión y así, fueron a consultarle al gaon, rabi Jaim Pinjas Sheinberb ztz”l, Rosh Ieshivat Tora Or, para pedirle su opinión.

Cuando el gaon escuchó las palabras del matrimonio, sacó de un armario un “Perek Shira”, y dijo: vamos a revisar qué es lo que el escorpión le canta a su Creador, y entonces sabremos cuál es la realidad de su existencia en el mundo.

Rabi Jaim Pinjas Sheinberg revisó el libro y encontró que allí, el escorpión dice: Hashem es bueno, tiene piedad con todas sus creaciones y de todas sus acciones.

Después de leer el texto, el rab le dijo a la pareja: acabamos de estudiar que los escorpiones fueron traídos al mundo para recordarle al hombre, que él también debe apiadarse de todas las creaciones de Hakadosh Baruj Hu. Tienen que tratar de recordar, es posible que no se hayan apiadado de alguna persona o de alguna otra creación del Bore Olam. Si han hecho algo así, han transgredido este versículo…

Enseguida entendieron y no necesitaban escucharlo otra vez. Supieron muy bien por qué esa plaga había llegado hasta ellos. Ese mismo día localizaron al hombre pobre y lo trajeron a su nueva casa…

Y los escorpiones desaparecieron…

 

           

Traducido del libro Barji Nafshi.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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