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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Vaiera
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

LA CARIDAD NOS SALVA DE LA MUERTE

(y de otras cosas más)

¡HAY ESPERANZA!

“…y el pecado fue muy grave”

(Bereshit 18,20)

 

Los grandes comentaristas de la Tora se preguntan por qué Sedom fue destruida a causa de que sus habitantes se negaban a dar caridad. Ellos eran “Bnei Noaj” (hijos de Noaj), y no estaban obligados a dar caridad…

Podemos contestar que en verdad, ellos no tenían la obligación de dar Tzedaka, pero si ellos habrían dado Tzedaka, desde el Cielo se generaría una cualidad de piedad tan importante, que con seguridad les hubiera traído la Salvación. El precepto de Tzedaka se convertiría en un escudo que los protegería de cualquier sufrimiento. Y ahora, que no dieron Tzedaka, fueron castigados.

El gaon, rabi Iejezkel Sarna ztz”l, Rosh Ieshivat Hebron, estuvo una vez muy necesitado de dinero. La suma era muy importante en ese entonces, veinte mil dólares. Y en esos tiempos, inclusive para una Ieshiva tan conocida como la Ieshivat Hebron, conseguir una suma de dinero así no era para nada sencillo.

Sin otra alternativa imaginable, el Rosh Ieshiva tomó sus cosas y voló fuera del país, golpeando a las puertas de las personas pudientes. Esta vez, la respuesta que obtuvo no fue buena, no era bien visto, y no le daban lo que él les pedía, o necesitaba.

Ya había pasado por muchas casas sin recibir nada, hasta que llegó a la casa de un millonario, que aceptó darle esa gran cantidad de dinero, pero…, no sería una donación, sino un préstamo a pagar en veinte años.

Pasaron los veinte años, y el Rosh Ieshiva viajó nuevamente para devolverle al millonario la suma de dinero que le prestara veinte años atrás. Llegó hasta la puerta de la casa, pero la puerta fue abierta por otra persona.

Cuando el Rosh Ieshiva le preguntó dónde vivía el dueño anterior, el nuevo habitante de la vivienda no sabía de qué le estaba hablando el rab.

Rabi Iejezkel comenzó a caminar por las calles de la ciudad, preguntando a la gente que iba y venía sobre el paradero del millonario. Pero todo volvía a repetirse, nadie sabía a quién estaba buscando el rab. Hasta que finalmente una persona pareció entender el nombre que el rab pronunciaba y le sonaba parecido al de uno de los pobres de la ciudad, que vivían en un sótano de un edificio de las afueras de la ciudad.

El rab se apuró a llegar a dicho sótano y allí encontró un hombre vestido con harapos y su cuerpo lleno de heridas y cicatrices. De todas formas, en su rostro podía recordar al millonario que hacía veinte años lo había ayudado tanto, con el préstamo de esos veinte mil dólares que ahora venía a devolver.

El Rosh Ieshiva sacó un sobre que contenía los veinte mil dólares y se lo entregó a este pobre hombre. En lugar de tomar el sobre con las dos manos, el hombre se quedó mirando, como petrificado, el rostro de rabi Iejezkel, y con sus gestos expresaba signos de pregunta, aparentemente no había reconocido al Rosh Ieshiva ni comprendía qué pretendía darle.

El rab Sarna entendió que no solamente los negocios y las posesiones del millonario habían caído en picada. Aparentemente su cabeza también había perdido la memoria y la lucidez de otros tiempos, de ahí que no recuerde nada del préstamo ni de la conversación que tuvieron veinte años atrás.

Igualmente, intentó recordárselo: evidentemente, tú no recuerdas que hace veinte años te visité, después de haber pasado sin éxito por las casas de muchos hombres muy poderosos. En mi visita, me ofreciste un préstamo de veinte mil dólares a pagar en veinte años. No era una donación exactamente, sino un préstamo, pero, igualmente, fue de gran utilidad para la Ieshivat Hebron. Una y otra vez, el rab le contó los detalles de lo ocurrido hasta que finalmente recordó…

Cuando su mente estuvo más clara, comenzó a gritar con amargura: Hakadosh Baruj Hu tomó todo lo que tenía. Aparte de mi piel y mi carne no me queda ninguna otra cosa. Los sufrimientos me rodeaban desde todas las orientaciones. También mi familia me abandonó hasta que quedé solo. Unicamente un precepto quedó como mi única y más preciada posesión: el préstamo que te di a ti. Es mi único mérito en la vida, y ahora tú vienes a devolverme el dinero, ¿para quitarme también este mérito?

Por favor te pido: llévate de vuelta esos veinte mil dólares…

Nosotros, también necesitamos de la fuerza del precepto de Tzedaka. Cuando nosotros entregamos una caridad, el hombre pobre siente una gran satisfacción, y con ese dinero, a veces, puede sustentar a su esposa y a sus hijos. El mérito de este precepto se mantiene fuerte y sirve ahora para la persona que dio la caridad y para toda su descendencia.

Tantas veces buscamos excusas cuando tenemos una persona que necesita una ayuda. Tenemos innumerables respuestas para cada ocasión. Y esas respuestas a veces resultan ser tan ridículas, pero parece que podemos creer que tenemos razón, de tanto meter mentiras en nuestras cabezas. A veces queremos hacernos creer que la persona que necesita, en verdad no necesita nada, y otras veces, argumentamos que nosotros estamos libres de cumplir con el precepto, ya que nuestra necesidad es más grande que la del mismo necesitado. Así pensamos, lamentablemente, y así obramos muchas veces…

Y así dice el Midrash: le preguntaron los alumnos a rabi Akiva, ¿qué será de nosotros?

Les contestó rabi Akiva: fortalézcanse unos a otros, con amor, paz y justicia, así puede ser que haya esperanza.

¿Qué clase de respuesta es esa? ¿Así podrían fortalecerse? ¿Acaso esto es suficiente cuando la necesidad es tan grande? El Midrash trata de decirnos algo muy importante. Cuando buscamos salir de una situación desesperante, cuando necesitamos una esperanza para el futuro, arreglar nuestra posición, también en días en los que tenemos muchas dificultades, veamos, el camino está abierto…

Fortalecernos los unos a los otros, apoyar cada uno a su compañero, ayudarnos, animarnos, que el fuerte saque al más débil de su encierro, y así, tal vez, encontremos un pequeño hilo de luz que se deja ver, una esperanza…

           

Traducido del libro Barji Nafshi.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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